Virtudes prefiere no dar su nombre real, no quiere que «nos hagan la vida imposible». Los inquilinos del número cuatro de la calle Candil, en el Albaicín, han vivido 50 años en un edificio centenario sin nadie que atendiese sus reclamaciones. Los propietarios del inmueble hacían oídos sordos a sus peticiones de reformas.

«Se rompían tuberías, suelos, incluso salían bichos por las losetas de la cocina porque no estaban bien rematadas, pero no nos daban permiso para arreglar nada», recuerda esta inquilina. Acabaron haciendo las reformas por su cuenta «y a escondidas».

Ahora, el edificio ha sido comprado por una empresa, E. G. O., de cuyas intenciones desconfían: «Somos seis vecinos mayores de renta antigua -pagan unos 70 euros al mes- y los otros seis pisos están vacíos. No me extrañaría que el nuevo dueño haga negocio con los pisos y nos deje en la calle. No sería la primera vez que ocurre en el barrio», recuerda Virtudes. Los anteriores propietarios intentaron declararlo en ruina el año pasado y, hasta que lo vendieron en diciembre de 2007, dejaron de hacer las reformas urgentes ordenadas varias veces por el Consistorio.

«No somos asustaviejas»

El gerente de la nueva firma propietaria, Miguel Botía, asegura que «no somos asustaviejas». «Les hemos comunicado por carta que se respetarán sus contratos, estamos arreglando el edificio y se reformarán las casas. Los otros pisos serán alquilados». Por su parte, el concejal socialista José María Rueda reclama un mayor control de Urbanismo y «más inspecciones» en estos casos.