Chicote trata de salvar un kebab, un 'food truck' y un buffet libre en lo nuevo de 'Pesadilla en la cocina'

  • En la séptima temporada Chicote se enfrenta a modelos de negocio que nunca había tratado de reflotar.
Alberto Chicote, en la séptima temporada de 'Pesadilla en la Cocina'.
Alberto Chicote, en la séptima temporada de 'Pesadilla en la Cocina'.
ROBERTO GARVER

El cocinero Alberto Chicote regresa el jueves 3 de octubre con una nueva temporada de Pesadilla en la cocina, que arranca el curso viajando a Jerez de la Frontera para intentar reflotar, por primera vez, un mosto, es decir, una de esas ventas de campo que ofrece vinos y gastronomía de la tierra.

Una nueva edición en la que Alberto Chicote tendrá que armarse de valor para medirse con dueños y empleados de dudosa profesionalidad, situaciones al límite y momentos que combinan la máxima tensión con la absoluta hilaridad.

En esta séptima temporada el chef tendrá que tirar de estoicismo, entereza y determinación para ayudar algunos restaurantes, según el avance de la cadena.

El caos y el descontrol se apoderan de la temporada, en un reto doble para Alberto Chicote: lidiar con las terribles personalidades que trabajan sin orden ni concierto en los restaurantes que visita y abrir los ojos a unos dueños y empleados completamente desubicados. A esto se le suman las habituales cocinas grasientas, los tuppers con comida enmohecida, los botes de conservas caducados y las prácticas culinarias más extremas.

Cádiz, Badajoz, Valladolid, Madrid, Valencia o Barcelona serán las ciudades que visite Pesadilla en la cocina, que llega con novedades.

Alberto Chicote acude por primera vez a la llamada de un restaurante kebab, un negocio familiar que está provocando una dolorosa ruptura entre sus miembros ya que no todos tienen el mismo punto de vista sobre cómo llevar el negocio.

También visitará el primer food truck de la historia del programa, un negocio arriesgado cuyo dueño no tiene nociones de hostelería.

También será novedosa su aventura en el primer buffet libre que intentará salvar el chef. Un self service en el que no hay rastro de productos frescos y para cuya misión Alberto Chicote contará con la ayuda del polifacético Pablo Carbonell.

Además, el chef también se adentrará en su primer "mosto", esto es, una venta de campo que ofrece vinos y gastronomía de la tierra. Un local cuyo dueño está más pendiente de cantar, bailar y beber con amigos y clientes que de dedicarse en cuerpo y alma a su propio negocio.

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