El Thyssen en el plato from Museo Thyssen-Bornemisza on Vimeo.

La comida ha sido siempre una fuente de inspiración ilimitada para el mundo del arte y los artistas. Desde las naturalezas muertas como el Cesto con frutas de Caravaggio pintado en 1599 hasta las serigrafías de latas de sopas Campbell realizadas por el rey del pop art Andy Warhol en los años 60 del siglo XX, los alimentos se han visto reflejados de mil y una formas en pinturas y obras de arte de toda índole e, incluso, han servido como materia prima para su elaboración. La artista malasia Hong Yim, por ejemplo, realizó un retrato del artista contemporáneo chino Ai Weiwei utilizando siete kilos de semillas de girasol.

El Museo Thyssen-Bornemisza lleva tiempo ofreciendo a sus visitantes un recorrido gastronómico a través de algunas de algunas de sus obras de su colección permanente e, incluso, vende en su tienda una línea de productos Delicathyssen, que incluyen aceites, chocolate, vino o conservas. Era por tanto, un paso lógico para la pinacoteca, seguir estrechando vínculos con la gastronomía y, por ello, presenta ahora una publicación: El Thyssen en el plato, en el que se funden de manera deliciosa ambas disciplinas.

El libro es un atípico y muy artístico recetario configurado por 25 platos ideados por otros tantos chefs españoles (se baraja ya la posibilidad de repetir la experiencia con cocineros de fuera de nuestro país) a los que se invitó a visitar el museo y buscar la inspiración en alguna de sus obras para realizar una elaboración gastronómica.

Todos ellos son cocineros de reconocido prestigio dentro y fuera de nuestras fronteras, y muchos cuentan además en su haber con varias estrellas Michelin: es el caso de Martín Berasategui, Ricardo Sanz de Kabuki (el chef de la única cocina japonesa con 4 estrellas), Quique Dacosta, Lucía Freitas de A Tafona, Toño Pérez de Atrio, Juan Mari y Elena Arzak, Paco Morales de Noor o Carme Ruscalleda de Sant Pau Tokyo.

Para contextualizar su trabajo, cada cocinero cuenta de manera breve en el libro por qué ha seleccionado esa obra y qué fue lo que más le atrajo de ella, y completa esta información con la receta, el listado de ingredientes, acabado y presentación.

Como explica Guillermo Solana, director artístico del museo: "Los chefs que han participado en este libro nos ofrecen un fantástico despliegue de la cocina como arte visual, a través de una asombrosa variedad de maneras de servir el Thyssen en la mesa".

De esta manera, algunos de ellos crean réplicas muy literales del cuadro en su plato. Es el caso de Carmen Ruscalleda, que se inspira en Segmentos de círculo (1931) de László Moholy-Nagy y recomienda incluso un plato rectangular "para recrear con más detalle" la obra, o Paco Torreblanca que se ha servido de la Tensión suave n. 85 (1923) de Wassily Kandinsky para realizar una tarta con mucha geometría.

Otros, sin embargo, imitan detalles más sutiles como la técnica dripping de Jackson Pollock realizado a base de materia prima comestible por Sacha Hormaechea o la piel de tigre del cuadro Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar de Salvador Dalí realizada a base de tinta de calamar sobre láminas de boniato fritas por Roberto Martínez Foronda (plato que se ha elegido como portada del libro).

Y hay quienes, incluso, se saltan las normas. Como la interpretación muy libre de Juan Mari y Elena Arzak de las pinturas de Mondrian o los platos de Paco Morales -inspirándose en una naturaleza de Jasper Francis Cropsey- o Víctor Arguinzoniz -que hace tres cuartos de lo mismo con un cuadro boscoso de Asher B. Durand-. El arte del Thyssen, sin lugar a dudas, ya se saborea con el paladar.