Daniela Edburg
Una obra de Daniela Edburg: 'Littlegirl, 2008 impresión'. Galería Adhoc.

Al vender El becerro de oro, Damien Hirst, el artista vivo más cotizado de la historia, batió en septiembre su propio récord. Por su ternero conservado en formol dentro de un gran tanque de cristal se pagaron en una subasta celebrada en Londres más de 12 millones de euros.

Cinco meses después y a 1.723 kilómetros, en Madrid, galeristas, coleccionistas y profesionales de todo el mundo se dan cita en la XXVIII Feria Internacional de Arte Contemporáneo ARCO. En ella, los expertos se reúnen en un foro que comienza con la pregunta "¿qué confiere valor al arte?".

Hirst es un producto como puede ser David Bisbal, lo cual no quiere decir que no tenga obras buenas"

"Es subjetivo, no hay matemática", opina Félix Curto, cuya obra se expone en el stand de La Fábrica Galería. "Todos podemos pensar por qué vale 12 millones de euros una pieza de Damien Hirst y otra no. En la historia se han muerto de asco muchos artistas que después han sido reconocidos como grandes maestros".

Más optimista se muestra Jaime de la Jara, cuyo trabajo se exhibe en el área de la Galería Fúcares. Confía en la proporción entre la repercusión de una obra y su importancia "visual y conceptual", su innovación y "lo que transmita".

ArcoCon todo, matiza que en el caso de artistas como Hirst y, en España, Miquel Barceló, "hay un montaje mediático porque se pretende que se coticen más". Curto, por su parte, asegura que Hirst es un producto, "como puede ser David Bisbal, lo cual no quiere decir que no tenga obras buenas".

¿Y por qué al gran público le cuesta entender que un lienzo con un trazo de color, en sazón un ternero en formol, se considere obra de arte? "El arte contemporáneo es más sencillo de lo que parece", explica De la Jara, "nadie duda ahora de que el Guernica de Picasso está muy bien; pues hay que mirar con los mismos ojos a todo". Está convencido de que el arte contemporáneo "le puede llegar a cualquiera".

El arte debe llegar a todo el mundo, pero no todo el mundo va a captar su esencia"

Curto discrepa: "El arte debe llegar a todo el mundo, pero no todo el mundo va a captar su esencia". Cree que, de la misma forma que "una persona ve un perro sufriendo en la calle y sufre, y otra le da una patada", es imposible "agradar a todo el mundo" con el arte.

Trae a colación el modo en que Miguel Ángel estimulaba a sus alumnos, haciéndoles mirar las nubes y las manchas de las paredes. "Es fundamental estar receptivo, pero también la educación. En Alemania, hace ya 15 años, era fácil ver a los abuelos con niños muy chiquititos viendo arte contemporáneo, con seriedad, no de chiste", recuerda.

En eso sí coincide con su colega De la Jara: "La sociedad de este país tiene una gran distancia con el arte contemporáneo, algo que no sucede en otros países europeos. Es un problema de pánico, de miedo a la incomprensión, a entrar en un sitio vacío con arte contemporáneo".

Un ARCO para 238

Hasta 238 galerías mostrarán las creaciones de sus mejores artistas desde hoy y hasta el domingo en ARCO, que abrirá sus puertas al público general durante el fin de semana. El certamen, que el año pasado visitaron unas 190.000 personas, tiene en su vigésima octava edición a la India como país invitado de honor. Los expositores, provenientes de una treintena de países, son conscientes de que probablemente las ventas no alcanzarán las cifras de años anteriores. Confían, con todo, en obtener buenos resultados.