Kameron Hurley
La escritora Kameron Hurley. JORGE PARÍS

"Las mujeres siempre han sido geeks. Han sido gamers y escritoras, lectoras de cómics y fans apasionadas, desde Conan el Bárbaro hasta Star Trek, ¿a qué se debe la reacción negativa?". Se lo pregunta, de manera retórica, la feminista y escritora Kameron Hurley (Washington, EE UU, 1980), que acaba de publicar la obra de ensayos La revolución feminista geek (Alianza).

El no a las mujeres y el uso del término geek exclusivamente para el hombre es parte de lo que lleva a la autora a la exclamación y, aún más, a esta obra. Porque no es patrimonio del género masculino: Las chicas también son frikis. Ella ha usado la ciencia ficción en sus novelas y piezas cortas y, sobre todo, en Las estrellas son legión para plantear un feminismo que sirviera y sirva de modelo a un futuro en el que ellas sean las que ganen. Es más, usó con humor lo que quisieron que le molestara para rebautizar la obra como Lesbianas en el espacio.

Un universo en el futuro donde solo haya mujeres es uno de los planteamientos que se le han ocurrido a esta autora, que tiene anécdotas varias –y, por supuesto, no exentas de machismo– de lo que ha vivido con sus escritos.

"Ha habido gente que no se ha dado cuenta de que no salían hombres en mi obra hasta la mitad", cuenta. Y otra más seria: "Un editor me pidió que quitara la violación a un hombre que relato en una de mis novelas". ¿Y si hubiera sido la violación a una mujer?, le planteamos. "No lo pregunté, pero sí que te digo que fue una mujer editora la que publicó esa obra y por supuesto con esa violación. De ninguna manera la habría quitado. Porque era necesaria, no se trataba de una cosa gratuita". Lo defiende: "Las historias se escriben con mucho cuidado para que todo tenga sentido".

Hurley, que ha venido a España para participar en el Festival Celsius 232 (que empieza hoy) y presentar su última obra de ensayos, La revolución feminista geek, dice que gracias a la ciencia ficción el mensaje feminista es más sencillo de transmitir. "Nadie quiere que le sermoneen, por eso con una novela es mucho más fácil llegar", opina.

Aunque en esta ocasión se trata de un libro de ensayos. "Sí, pero fíjate que con alguna vuelta que otra en ellos. Hay uno, por ejemplo, que se convirtió en viral cuando lo publiqué en internet y estoy segura de que tuvo tanto éxito porque en vez de mujeres puse llamas como protagonistas del tema".

Como referente de la ciencia ficción y la fantasía feminista coincide en que al final, y aunque haya distintos adjetivos, esta carrera tiene el mismo destino: queremos, debemos, podemos ser iguales que ellos. La estadounidense ha sufrido desde niña ese mundo machista que denuncia, una mala manera ya histórica de invisibilización: "Siempre se nos tacha de locas, histéricas...

A ellos no. Ha habido un retroceso increíble en los últimos cinco años. Parecía que ya éramos iguales cuando se ha producido. Y aunque hay gente que dice que en cinco años se avanzará, yo no creo que eso pase hasta dentro de treinta".

La niña que no quería ser como las demás y que creció creyendo que sería igual que los hombres se encontró, antes de tocar con las manos esa supuesta igualdad, con un mundo donde ella no sería tratada de la misma forma y sería discriminada laboralmente, sin piedad y desde el principio.

"De niña me decían: todos los seres humanos somos iguales. Y luego llegabas al trabajo y te trataban como a alguien peor. No me iban a ascender y a mis compañeras, tampoco". Otro punto crucial en su vida fue cuando a los veinte años descubrió la ciencia ficción feminista.

Y fuera de esa ficción feminista, ¿cómo imagina el futuro? "Como mínimo, el equivalente a Star Trek. Hay que soñar a lo grande"