Francisco Franco
Retrato de Francisco Franco. ARCHIVO

El primer recuerdo que guarda de su infancia Carmen Franco es el de su padre conduciendo el coche familiar mientras canta despreocupadamente una zarzuela a dúo con su esposa, Carmen Polo. Es el año 1930 y Francisco Franco era "locuaz, abierto y bromista".

La Guerra Civil, sin embargo, lo transformó según su hija en un personaje "más introspectivo, incluso aburrido", explica Javier Palacios, coautor junto con el historiador Stanley G. Payne del libro
Franco, mi padre que elabora un retrato del Caudillo a partir de las entrevistas realizadas a su hija.

Franco mi padreSe trata de la primera vez que un miembro de la familia Franco rompe su silencio sobre la figura del dictador. Para Payne, esta decisión de Camen podría deberse a "una cuestión de edad". Acaba de cumplir 82 años y "ni su padre ni su viuda dejaron memorias escritas".

A través de 791 páginas, Carmen dibuja un perfil de su progenitor desde la cercanía y desde una perspectiva "razonablemente favorable". Entre sus grandes logros enumera el "elevar el nivel de vida, la seguridad social y el preocuparse mucho de la gente para poder crear una clase media".

Un personaje contradictorio

También destaca de él su amor por la disciplina y la puntualidad ("era militar por encima de todo") y otros datos curiosos que descubren las grandes contradicciones del hombre que dirigió España durante casi cuatro décadas con mano férrea.

Como, por ejemplo, que durante su juventud criticó a los militares que se metían en Política, y que una vez finalizada la Guerra Civil admitió que si hubiera conocido el coste humano que ésta tendría nunca se hubiera embarcado en ella.

Ser una dictadura no le molestaba, en aquel momento no estaban demonizadas

También que era "muy, muy monárquico" y que respetaba profundamente el Islam.

La obra profundiza también en sus amistades y enemistades. Con el Opus Dei mantenía una buena relación ("recibió varias veces a don Josemaría Escrivá de Balaguer"); al líder republicano Azaña le consideraba "inteligente pero sectario"; sentía simpatía por Alcalá-Zamora, por el general Mola y, sobre todo, por Primo de Rivera. "Y los africanistas. Para él eran lo mejor, porque eran los que ma'había tratado y a los que conocia. Eran sus compañeros".

Sobre el hecho de dirigir un régimen dictatorial, Carmen opina que "lo asumía y no le molestaba", ya que en aquel momento "las dictaduras no estaban demonizadas" como ahora y estaban implantadas en numerosos países de Europa y Sudamérica. "En su época, la dictadura de Primo de Rivera le parecía buena", explica.

¿Y sobre la represión? De ese tema, aclara Carmen, "en casa no se hablaba".