Familias que luchan por huir de la exclusión social: "Que nos dieran una casa fue un cambio de vida, otro comienzo"

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el consejero de Vivienda, David Pérez, con Loubna, Fanny y miembros y voluntarios de Cáritas Diocesana en Madrid.
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el consejero de Vivienda, David Pérez, con Loubna, Fanny y miembros y voluntarios de Cáritas Diocesana en Madrid.
Comunidad de Madrid

Loubna, de 35 años, reside en Madrid desde que tenía tres. "Soy gata", afirma entre risas. Desde hace ocho años, vive junto a su marido y sus tres hijos menores, todos con discapacidad reconocida, en un piso asociado al convenio de Cáritas y la Comunidad de Madrid por el que pagan 53 euros de alquiler al mes.

Antes de 2012, su familia era como cualquier otra de la región: ella y su marido trabajaban, cuidaban de sus vástagos y vivían de alquiler. Sin embargo, hace algunos años que ella tuvo que dejar de trabajar para atender a uno de los niños y con el sueldo de su marido, que está en paro desde el año pasado, no llegaban.

"No ganamos 750 euros para pagar una vivienda y mantener una familia con tres hijos pequeños, que más quisiéramos. Ojalá algún día no tengamos que depender de recibir ayuda, pero ahora la necesitamos", aseguró Loubna este martes. Fue una de las asistentes a la renovación del convenio en la Real Casa de Correos y tras el acto no tuvo reparos en compartir su testimonio vital.

Tampoco los tuvo Fanny, quien también recibe ayuda de Cáritas desde hace años. Llegó sola a España en 1999, después de que su madre le recomendara emigrar desde su Colombia natal por la escalada de violencia protagonizada por la guerrilla. "Trabajaba en una escuela rural y un día sufrimos un atentado.Nos amordazaron, tirotearon y los niños pequeños salieron corriendo por la selva", rememoró la mujer.

La mujer explicó que cuando llegó a España no le faltaba el trabajo, aunque tuvo que buscarlo "puerta por puerta y con mucho esfuerzo". A los pocos años de residir en España, se quedó embarazada y llegó su hija Silvia Ainhoa, a la que siempre ha sacado adelante ella sola. "Tenerla fue una bendición de dios pero lo complicó todo un poco más: más gastos, atenciones médicas...", enumeró.

Durante un tiempo, una allegada les acogió en su casa, pero después no les quedó más remedio que recurrir a Cáritas. "Que nos dieran una casa fue un cambio de vida, otro comienzo", asevera Fanny.

De la entidad no solo recibieron alquiler social, también obtuvieron cursos de formación: la madre, de auxiliar de geriatría, y Silvia Ainhoa, que ahora tiene 16 años, de monitora de tiempo libre.

Tras finalizar sus estudios, Fanny ya tiene trabajo en una residencia y, posiblemente, su situación de exclusión será un mal sueño muy pronto. Mientras, su hija ya es una convencida de la solidaridad: se ha hecho voluntaria en Cáritas y pasa parte de su tiempo libre ayudando a niños en exclusión.

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