¿Por qué no existe una lengua de signos universal?

Intérprete de la lengua de signos, en una imagen de archivo.
Intérprete de la lengua de signos, en una imagen de archivo.
EUROPA PRESS - Archivo

En el mundo hay más de 300 lenguas de signos, según datos de la Federación Mundial de Personas Sordas. Comparado con las casi 7.000 lenguas orales que existen, esta cifra es relativamente pequeña. Sin embargo, a menudo surge la pregunta: ¿por qué no hay una lengua de signos universal?

En primer lugar, "no existe una lengua de signos por cada lengua oral, ya que han ido evolucionando de forma natural a través del contacto entre personas, no necesariamente de forma paralela a la lengua hablada", recuerdan desde la Confederación Estatal de Personas Sordas (CNSE). En el caso de España, están reconocidas de forma oficial la lengua española y la catalana.

"Las lenguas forman parte de una cultura, por tanto es lógico que haya diversidad", comenta Alejandra Mariño Pérez, intérprete de la lengua de signos y técnico pedagoga en Menorca (Islas Baleares).

Las lenguas de signos, de la misma forma que las orales, han ido evolucionando de acuerdo con las necesidades de cada cultura: "No será el mismo signo para definir 'comida' si estás en China y usas palillos, que si estás en España y comes con tenedor", añade la intérprete.

La lengua materna de Alejandra Mariño, nacida en Galicia, es la signada, pues tanto su madre como su padre eran sordos. "Mi padre, José Mariño, con 18 años se recorrió pueblo por pueblo todo Vigo en busca de personas sordas, así contribuyó a crear la Asociación de Sordos de Vigo, de la que fue presidente durante 21 años".

La educadora recuerda cómo han cambiado las cosas desde que era pequeña: "Cuando mi madre, Francisca, quería hablar con su amiga, también sorda, yo era la que tenía que llamar por teléfono a la madre de esta para dar el recado. Yo era una niña pequeña hablando con una señora mayor para establecer una comunicación entre dos mujeres adultas". Ahora, con las nuevas aplicaciones de mensajería instantánea y de videollamada la comunicación se ha simplificado enormemente.

Orales o signantes

Mariño es una gran defensora de la lengua signada y se queja de una creciente comunidad pro oralista. Esta hace hincapié en que el niño sordo aprenda a leer los labios, relegando el papel de la lengua de signos a un lugar secundario o directamente excluyéndola de la educación.

"Los padres buscan la mejor solución para sus hijos y tienen miedo de que si se les enseña la lengua de signos, no quieran aprender a hablar". Mariño afirma que hoy en día, con el "aprendizaje multidisciplinar" esto no ocurre, ya que los niños también aprenden la lengua oral.

"La lengua de signos forma parte de la identidad de la personas sordas. Las no signantes no tienen un punto de referencia, pierden una seña de identidad", agrega.

Desde la Asociación de Padres y Amigos del Sordo (Aspas) existe una mayor orientación hacia el aprendizaje oral, aunque desde Aspas Madrid reconocen que a veces son los propios niños que "con 12 años piden aprender la lengua de signos".

Mireia Moncho y Gonzalo Martín, ambos con sordera, son partidarios de ambas, aunque reconocen las limitaciones de la lengua oral para situaciones con mucha gente o lenguaje más técnico. "En las reuniones me pierdo la mayoría de la información y luego le tengo que preguntar a mis compañeros, pero claro, me lo explican de forma muy breve y resumida", comenta él.

"La lectura labial depende de la dicción de las personas. La puedes seguir de tú a tú, a distancias cortas y en un contexto coloquial. En conferencias, con una gran distancia o con contraluces, la lectura se hace más difícil", confirma Mariño.

"Mucho por recorrer"

Según los últimos datos del INE, hay más de un millón de personas sordas en España. Aunque se trata de información del 2008. Desde el CNSE apuntan que "son datos que se extraen, por lo general, de encuestas telefónicas, inaccesibles para las personas sordas".

También es difícil saber qué porcentaje son signantes. La Confederación calcula que más de 70.000 personas con sordera usan la lengua de signos en España, haciendo un cálculo proporcional de las estimaciones europeas, que establece la cifra en un 0,15% de la población europea.

Las lenguas de signos española y catalana están reconocidas por ley desde el año 2007. "Ambas deberían estar presentes en la oferta educativa, pero casi once años después de su aprobación, la ley no ha respondido a las expectativas. El colectivo continúa estando en una situación de especial debilidad, donde pocas familias y personas sordas pueden elegir una educación que cuente con lengua de signos", se quejan.

También Gonzalo y Mireia hacen mucho hincapié en la necesidad de más intérpretes para atender a reuniones, cursos o llevar a cabo otro tipo de gestiones y actividades de ocio.

"Carecemos de una red de centros bilingües que garanticen el uso y el estudio de la lengua de signos, cada vez son más las alumnas y alumnos sordos y los padres y madres que denuncian la escasez o ausencia de intérpretes en los centros", añade la Confederación. Sandra Mariño coincide con este diagnóstico: "En España hay mucho por recorrer, porque la ley todavía no se implanta correctamente".

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