Ringo Starr vuelve a Barcelona 53 años después, desafiando al tiempo

El exbatería de The Beatles, Ringo Starr, durante su actuación en el Palau Sant Jordi de Barcelona.
El exbatería de The Beatles, Ringo Starr, durante su actuación en el Palau Sant Jordi de Barcelona.
QUIQUE GARCÍA / EFE

Si las 4.200 personas que se reunieron este martes en Barcelona para ver a Ringo Starr querían revivir la emoción de estar ante The Beatles, no lo consiguieron, pero si querían que una banda de buenos músicos les hiciera recordar los viejos tiempos, salieron servidos.

Ringo Starr no subía a un escenario en la capital catalana desde el 3 de julio de 1965, año del mítico concierto de The Beatles en la Monumental. Quizás por eso cuando apareció en el Palau Sant Jordi la ovación fue tan larga y sentida y las caras de algunos mostraban ilusión y pasmo al mismo tiempo, como diciendo "¡no me lo puedo creer, Ringo Starr es real!".

Situado de pie en medio del escenario, un lugar que se le hace raro tanto a él como a sus seguidores, el batería de la banda más mítica del siglo XX empezó el concierto cantando Matchbox,de Carl Perkins, un aviso de que el espectáculo no iba a ser un remake del de La Monumental y, aunque algo de remake tuvo, solo sonaron cuatro temas de The Beatles.

Con sus inevitables gafas de sol, el pendiente en la oreja izquierda, como siempre, y el pelo negro como en los setenta, Ringo Starr dejó con la boca abierta al personal porque, realmente, para él no pasa el tiempo.

Los mitómanos no se sorprendieron, para ellos Ringo Starr es un semidiós y por lo tanto es normal que no aparente los 77años que tiene, pero a todos ellos el corazón se les aceleró cuando en el tercer tema se dirigió al lugar donde siempre le han visto, su trono: la batería.

Pocas veces una batería ha estado situada tan alta y tan céntrica en un concierto de rock, y muchas menos un baterista ha liderado una banda de leyendas de la músicas, como hizo este martes Starr.

Protagonismo compartido

Aunque lo cierto es que el de Liverpool cedió la primera línea durante buena parte del concierto y, aunque los miembros de la banda insistieron en recordar que el jefe y el "héroe" era Ringo, lo cierto es que el protagonismo fue compartido.

El primero en coger el testigo fue Graham Gouldman, cantante de 10cc, que interpretó Dreadlock Holiday, justo después de que Ringo Starr cantara uno de sus temas postbeatles, It Dont't Come Easy.

El siguiente en ponerse al frente de la banda fue Gregg Rolie, vocalista de teclista de Santana, que interpretó Evil Ways.Después le tocó el turno a Steve Lukather, guitarrista de la banda Toto, que cantó Rosanna,y finalmente Colin Hay, de Men At Work, llevó la voz cantante en Down Under.

Cuando ya parecía que Ringo Starr había tirado la toalla en lo que a liderar bandas se refiere llegó el momento de Yelow Submariney los beatlemaniacos volvieron a saltar de sus sillas, ya que todas las entradas eran de asientos numerados.

Asientos vacíos

Los organizadores adecuaron el Palau Sant Jordi, con capacidad para 18.000 personas, a las 5.000 localidades del aforo previsto, de las cuales 800 no se vendieron.

El recinto se veía algo vacío, pero no hay mal que por bien no venga y los mitómanos pudieron ver a Sir Ringo Starr de cerca y con comodidad. Algunos casi lo tocaron, porque Steve Lukather hanimó a la gente a levantarse y algunos aprovecharon para correr a la primera fila.

El propio Lukather pidió después a los miembros de seguridad que hiciera sentar al público y fue chocante ver como un par de hombres de cincuenta años, con aspecto formal, se negaban y eran expulsados a la fuerza, algo que quizás no les pasaba desde que tenían 20.

Durante el concierto sonaron temazos de Santana como Black Magic Woman,de Men at Work como Who Can It Be Now?,de Toto como Hold the Line, o de 10cc como I'm Not In Love.

Pero los mas aplaudidos fueron Photograph, de Ringo Starr, y With a Little Help from My Friends, de The Beatles, como no podía ser de otra manera en un concierto de Ringo Starr, 53 años después.

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