El pasado viernes, Alejandro y Pilar Robles, más conocidos por el público como Jirafa Rey y Lapili, se convirtieron en los protagonistas del último fenómeno viral español gracias a su interpretación en el programa Factor X del tema Cómeme el donut, una canción que parecía producir cierto rechazo inicial pero que acabó conquistando al público y también al jurado (de hecho fue Risto Mejide quien acabó dándoles el sí definitivo).

Desde entonces muchos los han tachado de frikis y los han comparado con otros personajes peculiares que alcanzaron la fama a través de los talent shows, pero la realidad es que ni estos dos primos son unos payasos ni Cómeme el donut es una tontería hueca sin sentido.

De hecho, uno ya empieza a sospecharlo cuando le presta atención a la letra y escucha frases como "Lo que tú me digas, a mí me patina, lo que hago es difícil como letra china. Adivina quién es la más divina, esto es un nuevo reto pa' tu retina". Una breve charla telefónica con Pilar confirma las sospechas.

La joven ha explicado a 20minutos el trasfondo de Cómeme el donut, que está vinculado con su formación en danza. "Nosotros trabajamos mucho la transdisciplina artística: la performance, la filosofía, el happening, las danzas urbanas..., y una de las danzas urbanas en las que yo siempre he estado más interesada y sigo muy conectada es la que viene de la cultura jamaicana, el dancehall, que es un movimiento musical pero que además lleva consigo un contexto cultural", explica.

"En el dancehall, casi todas las letras tienen un contexto muy homófobo y sexista, y es muy normal que se remarque en la intro que las relaciones tienen que ser de un chico con una chica, que dos chicos o dos chicas está mal, y se valora sobre todo al hombre que no hace sexo oral a la mujer. La mujer está obligada a hacer sexo oral al hombre pero el hombre no debería hacérselo a la mujer porque se considera que se le está cediendo el poder a la mujer y otra serie de tonterías que no tienen mucho sentido, pero ellos lo remarcan todo el rato en las letras", cuenta la joven.

Lapili, que asegura que ha trabajado con mucha gente de Jamaica y ha conocido a muchos que defienden esa postura, ha debatido innumerables veces sobre el tema. Finalmente, junto a su primo, decidieron sacar adelante Cómeme el donut como una reacción a todo eso.

La unión artística de ambos comenzó en 2015 y parecía algo inevitable. Pilar cuenta que siempre ha sido "muy admiradora del trabajo de Alejandro". "Él lleva desde muy pequeño metido en la poesía: tiene un montón de poemarios, se le premió en la Bienal de Milán, ha estudiado filosofía y siempre ha estado en el entorno de las humanidades y de la performance", relata.

Cuando estudiaban, ella siempre le apoyó e sus proyectos y él estaba al tanto de los trabajos de ella en diseño y baile, pero no parecía muy interesado por esto último: "Él era muy serio con todo lo que hacía –¡cómo no iba a serlo vieniendo de estas disciplinas?–, y yo siempre he estado muy relacionada con las danzas urbanas, con el twerk, con el dancehall, con los afrobeats, con danzas muy sensuales... y eso a él al principio no le llamaba mucho".

Sin embargo, tras la insistencia de su prima, pasó de estar "harto de que le enseñase vídeos de mujeres moviendo el culo" a convertirse en un maestro del twerk, un movimiento que le ayudó a ganarse al público de Factor X.

Eso acabó de unirlos y dio pie a la creación de Glitch Gyals, un dúo artístico muy alejado de la banalidad. "Nosotros a la hora de crear necesitamos un proceso muy largo, una investigación de lo que estamos haciendo. No nos gusta quedarnos en la superficie sino que necesitamos un trasfondo, ir más adentro. Utilizamos muchísimo la experimentación artística y, a partir de ahí, vamos probabndo y desarrollando a través de la creatividad", cuenta la artista.

Interés por la danza y el diseño

El estilo de la pareja tiene nombre propio y único, glitch (de ahí el nombre del dúo), y tiene su origen en la cultura musical de Pilar. Ella siempre se ha enfrentado a la realidad de que "dentro de las danzas urbanas, aunque no lo parezca, existen muchos purismos. Está muy mal visto que se fusionen danzas, o que no se baila la danza que corresponde a equis estilo de música".

"Yo vengo bailando desde hace un montón de años muchos tipos de baile diferentes, pero con un estilo muy propio, muy mío, que surge precisamente de haber podido experimentar con los diferentes tipos de danza y haberlas podido unir. Se me veía muy mal dentro de 'lo académico', por llamarlo de algún modo. Se me miraba muy mal por hacer este tipo de fusión, y yo hablaba mucho con mi primo sobre esto, y tenerlo a él con todo ese soporte teórico hizo que pudiésemos crear el glitch", explica.

No es el único prejuicio al que han tenido que hacer frente, también al de apropiación cultural, que es una acusación a la que tanto ella como su primo se han tenido que enfrentar a veces. "Yo no le encuentro mucho sentido. Cuando salió el tema Work, de Rihanna, se presentó como un tema de tropical house, pero el ritmo que tiene ese tema es totalmente de dancehall de Jamaica. Para ella no hubo ningún tipo de repercusión de este tipo porque todo el mundo la adora, pero si por apropiación cultural entendemos estar sacando dinero de una cosa que no es tuya y te estás apropiando de ello, ese sería el mejor ejemplo. Porque, dime tú qué saca por ejemplo una chica de Málaga de trenzarse la cabeza. Al revés, está pagando", reflexiona.

Otro de los pilares del dúo es la moda, que también corre a su cargo. Ella se encarga del estilismo de varios artistas del panorama underground español, tiene una marca de joyería y está muy volcada en el diseño textil. "Trabajo mucho en el proceso de upcycling, que no se conoce apenas en España pero que consiste en reutilizar materiales que se consideren en desuso y aplicarlos para crear un producto de mayor valor", cuenta.

"Esto va en torno al tema del reciclaje textil, de que no se siga aumentando el nivel de basura en el planeta. Casi todos somos consciente de todo lo que hay detrás de las industrias textiles masivas. Yo hace muchos años que no consumo ninguna de estas cosas. También se hace una referencia a esto en Cómeme el donut: 'Voy con mi prima, pero no vamos al Primark'", detalla.

Lapili hace tapices, inventó un tipo de telar por el que ganó un premio y es la creadora del visón vegano, que consiste en "la elaboración de un abrigo con fibra de junco simplemente con las manos y los medios que nos da la naturaleza, como algo muy primigenio, acercándonos a lo que serían los tejidos de la prehistoria".

"Hablo de eso, de cómo puede ser que se conserve la primera fibra de lino de la historia, que es de Egipto, y que una camiseta del Zara en dos lavados ya tenga agujeros. O cómo puede ser que en la Prehistoria la gente sabía tejer, como algo lógico, que estaba en la cabeza de todos, y actualmente nadie sabe cómo está hecho un tejido. Trabajo mucho en esa línea", comenta.

Dentro de poco, esta joven comprometida con el medio ambiente y que reconoce no tener televisión desde hace años, tendrá que hacer una pausa en sus proyectos para volver junto a su primo a Factor X. Ya tienen muy claro lo que harán, aunque no quieren revelar nada. Eso sí, asegura que repetirán "con algo muy potente". Muy difícil lo tienen para superar el éxito del donut, que ya se postula como una de las favoritas para canción del verano, pero viendo la capacidad creativa de estos primos, todo es posible.