Empezaron guardando las formas y terminaron en un constante cuerpo a cuerpo. El primer debate en quince años entre los dos aspirantes a presidir el próximo gobierno estuvo plagado de descalificaciones personales y acusaciones mutuas de haber mentido.

En general, la hora y media de reproches aportó escasas novedades
Zapatero fue de más a menos mientras que Rajoy recorrió el camino inverso. El empate hizo justicia a los méritos de uno y otro, dicho sea en el lenguaje del Carrusel Deportivo.

En general, la hora y media de reproches aportó escasas novedades. No hubo nada que Zapatero y Rajoy no se hubieran dicho antes.

Sonrisas y países en rosa

El presidente, que se dejó la sonrisa en Moncloa, volvió a dibujar un país en rosa, convertido a lo largo de su mandato en la octava potencia del mundo, capaz de resistir en las mejores condiciones los rigores de la desaceleración.

El líder del PP contraatacó con las subidas de los productos básicos, con el repunte del paro y con la pérdida del poder adquisitivo de los salarios. No fue suficiente para detener el aluvión de cifras que esgrimió Zapatero, que hasta los gráficos los llevaba más grandes.

Defiendo a los artistas pero no admito que se llame a 10 millones de votantes turba de ignorantes

El presidente quiso devaluar a su oponente arremetiendo contra sus experiencias en los Gobiernos de Aznar. Según Zapatero, Rajoy no podía hablar de inmigración porque había protagonizado tres regularizaciones, en las que bastaba una factura de hotel o un bonobús para conseguir la regularización; ni de seguridad, porque en su etapa de ministro del Interior, se dispararon los homicidios; ni de educación porque disminuyeron con él las becas; y así.

Rajoy, con sorna, terminó por contestarle que frente al empeño de presentarle como el peor ministro de la historia de la humanidad, Zapatero, en cambio debía ser considerado como el mejor presidente de España desde los Reyes Católicos.

Las tornas cambiaron cuando la economía dejó paso al asunto del terrorismo y la política territorial. Rajoy desgranó varias de las contradicciones de la política antiterrorista de Zapatero. “Usted ha mentido, ha engañado, ha dicho una cosa y la contraria (...) Yo mismo le fui a apoyar después de la tregua me engañó (...) Ha afectado a la dignidad del Estado”.

Rajoy fue ganando cuerpo en esa parte del debate, mientras Zapatero se refugiaba en el conocido error de Aznar al definir a ETA como Movimiento de Liberación Nacional vasco y en la pretendida deslealtad del PP por no apoyar al Gobierno.

Modelo territorial

Los ataques se sucedieron cuando ambos candidatos se refirieron al modelo de Estado. Zapatero se mostró aquí especialmente agresivo. “Su Apocalipsis parece que se retrasa”, espetó a Rajoy para desacreditar sus advertencias sobre la ruptura de España y la entrega de Navarra a ETA.

Su Apocalipsis parece que se retrasa

Al líder del PP le bastó con leer hasta cinco declaraciones de dirigentes socialistas --entre ellas las de González, Guerra y Leguina-- en las que advertían de los peligros de la descomposición territorial.

Las siguientes agarradas tuvieron que ver con el transvase del Ebro: "Diga si lo haría”, le interrumpió insistentemente Zapatero, y con los creadores: “Quien desprecia a la gente de la cultura y la investigación no merece presidir el país”, volvió a atacar el presidente antes de sacar a relucir el Oscar de Bardem.

“Defiendo a los artistas pero no admito que se llame a 10 millones de votantes turba de ignorantes”, dijo Rajoy para, a continuación, acusar a Zapatero de haber agredido a las víctimas del terrorismo.
El del PP se despidió deseando a los españoles que se fueran a dormir con la tranquilidad de que él arreglaría las cosas. Zapatero prometiendo pleno empleo e igualdad. El lunes que viene, más.