Croquetas, diversidad y emociones en el libro 'Los sabores perdidos'

  • La periodista y escritora Raquel Martos escribe esta novela, que completan las recetas de Gabriela Tassile. 
  • La historia gira en torno a un curso de cocina emocional al que acude una gran disparidad de alumnos. ​
Raquel Martos y Gabriela Tassile, escritoras de ‘Los sabores perdidos’, junto a un tajín, en la librería A Punto.
Raquel Martos y Gabriela Tassile, escritoras de ‘Los sabores perdidos’, en la librería A Punto.
ELENA BUENAVISTA

"¿Cuál es el sabor de los recuerdos?", reza la contraportada de Los sabores perdidos (Ediciones B), la nueva novela de la periodista Raquel Martos y la chef Gabriela Tassile, responsable de cáterin de los programas El hormiguero y Late Motiv. La historia gira en torno a un taller de cocina emocional al que acuden personas de todo tipo, una diversidad que no es casual.

"Me parecía importante que hubiera un personaje que vive a caballo de su historia pasada en Marruecos con su historia presente en España", confiesa Martos a 20minutos. La propia Tassile también vivió ese proceso al venir desde Argentina. "Pero no todo el mundo se encuentra con la misma acogida, pues no es igual venir de Marruecos que de un país como Argentina", añade la periodista.

El libro también muestra perfiles distintos en cuanto a edad y a clase social. "Quería reflejar que no somos tan diferentes, que todos tenemos vínculos familiares, una abuela y recuerdos de la infancia. La diferencia enriquece y el mundo y la vida están llenos de personas distintas que le dan color, como el tajín y todas sus especias", explica Martos.

El tajín es el plato que los alumnos del curso intentan recrear en el capítulo de Amina, el personaje de origen marroquí. Sin embargo, hay otras recetas que Tassile consideraba imprescindibles en el libro, como la tarta de chocolate. "Siempre me acompaña en mis cáterin. Es una portadora de felicidad, está en todas las celebraciones y tiene una carga potente de aromas y de pasión", asegura.

Tras una pausa, Tassile añade un último plato que, curiosamente, es el primero del libro: croquetas de trufa y jerez. "España es croqueta. Es un sabor muy versátil, puedes hacer una versión horrorosa o una excelsa", comenta.

"Estamos pidiendo a los seguidores de las redes sociales que nos hablen de cuáles son sus sabores 'perdidos' particulares y las croquetas están ganando por goleada, porque son sabores que están en la calle, en los bares y en los restaurantes de lujo, pero también en las casas", recuerda.

"Hay que cerrar los ojos para ser conscientes de lo que comemos. A veces se acaba el plato y no te das cuenta"

Ambas entrevistadas coinciden en destacar el feedback que reciben desde el estreno del libro por parte de los lectores, que intentan hacer las recetas que cocinan los personajes del libro y comparten el resultado con ellas. Martos les da un consejo: "Cerrar los ojos para ser conscientes de lo que comemos. A veces se acaba el plato y no te das cuenta ni de que te lo has comido". Considera que es algo a aplicar a la vida en general. "La vamos engullendo y, de repente, un día decimos: ‘¡Uy! ¡Qué de tiempo ha pasado!’", exclama.

Sobre el origen del libro, la también guionista explica que Tassile iba a hacer un recetario y quería que ella participara "tratando el tema de las emociones". Una vez sumergidas en el proceso de la creación, encontraron la metáfora de los sabores perdidos como hilo del que tirar para vertebrar el relato.

En él es esencial la identificación de los lectores con los personajes y con sus historias, que tratan temas como "la pérdida, los cambios que vamos experimentando en nuestras vidas, todo aquello que dejamos atrás y cómo a veces tenemos que recurrir a un sabor perdido, a una vieja fotografía, a un olor o a una imagen para reconectar con lo que somos, algo que se nos olvida en esta vorágine de urgencia", reflexiona Martos.

Ambas coinciden en dar una valoración positiva a escribir un libro entre dos personas. "Tener compañía en algo como crear un universo diferente es bastante complicado, pues es imprescindible conectar con el espíritu de la otra persona y es algo que, de no ocurrir, puede dinamitar el proyecto", dice Martos.

En el caso de Los sabores perdidos, esto ha sido fácil: "Es como si dos músicos se ponen a tocar y, casi sin decir nada, van siguiendo la misma melodía. Tenía que ser así".

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