El escritor Jordi Sierra i Fabra
El escritor y excrítico musical Jordi Sierra i Fabra (Barcelona, 1947). EUROPA PRESS

Un libro publicado al mes no es una media exagerada para resumir su carrera. La música es otra de sus grandes pasiones, pero escribir siempre gana. Desde 2004, tiene una fundación en Medellín (Colombia) para promover la creación literaria en español entre los jóvenes.

Excrítico musical y escritor, solo en 2018 Jordi Sierra i Fabra (Barcelona, 1947) ha publicado El gran sueño, la décima entrega del inspector Mascarell (Diez días de junio), dos libros infantiles y el juvenil Que no vayan a por ti.

En la última entrevista que nos concedió dijo que ya tenía el libro 501. ¿Ahora por cuál va?
Publicados llevo 482, escritos voy por el 520 y pico. El 500 igual lo escribí hace 2 o 3 años y se está publicando ahora, claro, tengo escrito mucho más de lo que publico y luego los editores van organizando los lanzamientos en el orden que consideran. Yo escribo sin parar, ya sabes, soy una máquina que no para nunca. De vez en cuando hago alguna cosa como esta, gordota… creo que de hecho este es el libro más gordo que he hecho en la vida.

¿Esta es su gran novela?
No… lo que pasa es que a tus libros les coges cariño. A veces haces una cosa pequeñita, infantil, de 40 paginitas y vendes 100.000 ejemplares, un bombazo. Yo, claro, pienso: he hecho esto en dos días, fantástico. ¿Me voy a pasar 10 años investigando, planeando, para hacer algo que no venda nada? Pues también, porque soy escritor, soy artista y para mí eso no es importante.

Nunca había tardado tanto en investigar para un libro, quizás con la trilogía Tiempo de Exilio que salió en el año 2002-2003, que eran 1000 páginas . Pero El gran sueño, como novela única, es la que más trabajo me ha dado. Todos los detalles están documentados, investigados. Por ejemplo, el libro empieza en el año 1881 en el puerto de Barcelona y en primavera. ¿Por qué primavera? Porque un temporal destrozó los muelles de Barcelona y no hubo barcos hasta entrado el año.

Todo se puede encontrar si lo buscas con paciencia y este ha sido un libro de paciencia, de encontrar los datos y luego montar toda la historia.

¿Cuando empezó este libro, ya sabía que lo iba a dirigir a un público young adult, como lo presenta la editorial?
Te juro que no pienso nada cuando escribo un libro. No sé quién va a leerlo ni sé quién va a publicarlo, ¡no tengo ni idea! No creas que los hago pensando en a qué editorial los voy a mandar. Escribo lo que siento y punto, no me preocupa, únicamente diferencio el libro infantil: el lenguaje no lo varío mucho, pero no hay sexo ni asesinatos ni nada de esto. Y a partir de ahí, lo que llaman juveniles… ¿Este libro lo es? Para mí es crossover. ¿Te imaginas que tuviera que pensar todo eso cuando me pongo a escribir? Yo lo escribo y cuando está acabado me planteo quién lo puede sacar con cariño y con amor.

El premio ha sido que este libro haya salido fuera de colecciones, como un lanzamiento exclusivo y apostando por él. Me siento orgulloso de que haya sido así.

Sería muy complicado, me coartaría la libertad porque yo nunca me he autocensurado. Nunca. Si no les gusta que no lo publiquen, yo no cambio nada. Todo lo que escribo es porque lo siento, porque me gusta escribirlo, porque me ilusiona o el tema me llena. Cuando veo en el periódico algo que digo: “¡Qué bueno es esto!”, si pasados unos días me lo sigue pareciendo lo apunto porque me motiva. La portada y todo lo demás es cosa de la editorial. Lo mío es escribir, hacerlo lo mejor que pueda y sepa, no cortarme, no autocensurarme ni ser políticamente correcto.

Hay gente que te dice: “Yo cuando escribo me pongo la foto de una chica adolescente al lado y la miro, así sé para quién escribo”… Cada cuál tiene su rollo y su método. Yo lo que hago es hacer lo que me gusta a mí y pienso que, si yo lo disfruto, los demás también lo harán.

¿Hay algún tema que le interese especialmente?
Salto de uno a otro. Este año lo empecé con una novela muy divertida en catalán sobre una chica indepe y una chico unionista que se enamoran locamente y luego descubren que son de bandos contrarios y se quieren matar. Luego me hice otro libro del detective Mascarell para el próximo año, he hecho varios guiones para este verano, uno juvenil y dos infantiles que tengo programado escribir… Lo que no puedo es hacer dos policíacos seguidos, o dos infantiles, o dos de ciencia ficción… Me aburriría.

Esta primavera también ha publicado el infantil Una bolsa de patatas fritas en la Polinesia.
Sí, se sitúa en una isla real, Takuu, que se está hundiendo por la subida del nivel del agua y donde el agua potable se ha contaminado, ya no tienen reservas y viven 500 personas. Es un atolón a punto de desaparecer. La historia me impactó. Si coges Google Maps y vas bajando, ves el atolón; y sigues bajando y no ves el pueblo, cuesta encontrarlo, luego das con el río… Allí, una niña encuentra una bolsa de patatas fritas que ha llegado por la contaminación desde España. Es un libro infantil pero con trasfondo social, de denuncia… y es muy tierno y muy especial.

También sale ahora Que no vayan a por ti, sobre un asesino en serie que mata críticos musicales.

La música siempre aparece en su obra de alguna manera…
No lo puedo evitar. Yo vengo de la música, son mis orígenes y eso no lo puedo olvidar.

Volviendo a El gran sueño, trabajó en la construcción antes de ser escritor profesional. ¿Está algo de eso reflejado en el personaje de Gerardo?
Me sorprende que lo digas, ni se me había ocurrido. Yo sería el romántico Alberto que se mete en el barco a ver lo que pasa, porque soy de los que se tiran a la piscina sin mirar si hay agua. Siempre lo he hecho, a mí me guía mi instinto. Pero también sería ese Narciso que se ha casado y que quiere querer a su desconocida mujer y, de hecho, se enamora, aunque se frustre con lo que después le pasa. Gerardo es un tío que está entre dos aguas y no muy bien definido, así que no, no me veo.

En mis novelas nunca podría decir. “Ese soy yo”. Pero todos son buenos y malos, todos tienen caras distintas…

Son humanos.
Yo en mis libros no sé si estoy en todas partes o en ninguna, no tengo ni idea. Siempre digo que para mí el libro perfecto es el que escribes desde dentro pero también desde fuera, en equilibrio. Si estás todo el rato dentro del libro, te ahogas, porque no ves con perspectiva. Si estás muy desde fuera, esa distancia también es peligrosa. Manejas marionetas, o una orquesta.

Hay momentos en los que tienes que estar dentro y sufrir con ellos pero, para no pasarte de lacrimógeno o de cursi, también tienes que escribirlo desde fuera. Para gobernar y no cantarle la música al lector. Yo no quiero eso. No quiero música para llorar en mis libros. Si lo consigo, que sea porque mis personajes son muy humanos, entonces sí me parecería normal que le caigan dos lagrimillas al lector. Ese equilibro entre dentro y fuera lo tienen muy pocos autores, normalmente se pierden dentro de sus libros.

En el libro habla sobre la experiencia de la emigración, ¿la ha vivido?
No, no. Cuando era crítico musical hacía muchos viajes y me pasaba la vida el Londres, en Nueva York, en Los Ángeles… Pero tres semanas fuera de casa ya me dan nostalgia. Me gusta Barcelona, me gusta mi país. Me gusta vivir aquí, la comida, el sol, la gente… Soy muy de aquí. Me decían que por qué no me iba a vivir una temporada a alguna de esas ciudades, pero no. Un mes como mucho.

¿Cuánto tiempo ha dedicado a Nueva York para El gran sueño?
Dos años pero intermitentes y no físicamente allí. Si que fui a finales de 2014, en plena ola de frío, porque quería ver las ruinas de Castle Garden, que todavía existen. Allí paso todo. Estuve comprando postales, fotos, libros con imágenes… tengo cientos de la época.

Elegí esa década, desde 1881, porque se estaba construyendo el Dakota, Edison puso la primera central eléctrica para dar luz, se hacía la base de la Estatua de la Libertad... Era un tiempo de cambio, pero la gente todavía ni siquiera llegaba a Ellis Island, llegaban a Castle Garden hasta la década de 1890. En las películas se habla de inmigrantes irlandeses, polacos, italianos… ¿Y los españoles, que no los hubo? Pues claro que los hubo aunque fueran pocos.

La famosa banda Whyo es real. Los Levi’s… Hubo muchas cosas que encontré y decidí ponerlas. Sabía que el libro iba a ser largo y difícil de hacer, que me quedaría un tocho, pero acepté el reto. No tenía ninguna prisa.

Ya con todo eso fue cuando decidí volver a Nueva York, en diciembre de 2014, para escribir el guion. Sin embargo, no lo terminé allí sino en Medellín, al cabo de tres meses, y ya lo dejé para escribrirlo en verano, que me llevó un mes. Cuatro semanas.

¿Qué opina de la prensa musical actual, usted que viene de ella?
En la época de Franco había lugares donde no me dejaban entrar por llevar el pelo largo, me llamaban maricón. Luego como escritor ya me abrían la puerta, las cosas cambian.

Ya no leo nada de eso ni oigo nada. Dejé la música activa hace 40 años y apenas voy a conciertos. Cuando anuncian que viene U2, yo no puedo comprar una entrada con tanta antelación porque no sé lo que va a ser de mi vida dentro de un año.

Discos tampoco compro, me los regalan. No uso Spotify ni nada de eso, ¡tengo 30.000 discos! Escucho lo que me gusta. Cada Navidad me regalan unos cuantos nuevos...

Pero bueno, me sigue gustando. El otro día le pregunté a mi nieta Lucía, que nunca ha ido a un concierto y tiene 12 años, si quería que le llevara a uno. En seguida su padre me dijo: “¿No será heavy?” [risas]. Así que le saqué entradas para Katy Perry. Vamos a ir, abuelo y nieta, a su primer concierto. Yo no iría solo a verla porque ni me gusta ni me interesa, pero lo hago encantado por ella. Un concierto así impresiona con sus números, luces, coreografías… Supongo que va a quedar impactada.

Aparte de que yo ya no bailo, tengo que estar sentado porque no aguanto tanto de pie [risas].

Los años no pasan en balde...
Cada vez me gusta más escribir pero cada vez tengo menos tiempo. Quiero decir, tengo todo el tiempo del mundo y me sobra aún para ir al fútbol, para ver a mis nietas… Pero claro, mi tiempo es limitado, tengo 70 años y hay amigos míos que se están muriendo a mi edad. Por eso sé que tengo menos tiempo para escribir y como es lo que más me gusta hacer…

¿Y sus memorias musicales para cuándo?
No, porque no puedo demostrar nada. En la Fundación [Jordi Sierra i Fabra] hay unos murales con cientos de entradas de conciertos en los que seguramente antes o después he estado con el artista y a muchos les entrevisté, aunque a otros no: Dylan, Bowie, Michael Jackson...

Tengo 30.000 discos y ninguno firmado. He estado con todos los grandes del rock en los años 60 y solo tengo unas 15 fotos que me han hecho y me han dado, si no, no las tendría. Y ahora están todos muertos: Leonard Cohen, Freddie Mercury… ¡Cómo me arrepiento de no haberlo hecho!

¿Qué le pareció el Nobel a Dylan?
Yo lo vi como un premio a mi generación, a los que en los 60 luchamos por algo. Así que lo comparto porque yo era muy dylaniano, luché contra la censura en España… Es una bofetada al mundo cultural erudito y serio. Además, lo clavé: “Si va a buscarlo, no será Bob Dylan”, dije. La mejor frase la dijo Leonard Cohen: que era "como darle un premio al Everest por ser la montaña más alta".

¿Usa redes sociales?
No tengo Facebook, ni Twitter ni Instagram, para mí es ruido. El año pasado en una entrevista me preguntaron por qué y les dije: "Para un autor como yo, excesivo y que le guste escribir sin cortapisas, hacer algo en 140 caracteres es como pedirme que haga el amor en 2 minutos 8 segundos, ¡no se puede!".

Yo tengo un chat del grupo de la fundación y la mayor parte de cosas que me envían no las abro, no las leo… son chistes. Cuando me mandan vídeos y veo que duran 6, 8 minutos… ¡Eso es un folio que me escribo, paso!

En su momento cuando lo vi pensé que iba a ser una esclavitud. Hay gente que se dedica a buscarle me gustas y seguidores a las niñas a cambio de dinero, para que se sienta bien. Antes era “tanto tienes, tanto vales” y ahora, casi peor, “tantos seguidores tienes, tan imporante eres”. Es demencial.

Una amiga que tiene un blog me dijo el otro día: "Jordi, es terrible, cuando hablo de un libro tuyo tengo mil visitas, pero si es de Truman Capote, tengo 15. Voy a tener que hablar solo de libros tuyos…". ¿Estás traumada porque no te leen? No te traumes, querida.

La gente joven piensa que no tengo redes porque soy un viejo y no, es porque desde el primer día pensé que era ruido y a mí no me interesa perder el tiempo con nada. Cuantos más años tengo, más me gusta dedicar mi tiempo a escribir… y a viajar para poder pensar y luego escribir sobre ello.

¿Alguna vez sentirá que ya ha escrito todo lo que tenía que decir, como le pasó al ya fallecido Philip Roth?
Seguro que no. Mi meta es vivir 100 años y morir escribiendo. Mi mentor, mi padre literario, Francisco González Ledesma, tuvo un ictus y estuvo cuatro años en una silla sin poder escribir… Yo no quiero eso. Lo que hizo Hemingway de pegarse un tiro lo entiendo perfectamente: si no puedes hacer lo que más te gusta en la vida, si no puedes ser escritor… Me asusta quedarme incapacitado y espero poder terminar el libro que tenga entre manos antes de morir.

Cuanto tengo una idea la apunto en un papel, a mano. Los guiones también los hago a mano, aunque luego los desarrolle en el ordenador. Si al cabo de una semana o un mes esa idea me sigue machacando, la paso al listado del ordenador donde tengo las ideas posibles. ¿Sabes cuántas páginas tiene ese listado? Catorce. Solo de ideas. Podría seguir escribiendo 20 años más con lo que tengo. Algunas se quedarán en el cajón. Soy un enfermo de la palabra escrita. No puedo dejarlo.