Atiende al  nombre de Reticulitermes, procede de Estados Unidos y, desgraciadamente, parece que ha llegado para quedarse. La invasión de esta especie de termita en las Islas Canarias está provocando un auténtico destrozo en todos los sentidos. Países como Francia o Italia también han sufrido la acción de este insecto.

Las autoridades canarias y tinerfeñas están estudiando incluso declarar el 'estado de emergencia' dada la importancia de los daños ambientales que significa la plaga y el impacto que puede causar sobre la agricultura, al haberse detectado su presencia en cultivos de viñas en el norte de Tenerife.

A ello hay que sumar las "importantísimas afectaciones" a las edificaciones y al patrimonio cultural, tanto arquitectónico como el legado histórico-artístico y documental, de manera que "el golpe" a la economía de las islas es "incalculable".

Entre otras actuaciones, la organización Sí se puede reclama que sean las administraciones públicas las que asuman el coste total de la contratación de la empresa o empresas que puedan hacerse cargo de aplicar el protocolo establecido oficialmente en espacios públicos y privados, no solo porque la población no cuenta con recursos para abordar el caso individualmente, sino también porque "los organismos públicos tienen que asumir su responsabilidad en la entrada y extensión de las termitas en Tenerife, por su dejadez en el control, del que son únicos responsables".

A ello hay que sumar una campaña de información a la ciudadanía, en la que se informe con claridad de la gravedad de la situación, se oriente sobre las actuaciones básicas y se fomente la participación ciudadana.

Seguir el modelo australiano

La única opción para Canarias, a juicio de Sí se puede, es "adoptar el modelo de Australia y otros países que han conseguido mantener protegido su territorio ante las invasiones biológicas", lo que exige "una disposición y un compromiso certero de las administraciones que en las últimas décadas han sido las responsables de la entrada de invasiones tan dañinas como la polilla guatemalteca o el rabo de gato, entre otras".

En su opinión, "el caso concreto de las termitas americanas es un ejemplo doloroso de cómo el control de las especies exóticas invasoras no está incluido entre las prioridades de las consejerías que deben controlarlas, lo que explica no solo esta terrible peste, sino la gran cantidad de plantas y animales externos que están afectando de forma negativa a los ecosistemas canarios".