Él se llama Tomato Lichy y es artista y diseñador; ella, Paula Garfield, es directora de teatro. Ambos son sordos.

Creemos que ser sordo es positivo y tiene muchos aspectos maravillosos

Ya
tienen a una hija de tres años que no puede oír, Molly, y no dudan en reconocer que "celebraron" la noticia de que su hija nacía sorda.

Ahora quieren tener un segundo hijo, pero Paula ya ronda los cuarenta años. Intentarán concebirlo de forma natural, pero de no ser posible lo intentarán mediante la fecundación in vitro. En este último caso, desean usar la selección genética para que su vástago nazca sordo, según recoge The Independent.

El problema es que el Parlamento británico no lo quiere permitir, amparándose en que, según su normativa, los embriones que posean un gen que pueda provocar una disfunción física o mental deben ser rechazados en favor de los que no lo tienen, algo que la pareja británica ve como una discriminación de los sordos.

"Una minoría lingüística"

"Nosotros creemos que ser sordo es positivo y que tiene muchos aspectos maravillosos. No creemos que sea algo como la ceguera o el retraso mental, es más parecido a ser judío o negro. Y no vemos a los miembros de estas minorías queriendo autoeliminarse", afirman.

Tomato Lichy asegura a The Observer que se sienten "orgullosos" de formar parte de "una minoría lingüística", aunque no del "aspecto médico de la sordera".