Vecino que redujo a un atracador
Lizhong Giang junto a su vecino y amigo Pablo Antonio, en la tienda donde ocurrió el atraco. Jorge París

"Si llego a saber que los medios de comunicación no me iban a dejar en paz..., le habría dado una paliza y me habría marchado", se lamentaba este miércoles Pablo Antonio Prieto, el vecino de Arganzuela que el pasado martes redujo al atracador del comercio chino que linda con su negocio en la calle Batalla del Salado. No paraba de atender el teléfono.

No soporto que se pegue a mujeres,
a niños o que se atraque a trabajadores

Este técnico de electrodomésticos, de 49 años, no sale de su extrañeza cuando se le pregunta por su noble acción: "¿Un héroe yo? ¡Qué va! Soy una persona normal, pero me revientan las injusticias. No soporto que se pegue a mujeres, a niños o que se atraque a trabajadores", sentencia.

Auxiliar al prójimo "es normal" en su país de acogida: la República Dominicana. "Allí todo el mundo presta su ayuda cuando alguien necesita auxilio. Lo extraño es lo de aquí, que nadie se implica", comenta indignado.

Y es que Pablo Antonio es español, pero se nacionalizó dominicano "por amor, ya sabes". Por eso, vive a caballo entre ambos países y ya prepara su próximo viaje, "que será para diciembre, cuando aquí comienza el frío".

Conocedor de las armas

Por ese motivo, su mujer y sus dos hijos (en su país) nada saben aún de su heroica acción. "No les va a sorprender, porque me conocen bien y conocen mi carácter". La que sí se desayunó con la noticia fue su madre: "Me ha llamado muy preocupada, pero le he dicho que estaba bien".

Y tanto, porque fue el dueño del establecimiento de alimentación el que se llevó la peor parte. Lizhong, que así se llama, "intentó defender lo suyo, como es normal, y por eso le apuñaló". Fue en ese momento cuando Pablo Antonio, que iba camino de la tienda para comprarse "una botella de agua", vio salir al atracador.

Decía que él no había sido, pero tenía el cuchillo ensangrentado

"Me lo encontré de frente y fue cuando lo intercepté", recuerda. "Sólo decía que él no había sido, pero tenía el cuchillo ensangrentado".

Él sabía bien lo mucho que se jugaba, pero no le importó. "Colecciono armas, tengo 18 cuchillos en casa y dos katanas. Sé el daño que pueden hacer", explica, y "el atracador llevaba un estilete de cortar jamón, una navaja que vi cómo entraba hasta el fondo en su cuerpo", dice en referencia al malherido Lizhong.

Pablo, que esperó a que llegara la Policía Municipal para hacerse cargo del ladrón, siguió con su vida con total normalidad. "Iba a entregar una nevera..., que es mi trabajo,  y continué con él", explica.


La víctima, fuera de peligro

Lizhong acabó en el Hospital 12 de Octubre por una puñalada que, afortunadamente, no afectó a ningún órgano vital. El comerciante, padre de familia, pudo abandonar el centro hospitalario horas después gracias a la rápida intervención de su amigo y vecino.