Orines de perros en aceras de València
Estado de una farola y una acera totalmente cubiertas por orines caninos en València. 20MINUTOS.ES

Farolas, semáforos, árboles, fachadas de comercios y viviendas, aceras, coches aparcados... Cualquier elemento urbano se ha convertido en potencial ubicación para que un perro orine. El problema se multiplica cuando poco después lo hace otro y otro, y así todos los días. En el mismo sitio, unos metros más adelante o más atrás, como una lluvia fina, pero no precisamente de agua.

Este fenómeno, fruto de un comportamiento humano (la permisividad de muchos dueños), se ha incrementado en los últimos años y se ha extendido por todos los barrios de València, donde las quejas van en aumento en paralelo al incremento del censo canino.

De hecho, el número de perros registrado en la ciudad se ha disparado un 36% en los últimos tres años y medio. Si a fecha de 31 de diciembre de 2015 eran 70.728 los canes censados en la ciudad, la cifra actual ha escalado hasta 96.197, según los datos del Registro Informático Valenciano de Identificación Animal (RIVIA), que gestiona el Consejo Valenciano de Colegios de Veterinarios. El ritmo de crecimiento anual en el registro oficial obligatorio es de 7.000 animales desde hace tres ejercicios.

Entidades vecinales y el Ayuntamiento ponen el foco en la concienciación para que, tal y como ha sucedido en la última década con la recogida de excrementos, los propietarios se conciencien sobre la necesidad de no permitir a sus animales miccionar en cualquier esquina o, en caso de hacerlo, paliar sus efectos limpiándolo.

La problemática se deja sentir más con la llegada del calor, ya que la concentración de orines produce más olores con las altas temperaturas. Daniel Herrero, vocal de Medio Ambiente y Limpieza de la Federación de Asociaciones de Vecinos, considera que es "un problema gordo y un tema perenne; siempre sale en las asambleas y se quejan todos los barrios", explica. "Hay que pedir más concienciación a los propietarios de los animales, sucedía lo mismo con la recogida de las cacas y se ha mejorado mucho en los últimos años", añade.

En distintas reuniones mantenidas con la Concejalía de Residuos Sólidos, las entidades vecinales han trasladado la problemática creciente de los excrementos caninos. Aun reconociendo que es un asunto de difícil solución, insisten en la necesidad de lanzar más campañas de concienciación y en ejercer mayor presión policial, con agentes de paisano si fuera necesario. Incluso, en el caso de la zona de Morvedre-Zaidía, se quejaron de que los orines de los perros han deteriorado farolas debido al efecto corrosivo del líquido.

En este sentido, la solución no pasa únicamente por denunciar los malos comportamientos, sino también por ofrecer alternativas. La anterior responsable de Medio Ambiente del Consistorio, Pilar Soriano, llegó a apuntar la idea de llevar una botella de agua para diluir los orines.

Otra posible solución, todavía en fase de expansión, es la implantación de zonas de socialización de perros en los parques y jardines de la ciudad. Esta iniciativa, que consiste en el vallado de recintos para soltar a los perros, puede reducir la presencia de deposiciones en las calles si sus dueños se preocupan de que las hagan allí. De hecho, están equipados con papeleras con bolsas para recoger y tirar las heces.

En los últimos cuatro años, el Gobierno municipal ha creado 18 zonas nuevas y ha reformado otras 11. La intención es seguir apostando por estos espacios separados que no interfieren en la utilización de las zonas verdes por el conjunto de usuarios y ofrecen infraestructuras a las familias con perros más allá del pipicán. El alcalde de València, Joan Ribó, anunció durante la pasada campaña electoral la creación de zonas de socialización de perros en cada barrio.

Mientras tanto, los propietarios de comercios y plantas bajas idean sus propias soluciones, como colocar botellas de agua o productos químicos en las esquinas para evitar las micciones de los perros, e incluso carteles apelando al civismo de los dueños. Desde la Federación de Vecinos piden intensificar las campañas municipales de concienciación sobre la limpieza del espacio público.

Entidades ciudadanas y Ayuntamiento coinciden en que no se trata únicamente de un problema de más o menos limpieza. "Se han aumentado los medios, pero no es más limpio el que más limpia, sino el que menos ensucia", afirma Herrero. Una frase que también ha pronunciado el alcalde de València cada vez que se le ha preguntado por la limpieza urbana.

Ambigüedad de la normativa

En cuanto a las posibles sanciones, las actuales ordenanzas no recogen de forma explícita la forma de proceder respecto a las micciones de los perros. Aunque el sentido común dicta que los animales no deberían poder orinar sobre aceras, coches, farolas o fachadas, lo cierto es que la mayoría de propietarios les permiten hacerlo, aunque también hay quien los introduce en alcorques de árboles o los lleva a descampados.

Las disposiciones que recogía la Ordenanza sobre Tenencia de Animales en cuanto a la recogida de excrementos fueron derogadas al incluirse en un apartado específico en la norma de Limpieza Urbana. Esta ordenanza recoge, en su artículo 19, que los propietarios "son directamente responsables" de "cualquier acción que ocasione suciedad en la vía pública, producidos por animales de su pertenencia" y les obliga a "la reparación inmediata de la afección causada".

Sin embargo, habla únicamente de "impedir que hagan sus deposiciones" en la vía pública y "recoger y retirar los excrementos", pero no específicamente de los orines. Si ya es complicado que un agente de la Policía Local pueda sancionar al dueño de un animal que defeca en una acera, el vacío normativo en el caso de los orines dificulta aún más el control.

Algemesí avisa en las farolas

Pero, más allá de la multa, hay ayuntamientos que se han puesto manos a la obra con este tema. En Algemesí lanzaron hace cuatro meses la campaña El pipi em destrueix para poner fin a los problemas de convivencia que supone la invasión de orines caninos. El Consistorio ha llenado las farolas con mensajes para concienciar a los dueños del "grave problema" que supone el efecto "altamente corrosivo" de las micciones y que cada año suponen un coste para las arcas públicas. El Ayuntamiento recomienda diluir las micciones caninas con tres partes de agua y una de vinagre a modo de desinfectante natural.

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