Por qué se demora tanto el traspaso de poder en EE UU: una historia de viajes a caballo, la Gran Depresión y 'patos cojos'

Traspaso de poderes entre Herbert Hoover (izda.) y F. D. Roosevelt (dcha.) en 1933.
Traspaso de poderes entre los presidentes H. Hoover (izda.) y F. D. Roosevelt (dcha.) en 1933.
FDR LIBRARY

La vieja democracia estadounidense, moldeada por más de 200 años de tradición y 45 presidencias, conserva aún hoy día mecanismos centenarios que han resistido el paso del tiempo. Uno de los más arraigados es el largo periodo de transición que se produce entre las elecciones presidenciales y la investidura como presidente del candidato elegido.

Los 78 días que separan a las elecciones de noviembre de 2020 de la ceremonia en la que finalmente Joe Biden será proclamado presidente son un periodo anormalmente largo si se compara con la rapidez con la que se traspasa el poder ejecutivo en las democracias modernas.

El origen de esta peculiaridad se remonta a finales del siglo XVIII, la infancia de la democracia estadounidense. En aquellos tiempos, los estados podían celebraban las elecciones en cualquiera de los 34 días anteriores al primer miércoles de diciembre, por una razón bastante lógica para la época: eran unas fechas en las que las cosechas ya habían sido recogidas y las duras condiciones ambientales del invierno todavía no habían llegado. En una sociedad en la que la gran mayoría de candidatos y electores se dedicaban de una manera u otra a la agricultura la cuestión no era baladí.

Más adelante, en 1845 el Congreso decidió unificar la fecha y desde entonces las elecciones estadounidenses se celebran siempre el martes siguiente al primer lunes de noviembre. Como la legislatura fundacional había comenzado un 4 de marzo de 1789 se mantuvo esta fecha del calendario como fecha para investir presidente, lo que dejaba un periodo de 4 meses de transición entre administraciones.

En los primeros años de la unión este largo periodo tenía un sentido. En un mundo en el que todavía no había ferrocarril ni existía el telégrafo a los candidatos les podía tomar días algo tan sencillo hoy en día como enterarse de que habían sido elegidos. Luego debían trasladarse a la capital con las complicaciones logísticas que conllevaba una movilidad basada todavía en la fuerza de los caballos y muy vulnerable a la meteorología adversa o a las condiciones ambientales. Y, cómo no, también tenían que formar gobierno.

Con la revolución en las comunicaciones que supusieron avances como el ferrocarril o el telégrafo a mediados del siglo XIX estos cuatro meses de incertidumbre en el poder cada vez tenían menos sentido y ciertos acontecimientos fueron poniendo de relieve los peligros que implicaba un periodo de transición tan largo.

La debilidad del 'pato cojo'

El tiempo en que transcurre entre que un presidente es elegido y toma posesión de su cargo se conoce en el argot político anglosajón como lame-duck period, un término que literalmente podría traducirse libremente como "período del pato cojo" o "el pato que no puede volar". El término se utiliza para referirse al presidente saliente que ha perdido las elecciones, pero que todavía ostenta el cargo, pese a que sabe que los votantes ya se han decantado por otro candidato.

Cuando las transiciones son pacíficas y consensuadas los meses de impasse pasan sin mayor gloria. Pero cuando el presidente saliente se niega a conceder la victoria a su adversario o el periodo coincide con tiempos convulsos aparecen los problemas. 

Esto es lo que ocurrió tras la victoria de Abraham Lincoln en las elecciones de 1860. Aprovechando el momento de debilidad institucional tras la elección de Lincoln, Carolina del Sur se separó de la Unión y antes de que este tuviera tiempo de asumir el cargo se le unieron otros seis estados, sembrando la semilla de la Guerra de Secesión.

Investidura de Abraham Lincoln en 1861 en un Capitolio todavía sin cúpula.
Investidura de Abraham Lincoln en 1861 en un Capitolio todavía sin cúpula.
BIBLIOTECA DEL CONGRESO EE UU

Roosevelt y la 20ª enmienda

Pero si en un momento de la historia de Estados Unidos quedó patente el problema que suponía un periodo de transición tan largo como cuatro meses fue tras la elección de Franklin Delano Roosevelt como presidente en noviembre de 1933. El país se hallaba sumido en plena Gran Depresión y el presidente saliente Herbert Hoover, había sido incapaz de reanimar una economía en caída libre, mientras que Roosevelt había ganado por una amplia mayoría las elecciones con la promesa de un ambicioso programa de reformas bautizado con el nombre de New Deal.

El país se hallaba en una gravísima crisis y el impasse político entre dos presidentes -uno saliente y el otro electo- que no se entendían y apostaban por recetas diferentes puso de nuevo de manifiesto los problemas de un periodo de transición demasiado largo. En 1933, un Roosevelt ya en el cargo impulsó la 20ª enmienda de la constitución (apodada como la lame-duck amendment) y adelantó la fecha de la investidura al 20 de enero, reduciendo el periodo de transición a dos meses y medio.

Traspaso de poderes entre los presidentes H. Hoover (izda.) y F. D. Roosevelt (dcha.) en 1933.
Traspaso de poderes entre los presidentes H. Hoover (izda.) y F. D. Roosevelt (dcha.) en 1933.
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Los problemas de tener un 'pato cojo' en la Casa Blanca

Actualmente la principal razón para mantener un periodo de transición tan largo tiene mucho que ver con el tamaño monstruoso de la administración estadounidense. Según un informe publicado por el Servicio de Investigación del Congreso (CRS por sus siglas en inglés) en 2017, un presidente electo debe realizar más de 4.000 nombramientos y gestionar un presupuesto cercano a los 4 billones de dólares y a un cuerpo de más de 2 millones de funcionarios públicos.

Sin embargo, los principales puntos conflictivos siguen siendo los mismos. Entre ellos el CRS destaca la transferencia de cargos políticos nombrados por el presidente saliente hacia el funcionariado, el incremento en los indultos y la publicación de normativa de última hora, prácticas, todas ellas, en las que ha incurrido con alevosía Donald Trump.

Ceremonia de proclamación de George Bush como presidente en 2001. A la izda., el presidente saliente, Bill Clinton.
Ceremonia de proclamación de George Bush como presidente en 2001. A la izda., el presidente saliente, Bill Clinton.
DAVID SCULL / WHITE HOUSE
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