Desalojo del Cañaveral
Ángel y su pareja, ante los restos de las infraviviendas del Cañaveral. ANTONIO NAVIA

Paseando entre las ruinas de lo que fue su casa, Ángel Fernández, chatarrero, recuerda con añoranza los días en los que veía a los niños salir a jugar al poblado. "Era un barrio como otro cualquiera. Había alegría, pero mucha miseria. Lo peor era el frío, la roña y los ratones. Una vez uno le metió un bocao a un chavalín que vivía en esa chabola de ahí", nos dice, mientras señala a un montón de escombros.

Cuando mis hijos crezcan los llevaré por aquí para que no olviden de dónde vienen

El barrio al que se refiere Ángel (que ahora tiene 28 años y dos hijas) fue conocido hasta hace poco como La Jungla de Vicálvaro. Era el poblado de El Cañaveral, considerado en su día como uno de los núcleos chabolistas más grandes de toda la comunidad. No en vano durante un tiempo llegó a tener más de 2.000 habitantes.

Este miércoles, las últimas 79 familias (entre ellas la de Ángel) de este asentamiento han abandonado el que había sido su lugar de residencia durante los últimos 21 años (El Cañaveral fue montado en 1988). Pero en sus caras no había tristeza, más bien al contrario.

Ahora viven realojados en pisos de protección: "Pagamos un alquiler de 30 euros al mes más el agua y la luz. Pero no lo cambio por nada. Mis hijas tampoco; dicen que no quieren volver al ver el poblado ni en pintura", explica Ángel.

La fase definitiva del desmantelamiento de este núcleo marginal forma parte de un convenio firmado por la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid para eliminar los últimos asentamientos de la capital: La Jungla (que ya es historia), Las Mimbreras, Santa Catalina y El Ventorro.

Más de 400 chabolas

En total, más de 400 infraviviendas. Sin embargo, el plan no contempla el asentamiento de la Cañada Real, una enorme barriada de construcciones ilegales situada entre Rivas y la capital con más 40.000 vecinos.

"La Cañada necesita una ley específica para atajar el problema. En ella hay desde chabolas hasta construcciones de ladrillos de varios pisos", explica a 20 minutos el director gerente del Iris (Instituto de Realojamiento e Integración Social de la Comunidad), Javier Ramírez.

El último día de La Jungla contó además con la presencia de antiguos vecinos, como Diego Silva (29 años), que nació aquí. También a él lo realojaron en un piso hace cuatro meses. A su lado, unos compadres algo más jóvenes que él ven fotos antiguas del barrio: "¡Mira!, aquí es donde vivía la abuela de la Lore", dice uno de ellos.

"Cuando mis hijos crezcan los llevaré por aquí para que no olviden de dónde vienen", afirma Diego.

Cinco poblados más en Madrid

El Ejecutivo regional y el Ayuntamiento de Madrid planean acabar con los últimos poblados chabolistas que quedan en la capital: Santa Catalina (171 familias), Las Mimbreras (121) y El Ventorro (89). Hay, además, otros dos asentamientos que añadir: el del río Guadarrama, en Móstoles (unas 800 personas) sobre el cual la Comunidad también piensa actuar, y la Cañada Real (unos 40.000 habitantes).

En este último caso, el Gobierno de Esperanza Aguirre prepara un proyecto de ley en el que también participan los ayuntamientos de Madrid (PP) y de Rivas (IU) para acabar con los problemas de delincuencia y marginalidad del sitio y poder "regularizar" su situación.