El obispo de Sigüenza-Guadalajara, José Sánchez
El obispo de Sigüenza-Guadalajara, José Sánchez. (ARCHIVO). ARCHIVO

El obispo de Sigüenza-Guadalajara, José Sánchez, advierte en una carta pastoral del peligro de que las fiestas populares que se celebran durante el mes de agosto en España pierdan su sentido religioso y se imponga el carácter lúdico.

La mayoría de las fiestas que celebramos en nuestro ámbito cultural e histórico tienen origen cristiano

En una pastoral difundida este lunes titulada 'La fiesta', que será leída en su diócesis el próximo domingo 17 de agosto, Sánchez dice que algunas de estas fiestas populares "coinciden" con las religiosas propias de este mes y otras "en razón de los que retornan a los pueblos, de los visitantes o de los turistas".

Sánchez dice que en algunos pueblos se celebra la fiesta del Santo Cristo o de la Inmaculada, por ejemplo, y en otros se han inventado "las fiestas de agosto", aunque no hubiera tradición, "porque hay que celebrar una fiesta aprovechando que los pueblos están llenos".

El obispo dice que en todas las religiones, la fiesta es algo "esencial" porque, como en el caso de la cristiana, se celebran "los acontecimientos más importantes de la vida de los creyentes y de las comunidades".

"Es compatible"

Así, Sánchez afirma: "La mayoría de las fiestas que celebramos en nuestro ámbito cultural e histórico tienen origen cristiano, independientemente de que algunas fueran colocadas coincidiendo con fiestas paganas o ancestrales para contrarrestar el influjo de religiones superadas o de supersticiones". "Buena parte de las fiestas que se celebran en nuestra diócesis -prosigue- se mantienen como fiestas religiosas, aunque es natural que a la celebración religiosa se incorporen la celebración familiar, o elementos lúdicos, artísticos, culturales, de entretenimiento y del folclore".

Sin embargo, Sánchez afirma que "todo es compatible dentro de un orden" y advierte a renglón seguido del "peligro o riesgo que corren las fiestas religiosas en determinados ambientes", en el sentido de que puedan "perder su origen y la memoria de lo que siempre fueron, fiestas religiosas, y que elementos culturales, folclóricos, turísticos, económicos o de diversión se impongan sobre el sentido religioso y éste termine prácticamente desapareciendo".