Grafiteros en el Metro de Madrid
Un grupo de grafiteros pintando un tren de Metro de Madrid de la línea 5 el pasado 1 de noviembre. Europa Press

Las pintadas de grafitis sobre trenes de Metro de Madrid se han hecho más frecuentes en las últimas semanas, según denuncian varios sindicatos, que aseguran que hay "miedo" entre los trabajadores ante unos actos vandálicos protagonizados por grupos de hasta 50 personas y que le cuestan a la empresa un millón de euros al año.

"Es un tema muy frecuente", asegura en declaraciones un exmaquinista del suburbano madrileño. En su caso, sufrió una agresión hace alrededor de siete años en la línea 9, cuando un grupo de jóvenes con pasamontañas y esprays de pintura saltó una valla después de que una persona compinchada con ellos activara el tirador de emergencias en uno de los vagones.

"Fui a llamar al puesto central para dar parte y me llegaron a amenazar con palos y bates de béisbol, así que me paré y no llamé", cuenta.

Este empleado, que ahora trabaja como técnico en Metro de Madrid, estuvo durante un tiempo "nervioso" pensando que esta escena podría volver a producirse.

En la actualidad, varios maquinistas sienten "miedo" por unos actos vandálicos que cada vez son más frecuentes y están protagonizados por un mayor número de personas, según coinciden representantes de varios sindicatos.

"No es habitual que haya ataques tan seguidos ni tan numerosos", sostiene el portavoz del Sindicato del Colectivo de Maquinistas de Metro, Juan Antonio Ortiz.

Dice que, hasta ahora, los grupos eran de "como mucho diez personas", pero el pasado día 2 hubo un ataque protagonizado por cerca de 50 grafiteros en la estación de Las Rosas, donde dos policías tuvieron que ser atendidos por intoxicación tras ser rociados con esprays.

Por el momento, la Policía sólo ha detenido por este hecho a una persona, un paquistaní de 20 años al que se le imputan delitos de daños, desórdenes, atentados y lesiones.

En menos de una semana, del 31 de octubre al 4 de noviembre, Metro de Madrid ha contabilizado 1.322 metros cuadrados de trenes pintados con grafitis en ocho zonas de la red, incluyendo este suceso.

Además, la noche del 31 de octubre un grupo de alrededor de quince personas obligó al maquinista de un tren que estaba en circulación a parar entre dos estaciones de Metrosur.

El jueves por la tarde, otro grupo pintó unos 15 metros de un tren en la estación de Argüelles, según fuentes sindicales.

Parte de los agresores llegaron a meterse en la cabina del conductor, que fue atendido en un hospital tras sufrir una crisis de ansiedad.

Impedir la entrada en la cabina

"Debería haber un sistema para impedir la entrada en la cabina, es fácil hacerse con la llave en algunos sitios", dice el secretario general de UGT en Metro de Madrid, Teodoro Piñuelas, que manifiesta su preocupación por el "recrudecimiento" de estos actos vandálicos.

El secretario general de CC OO, Juan Carlos de la Cruz, advierte del "peligro" que este tipo de acciones tienen para los trabajadores y los usuarios del suburbano, ya que hay grafiteros "bastante agresivos".

Algunos de ellos se retan en las redes sociales para pintar trenes con recompensa incluida, como en el caso del primer modelo de Metro madrileño expuesto en la estación de Chamartín.

El jefe superior de Policía de Madrid, José Manuel Martí, comentó recientemente en un acto que los grafiteros "han existido siempre" y aclaró que "era actividad pseudodelictiva con poca penalidad" pero ahora, en cambio, alertó de que "han traspasado esos límites".

Desde Metro de Madrid coinciden en que en los últimos días "ha aumentado notablemente el número de ataques" así como el de autores y la "virulencia".

Durante 2017 se consumaron 852 grafitis y 212 pintadas y se frustraron 1.174 intentos "gracias a la acción de seguridad y del personal de Metro", según datos facilitados por la empresa, que gasta un millón de euros al año en su limpieza.

Los sindicatos han pedido un incremento en la seguridad del suburbano y consideran pertinente la presencia de agentes uniformados para evitar este tipo de situaciones.

En Barcelona este tipo de actos vandálicos también ha ido a más en cuanto a la frecuencia, el número participantes y la violencia.

Así, el pasado 4 de noviembre un grupo de 34 grafiteros paró un tren de la línea 4 y agredió a varios pasajeros, entre ellos una mujer embarazada.

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