Evento benéfico con acusación de acoso contra las azafatas
Evento benéfico con acusación de acoso contra las azafatas. FINANCIAL TIMES

La polémica sobre el acoso sexual a las mujeres ha alcanzado en Reino Unido a uno de los eventos benéficos más arraigados, al que están invitados hombres de negocios, de gran relevancia nacional e internacional, personalidades de la política, el deporte, los medios de comunicación y las artes. Lo organiza desde hace 33 años el President's Club, una fraternidad de la élite británica, para recaudar fondos en beneficio de los hospitales infantiles. Pero solo invita a hombres.

En la gala de este año, que incluye cena, subastas y actuaciones musicales, dos periodistas del diario Financial Times consiguieron colarse como azafatas y han denunciado numerosas situaciones de acoso, abuso y la objetivización de las 130 mujeres que fueron contratadas por horas para hacer compañía a los ilustres invitados.

Los hechos denunciados por las periodistas llegan precisamente en el momento de mayor concienciación global contra el acoso de los hombres poderosos a las mujeres, y van desde obligar a las azafatas a beber alcohol, hacerles bailar encima de una mesa, cogerlas de la mano durante la gala, levantarles la minifalda, hacerles proposiciones o incluso enseñarles el pene.

Las periodistas explican que una agente de publicidad con mucha reputación en el país es la encargada de reclutar a las azafatas. El requisito para poder presentarse a esta oferta de trabajo es ser "alta, delgada y guapa". La mayoría eran, según cuenta el Financial Times, estudiantes que buscan un dinero extra para pagar las tasas o el alojamiento, o actrices. A todas se les obliga a llevar ese día un minivestido negro, con tacones y lencería a juego. La organización también les retiró el teléfono móvil y les obligó a firmar un contrato de confidencialidad sin dejarles leerlo o guardarse una copia.

El citado diario británico habla de numerosas personalidades entre los 300 hombres invitados a la gala de la semana pasada. Asegura también que entre los objetos subastados al mejor postor había desde una comida con el exalcalde de Londres Boris Johnson hasta un cupón para una operación de cirugía estética, que fue publicitada como lo mejor para mejorar las relaciones con sus esposas. Esa noche se recaudaron dos millones de libras.

Las periodistas hablaron con varias de las azafatas, algunas de las cuales dijeron que les levantaron la falda, que les obligaron a sentarse encima de sus rodillas, o que les preguntaron directamente si eran prostitutas. También vieron que había hombres de seguridad contratados por la organización que les regañaban si se entretenían en el servicio y que les conminaban a acercarse más a los invitados.

Durante las seis horas que duró la velada, incluida la fiesta posterior a la cena, las mujeres recibieron todo tipo de "comentarios lascivos y peticiones para acompañar a los asistentes a alguna habitación del Dorchester", según describe la periodista Madison Marriage.

"Había manos que subían por las faldas y manos en los traseros, pero también manos en las caderas, en el estómago y brazos que te rodeaban la cintura de improviso", relató la periodista en una entrevista con la BBC.

Para el reportaje, el hotel que albergó el evento, informado de los abusos, emitió un comunicado en el que afirma no conocer dichas acusaciones de acoso y vejación y que se compromete a apoyar cualquier investigación que lleven a cabo las autoridades. Los organizadores, el President's Club, destacan que esa noche se recaudó mucho dinero para los hospitales infantiles. Sobre el acoso denunciado hacia las mujeres afirma que es algo "inaceptable".

Dimisiones y críticas

Tras revelarse el escándalo, un alto cargo del Ministerio de Educación británico ha presentado su dimisión por haber ayudado a organizar la polémica cena. David Meller, miembro no ejecutivo del consejo de dirección del departamento de Educación desde 2013, ha abandonado su cargo.

Un portavoz de Downing Street, despacho oficial de la primera ministra, la conservadora Theresa May, afirmó que la jefa de Gobierno se siente "incómoda" ante las informaciones que se han publicado sobre la cena y subrayó que se trata "de un evento al que ella no podría haber sido invitada".

La secretaria de Estado de Educación, Anne Milton, cuestionada sobre el asunto en la Cámara de los Comunes, afirmó por su parte que la dimisión de Meller, uno de los organizadores de la cena, fue la decisión "correcta".

"Me parece bastante extraordinario que en el siglo XXI todavía emerjan alegaciones de este tipo. Las mujeres tienen derecho a sentirse seguras en cualquier lugar en el que trabajen", afirmó la secretaria de Estado.