Rueda de prensa de Tabarnia en Madrid
Miembros de Tabarnia mostrando su bandera. EFE

Tabarnia salta de las redes sociales a las calles. El movimiento que se hizo viral en internet por su defensa de la unidad de España y por confrontar al independentismo catalán con ironía y satira, anunció este martes en Madrid la convocatoria de una primera gran manifestación en Barcelona, que tendrá tendrá lugar el próximo domingo 25 de febrero.

El portavoz de este movimiento, Jaume Vives, explicó que se trata de una movilización por "los derechos, las libertades y la dignidad", que comenzará a mediodía con una ofrenda floral a Rafael de Casanova, para posteriormente dar paso a una copla de sardanas que interpretarán el himno de España y desplazarse hasta la plaza Sant Jaume de la Ciudad Condal.

Para el dramaturgo Albert Boadella, autodenominado "presidente en el exilio" de esta región imaginaria que abarcaría buena parte de las actuales provincias de Barcelona y Tarragona, Tabarnia representa "los anticuerpos" ante la "epidemia" independentista. Los tabarneses, dijo, "han roto el silencio y han empezado a hablar sin medio". "Tabarnia es catárquica. Puede dar gran resultado", comentó.

Boadella subrayó que Tabarnia, por su capacidad de hacer una labor "alegre, divertida y didáctica" que muestre a los ciudadanos "lo que está sucediendo" y el absurdo del independentismo, "es quizá la única terapia posible, más que los 155 y las cárceles", que a su juicio "tampoco están de más y son enormemente pedagógicas". "El humor es el gran antídoto contra el fundamentalismo", agregó.

El autoproclamado presidente quiso dejar claro este martes que "los partidos no tienen nada que ver" con Tabarnia, y que en la plataforma están "atentos" para que no se produzca "una contaminación política determinada" y para que el mayor número de ciudadanos posible pueda sentirse cómodo como tabarnés. "Amplitud ideológica total. Los únicos que no caben son los nacionalistas", resumió.

Pese a su optimismo con respecto a la proyección de Tabarnia, Boadella admitió que el "punto de demencialidad" al que se ha llegado en la situación política catalana implica un riesgo de "empobrecimmiento galopante de toda una comunidad" y que "en pocos años" podría conducir a Cataluña "al tercermundismo", un peligro de que Tabarnia quiere "salvar" a los ciudadanos catalanes.

"Desde fuera es muy difícil de comprender cómo se ha llegado hasta este punto y cómo se ha permitido", lamentó Boadella, quien reprochó al Gobierno central y al Estado que no hiciera más para frenar el auge del movimiento secesionista durante los "30 años de adoctrinamiento" que han sufrido los catalanes, adoctrinamiento que ejemplificó con los casos de TV3 y la escuela catalana.

Sobre los medios, dijo que "TV3 es una cadena de televisión única en Europa" por la "perversidad de sus mensajes", su "astucia" a la hora de colocarlos "en todas partes" y su extraordinaria "desfachatez", y que, además, el Estado nunca ha "contraprogramado" su "contaminación". De la educación pública comentó que fue un "error garrafal" transferir las competencias a las comunidades autónomas.

Por todo ello, pronosticó que el procés "acabará mal", que costará mucho "reconstruir la trama de afectos" y que se producirán "peleas fraticidas", pues se han "pervertido las normas", lo que abre la puerta a la "autodestrucción". "Esto va a durar mucho tiempo, no piensen que esto se acaba mañana: [los independentistas] estarán un tiempo tranquilos, y al de tres meses volverán", advirtió.

A preguntas de los periodistas, Boadella, que deseó que no se produzca ningún brote de violencia aunque admitió que es una "posibilidad", calificó al expresident Carles Puigdemont de "aprovechado" y consideró que tiene un "pánico cerval" a pasar "un solo día" en prisión. "No sería un buen alumno mío: si estuviera en una escuela de payasos, sería desechado", zanjó.

El portavoz de Tabarnia, Jaume Vives, calificó por su parte a Puigdemont de "cadaver político", y reclamó un "presidente que gobierne". Boadella y Vives estuvieron acompañados este martes por Miguel Martínez, miembro de Barcelona is not Catalonia, que pidió acabar con las subvenciones a medios y entidades secesionistas, y por el periodista Tomás Guasch, autoproclamado ministro de Deportes de Tabarnia.