Alfonso Cuarón
El cineasta mexicano Alfonso Cuarón, al recoger el León de Oro por su película 'Roma'. EFE

Ganadora del León de Oro en Venecia, Roma va camino de convertirse en una de las grandes películas del año. Su director, Alfonso Cuarón, ha asegurado este jueves, a su paso por el Festival de Cine de San Sebastián, que el 90 % de las imágenes nacen de su memoria.

"La película está rodada en los mismos lugares donde sucedieron los eventos o reproducidos al milímetro", ha señalado el ganador del Oscar a mejor director por Gravity (este año representará a México en dichos premios), quien reconoce que hubo "algo perverso" en revisitar tan fielmente su pasado.

El director, guionista y productor mexicano dice no entender el debate actual sobre las ventanas de distribución. "Las ventanas son irrelevantes", afirma, "yo en mi vida quizás he visto más películas en formatos digitales que en salas de cine y he ido mucho al cine". Netflix tiene previsto estrenarla en diciembre, simultáneamente en la plataforma y en una selección de salas de cine.

La película, que ha sido rodado en 65 milímetros, en blanco y negro y con sonido Atmos, es una oda al matriarcado en el que Cuarón se crió y una carta de amor a Libo, su niñera, que en la ficción toma el nombre de Cleo, una mujer indígena y de clase social baja, interpretada por la debutante Yalitza Aparicio.

"El personaje se basa en uno de los seres que más he querido en mi vida", asegura. "Lo que ocurre es que llega un momento en que a la gente que amas los empiezas a considerar como individuos y entonces aparece toda una nueva dimensión".

En este caso, una dimensión "innegable" fue la clase social y la raza. "Eso conllevó una reflexión acerca de una sociedad, de un país y finalmente del mundo", subraya, aunque descarta que se trate de una declaración política. "Hay un proceso muy complejo que pasa dentro de uno. ¿Que si fue algo agradable? Yo creo que intenso es la palabra", apunta.

Cleo está en el primer plano en Roma, pero también es importante el personaje de su madre, interpretado por Marina de Tavira, y el trasfondo, por el que discurre un pedazo de la historia de México, con referencias a las revueltas estudiantiles o a las disputas por las tierras de los años 70.

La cámara de Cuarón, quien asume personalmente la dirección de fotografía y el montaje, ofrece poéticos instantes que marcaron su imaginación de niño: hombres bala, disfraces de astronauta, campamentos de artes marciales y por supuesto la televisión y el cine, de Cantinflas a Louis de Funes.

Lacuesta, ¿entre dos Conchas de Oro?

Isaki Lacuesta, que compite de nuevo en San Sebastián, esta vez con Entre dos aguas, dice estar ilusionado con que hayan seleccionado su película, pero asegura que lo que sucede en los festivales nunca ha cambiado su vida, "ni cuando te elogian o dan premios, ni cuando te destruyen".

"Una ventaja es que ya he venido más veces a San Sebastián. Ganamos la Concha con Los pasos dobles (2011). Con algunas películas nos han dado hostias a base de bien y con otras han sido experiencias mezcladas. En todos los casos, al día siguiente estaba currando, buscándome la vida para levantar otro trabajo", destaca el realizador catalán.

Lacuesta (Girona, 1975) cree que los premios "no tienen nada que ver" con el trabajo de los cineastas. "¿Cómo vas a comparar unas películas con otras cuando son tan distintas en todos los aspectos? Es como una carrera de Fórmula 1 con bicicletas, con gente que anda, con gente que practica deportes distintos en ligas distintas. No tiene ningún sentido", señala.

Sin embargo, que Entre dos aguas, en la que sigue a los protagonistas de La leyenda del tiempo (2006) doce años después, esté en la Sección Oficial le ha "hecho mucha ilusión" porque este tipo de películas "muy pequeñas, que no tienen el empuje económico de grandes cadenas", pueden tener muy difícil llegar "a su público natural".

El director Isaki Lacuesta (centro, con camisa azul), entre otros miembros del equipo, durante la presentación de 'Entre dos aguas' en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián.

La cinta se presenta este jueves en el certamen donostiarra. Se trata de una ficción "muy realista" protagonizada por los hermanos gitanos Isra y Cheíto, los adolescentes de La leyenda del tiempo, que ejercen de actores y no de ellos mismos, aunque haya algunas coincidencias en aspectos de su vida.

Cheíto, por ejemplo, sí es militar, pero Isra no ha estado en la cárcel, como se muestra al comienzo de este filme, en el que los hermanos vuelven a encontrarse en San Fernando (Cádiz), donde se presenta un futuro incierto para el segundo, un lugar donde no resulta nada fácil ganarse la vida.

"La película busca transmitir una gran veracidad, que parezca que no hay guion y que lo que ocurre es real", explica el realizador.

Recalca que "el reto" era hacer un largometraje en el que "no se viera" el trabajo del equipo, pero planteándolo siempre como una ficción y no un documental. "Eso se lo pregunta un tipo de espectador quizás más profesionalizado. Un espectador como mi madre no se hace esas preguntas. Están viendo a Isra y Cheíto sin preguntarse de qué genero es la película", afirma.

Aunque, añade, el realismo "es también una convención que va cambiando". "Cuando vemos las películas realistas de los años 40, nos parecen extremadamente iluminadas y escritas, con actuaciones que notamos impostadas. Sucederá con la nuestra dentro cinco, diez o veinte años", precisa.