La familia de Cristina, La Veneno, insiste en la teoría de la conspiración tras el último varapalo

Cristina Ortiz, la Veneno, en una entrevista en 2016.
Cristina Ortiz, la Veneno, en una entrevista en 2016.
FIDEL LORITE

La fiscalía provincial de Madrid ha decidido oponerse a la petición de reapertura del caso sobre la muerte de Cristina Ortiz, La Veneno, al considerar que todos los indicios a los que apuntaba el criminólogo Óscar Tarruella ya se habían considerado con anterioridad. 

Una resolución que pone en jaque a la familia de la artista, que lleva luchando por demostrar que la muerte no fue accidental ni se debió a una ingesta masiva de estupefacientes. Insisten en que alguien mató deliberadamente a Cristina, quien intentó zafarse de su agresor dejando rastro de la piel en sus uñas.

Las fotografías de su cuerpo repleto de lesiones son evidencias que no han servido para reabrir una investigación que, en su día -a petición de Maripepa Ortiz, hermana de la fallecida- ya inició el forense Luis Frontela (responsable de los informes del caso Alcàsser) y que arrojaron conclusiones semejantes a las sostenidas actualmente por Tarruella. 

Convencida de la muerte violenta, Maripepa quiso demostrar, con la ayuda del experto, que los últimos meses de la vida de La Veneno fueron realmente lamentables con documentación audiovisual en la que su hermana se dejaba ver bajo el aparente efecto de sustancias estupefacientes.

Aunque todas las miradas apuntaban hacia Ali, el joven con el que alternaba pero con el que no convivía, Maripepa cree que su figura no es más que una cortina de humo: "Él es un teleñeco al que en su día usaron porque vendía", dijo en conversación con este periódico. Y es que es ella la que destapó la Caja de Pandora al señalar a la persona que podría haber terminado con la vida de su hermana, algo que ahora ha continuado su madre, con la que no tiene relación.

Un grito de auxilio clave

En la documentación a la que ha tenido acceso 20Minutos se recoge, entre otras, la llamada telefónica que Cristina realizó al 091 el 5 de noviembre de 2016 a las 02:49 de la madrugada pidiendo ayuda al ser víctima de una presunta agresión por parte de "su expareja" tal y como reza en el informe policial. 

Personados los agentes en el domicilio, Cristina negó haberse comunicado con ellos y decidió no ratificar la denuncia. Solo unas horas después, el Samur acudió a su domicilio de la calle Tablada de Madrid para certificar que se encontraba "inconsciente y con una herida frontal izquierda". No sobrevivió. ¿Quién o quiénes subieron entonces a la vivienda y con qué fin?

¿Por qué todas las miradas se posaron en Ali y no en Sergio, el albañil rumano con el que Cristina había compartido años de fatídica convivencia y que realmente encajaba en el perfil de "expareja"? Ni siquiera Valeria Vegas, la periodista que escribió el libro sobre la vida de La Veneno, se refirió a él en sus apariciones públicas. Parece una pieza olvidada en una partida de ajedrez con demasiados peones, algo que inquieta a parte de la familia de Cristina.

Maripepa no va a parar. Seguirá luchando para que alguien dé credibilidad a las conclusiones a las que ha llegado tras cuatro años de búsqueda. Sabe que juega en terreno hostil, pero está dispuesta a tirar de la manta. Tiene nombres y apellidos y los repite como un mantra, pero sin pruebas.

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