Así fueron los últimos días del príncipe Felipe, duque de Edimburgo: no quería usar silla de ruedas ni volver al hospital

Felipe de Edimburgo, operado con éxito del corazón
Felipe de Edimburgo, en una de sus últimas apariciones públicas.
Europa Press

El príncipe Felipe, duque de Edimburgo, falleció este viernes en el castillo de Windsor tras dos meses de problemas de salud que le obligaron a pasar por el quirófano. El 16 de marzo salió del hospital y desde ese momento pasó sus últimos días junto a su mujer, la reina Isabel II. La prensa británica revela los detalles de esos últimos días.

El Daily Mail recoge que la vida en el castillo de Windsor se adaptó a las nuevas necesidades del convalenciente duque, que pasaba la mayor parte del día durmiendo, según este medio.

A pesar de todo, el estado del príncipe era mejor de lo que cabría esperar en un anciano de 99 años recién operado del corazón. Cuenta el Daily Mail que recientemente, se le cayeron al suelo sus gafas de lectura. Cuando un lacayo se apresuró a recogerlas, el príncipe le detuvo: "No importa, lo haré yo", y él mismo se agachó para cogerlas.

El duque ocupaba un dormitorio con vistas al jardín este del castillo de Windsor, junto a dos fotos: una de su esposa la reina y otra de su madre, la princesa Alicia, que nació en el mismo castillo de Windsor.

Si se encontraba lo suficientemente bien como para salir de la cama, el duque vestía con camisa, jersey, pantalón perfectamente planchado y zapatos limpios. Aunque contaba con un ayuda de cámara, hasta casi el último momento el príncipe se vistió solo.

No podía ni ver la silla de ruedas

Le costaba caminar, pero se ayudaba de un bastón, porque rechazaba de plano usar una silla de ruedas: "¡Sacad ese maldito trasto fuera de mi vista!", dijo cuando le llevaron una silla de ruedas a su habitación. Los días soleados se sentaba en una silla en el jardín, cubierto por una manta, donde solía quedarse dormido.

La principal preocupación del duque sus últimos días era no regresar al hospital, donde pasó 28 días entre febrero y marzo. Por ello, se dieron instrucciones para que se sintiera lo más cómodo posible en Windsor, y si eso significaba cambiar los horarios de las comidas, así se haría.

El duque estaba lo suficientemente bien como para seguir hablando por teléfono con familiares y amigos cercanos, porque a diferencia de la reina, Philip no era fanático de las llamadas de Zoom. Pero se sentía frustrado por el hecho de que la pandemia le impidiera recibir visitas.

A principios de esta semana todavía leía y escribía cartas, pero su deterioro fue avanzando en los últimos días hasta el punto de que en los últimos días se habían ensayado algunas acciones de cara al fallecimiento del duque.

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