Una mujer de El Ronquillo recoge las flores que han dejado en su ventana.
Una mujer de El Ronquillo recoge las flores que han dejado en su ventana. P. C.

Las vecinas del pueblo de El Ronquillo, a 35 kilómetros de Sevilla, no deshojan en este siglo margaritas para saber si las quieren o no. Tan sólo tienen que esperar a La Noche de La Enramá (la víspera de San Juan) y, al amanecer, asomarse el 24 de junio a la ventana o al umbral de su casa.

Allí, novios, amantes y maridos, les dejan mensajes de amor o desamor, a través del lenguaje de las plantas, bien conocido por todos los habitantes de este municipio desde hace muchos años.

El lenguaje de las plantas es bien conocido por todos los habitantes de este municipio desde hace muchos años

Según manda la tradición, esa noche las chicas se acuestan temprano y los muchachos (jóvenes y mayores) se reúnen en la plaza del pueblo para luego, salir al campo a coger flores. Cada uno debe hacer un ramillete de sentimientos, eso sí, con cuidado porque cada planta elegida rima con un significado.

«Mi marido me ha puesto retama que significa vente conmigo a la cama; romero (lo que yo más quiero); olivo (nunca te olvido) y mastranto (te quiero tanto)», dice Purificación Ceballos, técnico de cultura del Ayuntamiento, quien aclara que si una mocita tiene más de un pretendiente recibirá varios mensajes.

La flor más buscada es la rosa para «la más hermosa» y la más desagradable, la encina «por guarra y cochina», dice riéndose, Purificación. Hay muchas más. Si recibe una yedra, ya sabe, tiene corazón de piedra; un pino, un cuerpo divino; una jara, ole tu cara y un laurel, no volveré. ¿Qué recibiría usted?

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