Álvaro Carrión
Álvaro Carrión, en el aeropuerto de Barajas, tras siete meses retenido en Taiwán al verse involucrado en un accidente de moto. 20MINUTOS

La pesadilla ha terminado. Álvaro Carrión ya está en casa. El pasado 27 de febrero, este almeriense llegaba a Olula del Río, con los suyos, y dejaba atrás la que ha sido "la peor experiencia" de su vida: siete meses retenido en Taiwán tras verse involucrado en un accidente de moto en el que murió una mujer pero del que no fue responsable. La bicicleta que ella manejaba realizó maniobras indebidas y chocó contra la moto que él conducía.

"Han sido días muy intensos. Me paran por la calle para darme la bienvenida", cuenta sobre las últimas semanas en una conversación telefónica con 20minutos. Es la muestra del apoyo ciudadano que ha recibido durante todo el proceso y que se materializó en la campaña de crowdfunding que lanzó para recaudar fondos y poder hacer frente a los 50.000 euros quela familia de la fallecida le exigía, una cantidad que finalmente acordaron bajar a 41.000. "La implicación de la gente del pueblo, de la comarca y de otros sitios fue espectacular", señala agradecido este doctorando en Geología Marina.

El joven, de 27 años, hace extensible su agradecimiento a Fernando Heredia, cónsul general en Manila, la capital de Filipinas, quien se hizo cargo del caso en un país no reconocido por España, ni por gran parte de la comunidad internacional. "Cuando llegó estuvimos viendo todas las posibilidades. Contactamos con un ciudadano de allí, conocedor de la ley y la cultura, y vimos que la única opción era llegar a un acuerdo económico con la otra parte", cuenta.

Hasta ese momento la situación estaba bloqueada pero aquel taiwanés logró tender puentes y el 23 del mes pasado se celebraba una vista en la que presentaron el pacto alcanzado. La familia, que ya había recibido 60.000 euros de la aseguradora de la empresa que le alquiló la moto a Álvaro, renunció a reclamarle cualquier responsabilidad y el fiscal le retiró la prohibición de salir de Taiwán.

Caso abierto

"No me lo podía creer. Al día siguiente fui al aeropuerto a preguntar si estaba todo en orden y en cuanto lo confirmé cogí el primer avión que había. Hasta que no pasé los controles de seguridad no las tenía todas conmigo", reconoce. De hecho, el caso no está definitivamente resuelto. El escollo principal para recuperar el pasaporte antes de que finalizase el pleito por completo era alcanzar el acuerdo económico pero la sentencia aún está pendiente de ser dictada.

Álvaro conducía una scotter en la localidad de Tainan cuando una bici chocó contra él. La anciana que la manejaba cayó al suelo, golpeándose la cabeza. No llevaba casco y entró en coma. Su hijo denunció al joven y el fiscal le retiró el pasaporte. Unos días después la mujer moría y la situación se complicaba, aun habiendo sido ella la responsable del accidente, tal y como determinó el comité que lo investigó.

Al producirse una defunción se abrieron dos procesos, el de la responsabilidad civil y el de la responsabilidad moral, y tienen que cerrarse ambos. "Además yo tenía la resolución de un comité, que era el que determinaba las causas del accidente, pero luego hay otro trámite que va por la vía judicial", comenta, en un intento de explicar un sistema "muy complejo". Lo que sabe es que no tendrá que volver y que el abogado que ha dejado allí actuará como su representante.

Atrás queda por tanto una angustiosa situación ques se prolongó más de medio año. Álvaro había llegado a Kaohsiung a finales de junio para profundizar en sus investigaciones gracias a una estancia que le había sido concedida. Su vuelta estaba programada para el 21 de agosto pero el día 7 de ese mes todo se truncó. Los gastos que aquella inesperada estancia le ocasionaron los afrontó con sus ahorros primero y con la ayuda de sus padres después. Intentó conseguir algún empleo, pero la contratación no resultaba fácil con una visa de turista.

Este geólogo, que trabaja en su doctorado a través del CSIC y adscrito a la Universidad de Granada, tuvo que dar de baja su contrato de Formación para Personal Universitario (FPU), con una vigencia de cuatro años, para que el tiempo no corriera en su contra. Ahora se encuentra gestionando el alta y espera poder recuperar el tiempo perdido. Se ha tomado unas semanas de descanso, "para coger fuerzas y  despejar la cabeza", pero su idea es no tardar en reengancharse y pasar página."Quiero volver a la rutina cuanto antes y olvidarme de todo lo que pasó allí", concluye.