Lorenzo Silva
El escritor Lorenzo Silva. CARLOS RUIZ

La ciberdelincuencia y el Estrecho centran Lejos del corazón (Destino), la undécima novela de la serie negra protagonizada por los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro.

El veterano escritor y creador de Getafe Negro, Lorenzo Silva, celebra con esta historia un aniversario clave: veinte años de la saga.

¿Muchas ganas de meterle el diente al narcotráfico y al Estrecho?
Hay tres temas a los que tenía muchas ganas pero quizá el más llamativo ahora es el más secundario: el narcotráfico.

¿Cuáles le importaban más?
El blanqueo y la ciberdelincuencia, y lo que sucede después: cuando una sociedad se inunda de dinero negro que hay que blanquear y cuando esa inundación se produce en el contexto actual donde la tecnología es un espacio de intercambio, comunicación, vida, y delincuencia.

Y con ventaja...
Claro, la red, espacio delictivo y de crimen también, tiene mucha ventaja, porque cuando sales a la calle sabes que tienes que agarrar el bolso, pero cuando te conectas, navegas a cuerpo limpio sin saber quién te mira.

El Estrecho también es primordial en esta novela...
Sí, porque el Estrecho es esa falla mundial, entre el norte y el sur, la encrucijada entre occidente y oriente, es un paraíso fiscal...

Pero hay división, no todo es corrupción...
La Línea, lo más extremo, es una ciudad y una sociedad dividida. Se cuenta mucho una parte y poco otra. Por un lado está la gente que ha optado por vivir de la delincuencia o al calor de la delincuencia. Porque el narco no solo compra drogas, gasoil, lanchas... El dinero que ganan lo blanquean en bares, comercios y da de comer a mucha gente. De eso se habla mucho.

De quien elige otro camino, menos.
Sí, se habla menos de que una parte de La Línea, consciente de que ese es un camino sin futuro, que en medio de ese entorno de dinero fácil opta por vivir decentemente. Eso tiene mucho más mérito que aquí. El chaval que, en vez de optar por que le paguen 500 euros por estar una tarde con el móvil y avisar si ve un guardia, decide estudiar tiene mucho mérito. Ha habido siempre una posibilidad de enriquecimiento ilegal allí y además tiene prestigio social. Lo que pasa también con cierta ciberdelincuencia. Al pirata que piratea mi libro le dan las gracias, lo aplauden, tiene prestigio. En la sociedad española ciertos ciberdelincuentes tienen una aclamación social.

Reconocimiento social es el que usted ha logrado devolverle a la Guardia Civil con sus detectives...
No tanto: la mitad de la gente no lee. La percepción de la guardia civil ha cambiado por la actuación de la Guardia Civil. Su actuación, la gente lo vive, es siempre de servicio.

¿Siempre fue así?
Siempre han tenido ese carácter, pero en el franquismo toda la administración estaba corrompida, no solo la guardia civil.

¿Echa de menos su profesión?
Uno nunca deja de ser abogado. Son una gafas que no te quitas.

¿Lo que menos esperaba que pasara cuando empezó hace 20 años?
Creo que lo que todos: ¿quién esperaba en la España de hace 20 años que la sociedad se iba a depauperar de este modo, que cientos de personas se iban a quedar sin empleo, sin casa, que todas las profesiones, salvo jugador de la liga o estrella o de reality, se iban a devaluar? Nadie. Nadie podía esperar esto.

¿Una sociedad de mínimos?
Totalmente. Yo entré a trabajar en el 89, en una firma de abogados, como ayudante, y ganaba 120.000 pesetas.

Más que ahora...
Exacto: hace un par de años supe que 30 años después eso era lo que estaban ganando los que entraban titulados a firmas profesionales. Treinta años de inflación perdidos. Esa gente en realidad ¿gana la mitad o la tercera parte que yo?Y estoy hablando de personas cualificadas y escogidas. Esto ha generado un abismo que demasiado poco ha pasado. Está todo prendido con alfileres: no hay nada incuestionable. Y se cobra su precio, porque cuando le devastas la vida a mucha gente no vale con decir que vas a cambiar.

¿El siguiente tema que ocupará sus páginas?
Creo que el tráfico de personas. Es el negocio más rentable y no hay que irse muy lejos; están a 8 km de aquí. Los tenemos al lado y apenas lo sabemos.