Presentación del hallazgo
Presentación del hallazgo MUSEO/EUROPA PRESS

Su estudio ha sido posible gracias a la utilización de algunos de los equipos más sofisticados disponibles actualmente e incluso ha desvelado que todo hace indicar que murió nada más salir del huevo. Así, entre otros, se ha recurrido a dos sincrotrones en los que, mediante la energía residual de aceleradores de partículas, se pueden capturar detalles minúsculos de los fósiles en tres dimensiones, según ha informado en nota de prensa el Gobierno regional.

El consejero de Educación, Cultura y Deporte, Ángel Felpeto, que ha presentado este nuevo hallazgo junto al vicepresidente primero del Gobierno regional, José Luis Martínez Guijarro, y los paleontólogos José Luis Sanz y Francisco Ortega, ha avanzado que esta pieza se expondrá en el Museo de Paleontología de Castilla-La Mancha, donde se convertirá en un "valor añadido".

Asimismo, el consejero ha incidido en la importancia de que el patrimonio paleontológico de la región se convierta en uno de sus grandes atractivos, tanto a nivel cultural y de investigación, como desde el punto de vista turístico.

Felpeto también ha destacado el aumento de visitas que ha experimentado el Museo Paleontológico, y en este sentido ha subrayado que si se comparan el número de visitas al Mueso en el mes de enero de este año con el del año pasado, éste se ha incrementado en 5.313, pasando de 1.993 en 2017, a 7.306 en 2018. "Un incremento todavía mayor si lo comparamos con 2016, cuando el número fue de 1.807", ha añadido.

En lo que se refiere al mes de febrero, ha continuado Felpeto, el incremento en número de visitas también ha sido significativo, "se ha pasado de 3.008 visitantes en 2017 a 5.101 en 2018. Es decir, 2.100 visitantes más. Un dato que también crece con respecto a 2016, cuando el número fue de 2.311".

UN POLLO DE CABEZA ENORME Y OJOS GRANDES

En las tres últimas décadas, la paleontología ha conseguido una información cada vez más precisa sobre el origen y evolución temprana de las aves. De hecho, actualmente se conoce que un grupo de aves extinto, denominado enantiornitas, ya era diverso y abundante en los ecosistemas cretácicos. Aunque se conocen muchos aspectos de sus relaciones de parentesco, su modo de vida e incluso de su forma de volar, la información sobre su reproducción y crecimiento es todavía escasa.

En el sincrotrón de Grenoble, en Francia, se ha podido reconstruir la ultraestructura del hueso de este minúsculo animal por micro-tomografía computarizada. De esta manera, se sabe que el tejido óseo del húmero, el hueso más largo del ala, tiene las características típicas de un ave joven y de crecimiento rápido.

El análisis virtual de la estructura del hueso muestra la presencia de una única capa externa de hueso y la ausencia de líneas de parada de crecimiento, lo que indicaría que el esqueleto estaba creciendo a gran velocidad. Además, la cabeza, el único fósil de ave hallado en Las Hoyas con el cráneo intacto, es enorme respecto al cuerpo, y tiene unas grandes órbitas que albergarían unos ojos también relativamente grandes, como corresponde a un individuo en sus primeras fases de desarrollo.

Otro aspecto relevante de este estudio muestra como el ritmo de osificación del esqueleto es claramente distinto al de las aves actuales. El esternón está incompletamente osificado mostrando que existe una gran variedad en los ritmos de osificación del esternón con respecto a la columna vertebral en las enantiornitas. Otro dato relevante es que el esqueleto ha preservado parte de una cola que ya cuenta con diez vértebras libres.

Las enantiornitas adultas sólo tienen ocho vértebras libres en la cola, mientras que el resto se fusionan en una estructura denominada pigostilo, como en las aves actuales. El fósil de Las Hoyas no conserva el final de la cola, pero el elevado número de vértebras libres podría indicar que la formación del pigostilo de las enantiornites se produciría después del nacimiento de los pollos.

Por otro lado, el sincrotrón de la Universidad de Stanford (California, Estados Unidos) ha permitido realizar mapas de elementos químicos procedentes de los tejidos fosilizados. El fósforo forma parte de la composición del hueso, y su mapeo permite delimitar con precisión el contorno de los huesos del minúsculo esqueleto. El fósforo de los huesos del pollo de Las Hoyas está presente en concentraciones muy semejantes a las de los esqueletos de las aves actuales, lo que indica el enorme potencial de preservación del yacimiento conquense.

El fósil, hallado en el año 2004 en el yacimiento conquense de Las Hoyas, ha sido estudiado por un equipo multidisciplinar compuesto por investigadores de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis (España), Museo de Historia Natural de Los Ángeles (EEUU), Universidad de Manchester (Reino Unido), Universidad de Upsala (Suecia), Sincrotrón Europeo (Francia), College of Charleston (EEUU), Universidad Nacional de Educación a Distancia (España), Universidad de Málaga (España) y Universidad Autónoma de Madrid (España). Este hallazgo ha sido publicado en una revista de primer orden científico como es Nature Communication.

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