Manuel Vilas: "Quería encontrar la belleza en medio de la angustia"

  • Publica ‘Los besos’, una historia de amor, ambientada en la pandemia, entre un profesor y una mujer 15 años menor.
El escritor Manuel Vilas.
El escritor Manuel Vilas.
JORGE PARÍS

Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962) es un profundo melómano. Adora la música de J. S. Bach. Y se le nota. Todos los pentagramas que se superponen en una partitura de Bach son melodías que tienen sentido por sí mismas, podrían cantarse o tocarse por separado. En esta novela pasa lo mismo: la pasión de Salvador, la amargura de Montserrat (a quien él llama Altisidora), el Quijote, la pandemia, la política… Todas son historias que podrían contarse de una en una. Los besos (Planeta) es la superposición armónica de todas ellas.

"Es la primera vez que me dicen eso. Pero es la verdad, yo quería hacer algo con sentido musical, con líneas que se entrecruzaran", dice el escritor.

¿Qué es lo que en realidad quería contar? Quería encontrar la belleza en medio de la angustia. El amor de Salvador y Montserrat, sobre todo para él, es una aspiración al espíritu, a la belleza, al ideal y a la plenitud. Eso se construye en medio de una catástrofe como la pandemia. Es lo que le decía Bogart a Ingrid Bergman en Casablanca: "El mundo se está derrumbando y nosotros nos enamoramos".

Esa aspiración al ideal, ¿es la razón por la que el Quijote es otro de los puntales de la novela? Sí, así es. El Quijote nunca ha sido estudiado como una novela de amor, pero para Salvador es exactamente eso. A Salvador le arrebata la idea de que Montserrat sea una mujer enamorada y suprema, como Dulcinea, como la música de Bach.

Manuel vilas

  • Barbastro, 1962. Licenciado en Filología Hispánica. Empezó publicando poesía y es autor de seis poemarios. Es autor del libro de viajes América. Su novela 'Ordesa' (2018) fue traducida a más de 20 lenguas y obtuvo el Premio Femina en Francia. Con 'Alegría' (2019) fue finalista del Planeta.

Pero eso es peligroso. Sobre todo para él. Claro. Salvador no sabe amar porque idealiza, no ama las imperfecciones de ella. La ve como "Altisidora". Don Quijote tenía magos que lo protegían. Salvador dice que tiene que agradecerle al virus, al confinamiento, el haber conocido a Montserrat, que iba llevarle comida a casa durante el encierro. Es un amor bastante original.

Y al final, ¿qué es lo que importa? Ah, los besos. Los abrazos, tocarse, acariciarse, sentirse juntos y próximos. Eso es importantísimo.

¿Eso es lo que hemos aprendido con la pandemia? Espero que sí. Bueno, ¡yo sí! Salvador baja a la calle y ve a la gente, toda enmascarillada, y se pregunta '¿qué esperan todos?'. Pues esperan los besos. Hemos vivido meses viéndonos por la pantalla del ordenador y nos estábamos secando... Pero el amor se abre paso. Hace unos días conocí a una señora madura, más o menos de mi edad, que se enamoró de un caballero sexagenario… ¡por Skype! Estuvieron meses queriéndose virtualmente. Él se separó de su anterior pareja y ahora, por fin, ya han podido encontrarse y abrazarse y tocarse y besarse. Y su amor no era nada virtual, ¿eh? Pero les faltaban los besos. Sin los besos no se puede vivir.

Dice Salvador que sin amor la vida no se cumple. Eso piensa Salvador. Y yo también.

'Los besos', de Manuel Vilas.

'LOS BESOS'

  • Género: novela.
    Autor: Manuel Vilas.
    Editorial: Planeta.
    Páginas: 448.
    Precio: 20,90€.

¿Se ama igual a los 50 que a los 20? No, no, no. El amor es poner tu intimidad en manos de otro, dar todo lo que eres, y te pueden hacer daño. En la edad madura tenemos más miedo a darnos rienda suelta. Se va más despacio. A los veinte, pones tu corazón en manos de quien sea con mucha más naturalidad. Y claro, el sufrimiento es espantoso. Salvador sabe que hay un bien mayor: que ella, Montserrat, Altisidora, sea feliz. Eso tampoco lo piensas de chaval: lo que quieres es ser feliz tú.

Otro de los 'pentagramas' de la novela es la ira ante la actitud de los políticos durante la pandemia. Sí, así es. Salvador es muy severo en eso. Y no hace distinción entre políticos de unos partidos o de otros. Las cosas que dicen los políticos por la tele están al servicio del mantenimiento de su propio cargo. No al servicio del bien común. Lo que pasa es que, de manera completamente casual, a veces confluyen la carrera de los políticos y el bien común. Se cruzan las dos cosas. Y cuando se produce esa coincidencia, casi siempre por azar, se produce ese milagro que llamamos democracia. Pero eso es raro. Y cuando las dos cosas no convergen, el político sigue cimentando su carrera a través de los medios de comunicación. Eso es lo que nota Salvador.

Pero la tragedia común… A Salvador hay una cosa que le repugna, que es ver a los políticos que salen muy compungidos dando el pésame a las familias. Él piensa que es mentira, que los muertos no les importan. No pueden importarles porque al que está viendo la tele tampoco le importan.

Hombre… No le importan porque no son tu familia. Hay que hacer un ejercicio de empatía muy difícil para que te importen. Si fuesen de tu familia sería otra cosa.

¿Estamos hablando de la novela? Estamos hablando de la novela, claro.

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