Me duele en mi alma friki decirlo, pero Infinity War no es la película de Marvel definitiva. Puede que la culpa sea de las altas expectativas –eso a lo que hoy nos gusta llamar hype–, del enorme reparto o de que los propios hermanos Russo ya habían puesto el listón muy alto con sus películas sobre el Capitán América, pero lo cierto es que a esta orgía de acción y efectos especiales le falta un punto de épica, emoción y genialidad que sí tienen otras cintas de superhéroes previas.

Que nadie se quivoque, esta nueva Vengadores derrocha diversión (sobre todo el primer tercio), espectáculo (sobre todo el último tercio) y contenido fanservice. Sin embargo, el tramo central, algo más espeso y sin gracia,la escasa profundidad de algunos hilos argumentales, la ausencia de un par de personajes y el hecho de que –lo siento– nunca estén todos juntos en pantalla, hacen que la película no sea redonda.

Insisto, son muchos más los aciertos que los errores (y "error" es una palabra demasiado cruel en este caso). Para empezar, se mantiene la esencia de todos y cada uno de los héroes. Son tantos que no se puede poner demasiado el foco en ninguno de ellos. Tampoco hace falta, ya son viejos conocidos. Vuelven a brillar, principalmente gracias al humor, Iron Man, Spider-Man y los Guardianes de la Galaxia.

Pero hacía falta una estructura con más calado para que el largometraje fuese algo más que una colección de gags o un videoclip, y los Russo, con gran inteligencia, han tomado el complicado reto de gestionar un reparto con decenas de actores de Hollywood y sendos personajes carismáticos y lo han hecho girar todo en torno a una sola figura, la de Thanos, el temible y poderoso villano.

Él es el protagonista de Infinity War, un titán loco, un genocida que busca el equilibrio del universo utilizando la muerte como medio para controlar la vida, un nihilista megalómano que es mucho más que un muñeco grande y azul destinado a servir de punching ball para los buenos de la peli. Su objetivo es encontrar las seis gemas del infinito, una serie de piedras místicas que, unidas en su guantelete, le permitirían dominar la existencia.

En cierto sentido, el filme es más su periplo en busca de las gemas que los esfuerzos de los héroes de la Tierra por impedir que las consiga. Thanos no está desprovisto de alma, tiene emociones y una fuerte determinación, y demuestra inteligencia. De hecho, sus acciones más destructivas no obedecen a pura crueldad ni a un deseo de dominio absoluto sino que persiguen un fin, descabellado pero no irreflexivo.

De este modo, el titán no solo sirve como núcleo de la historia sino que eleva, y mucho, el nivel de los villanos del Universo Cinematográfico Marvel, que es con diferencia uno de los puntos donde más flojea.

Podríamos decir que Infinity War es una estupenda producción de superhéroes, pero no la película que cierra con broche de oro la macroaventura que comenzó hace ya diez años, con el Iron Man de Jon Favreu (2008). Y esto es bueno en realidad, porque significa que la puerta sigue abierta y que aún quedan por delante Ant-Man y La Avispa (4 de julio), Captain Marvel (8 de marzo de 2019) y una nueva Vengadores (3 de mayo de 2019) que esta vez sí debería ser el colofón de la Fase 3 de Marvel y un gran fin de fiesta para los espectadores y, probablemente, también para muchos de sus personajes.

Por cierto, en esta ocasión solo hay una escena postcréditos y tiene lugar a los 8 minutos de acabar la película, pero merece la pena esperar.