Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald
Albus Dumbledore (Jude Law) recluta a Newt Scamander (Eddie  Redmayne) en los tejados de Londres. WARNER

Digámoslo antes de que cualquiera le eche en cara su orientación sexual: Jude Law es el Dumbledore que todos habíamos soñado. Su clase y carisma, esas de las que nos dio lecciones en El talento de Mr. Ripley, encuentran en esta secuela de Animales fantásticos y dónde encontrarlos una nueva razón de ser, mitad profesor enrollado a lo El club de los poetas muertos, pero sobre todo revestido de la épica discreta del más alto espionaje.

El peso de la barba de sus antecesores en el cargo parece no pesarle lo más mínimo a este Dumbledore maduro que manda guantes mágicos y se cita con Newt en lustrosos tejados londinenses y en puentes desiertos como un agente del MI6.

Lo de menos, de todas formas, es si Dumbledore declara o no su homosexualidad, a no ser que esta tenga algo que ver con su reticencia a atrapar él mismo a Grindelwald, en cuyo caso será sugerida –"éramos más que hermanos"– con el fin de que Newt acepte la misión.

¿Quiere decir todo lo anterior que Los crímenes de Grindelwald es una película de espías? Sí y no. La nueva entrega del universo de Rowling juega esa baza y muchas otras.

Para empezar, ha de reunir a su prolijo reparto de personajes a los pies de Montmartre, donde el obscurus Credence (Ezra Miller) vive su particular Freaks en Le Cirque Arcanus junto a una novia nueva (Claudia Kim). Queenie (Alison Sudol) y Jacob (Dan Fogler) llegan enfadados –¿un hechizo para que se case con ella? ¿En serio, J. K.?–, Tina (Katherine Waterston) aterriza reestrenando cargo de aurora y Newt (Eddie Redmayne), alentado por el descubrimiento de que su amiga neoyorquina le espera allí.

Por si fueran pocos –y contamos también a los bebés Nifflers–, Los crímenes de Grindelwald suma a la función a nuevos personajes: la misteriosa Leta Lestrange (Zoë Kravitz) y el hermano de Newt (Callum Turner), que forman con el zoólogo un triángulo amoroso.

El mejor papel en mucho tiempo de Johnny Depp

Además de mirar al cine de espías, el filme saca a pasear a las bestias que justifican el título–nos quedamos con el dragón y su sonajero– y, por encima de todas, a Grindelwald. Aquí entra, sentimos comunicarlo, el hombre que lleva un tiempo dándonos la espalda en los pósteres: Johnny Depp, que, digámoslo también alto y claro, interpreta su mejor papel en mucho tiempo.

Su villano, el mal personificado, tiene como misión última ganarse la confianza de Credence con un discurso populista y dogmático que recuerda al de más de un líder político del mundo de los no magos.

Pero antes del clímax propiciado por Grindelwald en esa tumba de los Lestrange que remite a las películas de aventuras de los 80, Los crímenes… pasa también por Hogwarts.

Para matar el mono de los potterófilos, el director les da una buena ración de flashbacks donde no faltan los hechizos. ¿Nuestro favorito? ¡Ridículus! El que permite deshacerte de tus miedos más arraigados. Como el de Newt: acabar trabajando en una oficina. En ese sentido, con películas como esta no tenemos nada que temer.