La llegada del verano nos pone al alcance de otro tipo de enemigos aparte de las insolaciones, las quemaduras, los resbaladizos bordillos de las piscinas o los mosquitos: los gérmenes de la comida, que ponen a prueba la resistencia de nuestros estómagos. El calor propicia la multiplicación de microorganismos, y algunos alimentos tardan poco en pasar a un mal estado. En especial, los huevos.

Sólo en Bilbao, el año pasado aparecieron ocho brotes de intoxicación en otros tantos bares debido a huevos en mal estado, que llegaron a afectar a 26 personas. Pero el mayor peligro no está en las barras repletas de pintxos calentándose al aire, sino en nuestra propia casa. Cosas tan sencillas como utilizar el mismo plato en el que se baten los huevos para comer la tortilla o no asegurarse de que el huevo ha cuajado bien, nos pueden acarrear una dura jornada de vómitos, diarrea o fiebre.

Cada año, unos 5.000 vascos se intoxican a causa de la comida
En Euskadi, el 8% de los huevos que se venden están contaminados por alguna bacteria, por lo que es conveniente andar con ojo a la hora de prepararlos. Sobre todo, para evitar que la intoxicación alcance a personas con defensas bajas, niños o mayores, para quienes los efectos pueden ser muy perjudiciales.

Cada año, unos 5.000 vascos se intoxican a causa de la comida. Por eso, el Ayuntamiento de Bilbao ofreció ayer una serie de pautas y consejos, como evitar dejar los alimentos a temperatura ambiente o limpiarse las manos frecuentemente.

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