Marcel Duchamp y Salvador Dalí jugando al ajedrez
Marcel Duchamp y Salvador Dalí jugando al ajedrez. Fotografía de Robert Descharnes. ROBERT DESCHARNES

Tanto en la amistad como en el amor, muchas veces suelen primar las sintonías e intereses comunes entre los implicados sobre los valores compartidos. Dentro del mundo del arte, por ejemplo, un claro ejemplo de ello lo encontramos en la intensa y duradera relación que matuvieron dos genios del siglo XX como Marcel Duchamp (1887-1968) y Salvador Dalí (1904-1989).

Dos artistas en las antípodas en lo que a su manera de ver el arte se refiere pero que, sin embargo, compartieron una intensa amistad durante toda su vida. Para los que estén interesados en descubrir todos sus entresijos, una exposición en la Royal Academy of Arts (RAA) de Londres, titulada sencillamente Dalí/Duchamp, se sumerge de lleno en esta atípica relación.

"Duchamp era un hombre embarcado en una cruzada contra la comercialización del arte, mientras que Dalí hizo lo que estuvo en su mano para sacar el máximo de dinero posible; Duchamp era considerado como el padre del arte conceptual, mientras que Dalí fue un defensor de la pintura retrógrada", explica una de las comisarias de la muestra, Dawne Ades.

Aparentemente, nada parecía tener en común el padre del arte conceptual y el maestro del surrealismo, dos personalidades antagónicas en lo que al trabajo artístico se refiere pero que no tuvieron que rebuscar mucho para encontrar intereses comunes: entre ellos, la religión, el erotismo, el ajedrez y, sobre todo, el sentido del humor, la irreverencia y el escepticimo para desafiar las convenciones del arte y la vida. "El erotismo y el sexo como metáfora de la creación humana, ha sido tema central en la obra de ambos, así como uno de los puntos en común", comenta William Jeffett, otro de los comisarios.

Veranos juntos en Cadaqués

El erotismo y el sexo como metáfora de la creación humana, ha sido tema central en la obra de ambos, así como uno de los puntos en común

Los dos artistas se conocieron a principios de los años treinta a través del movimiento surrealista y su relación se prolongó hasta la muerte del francés en 1968. Duchamp solía visitar a su colega catalán en su casa de Cadaqués y pronto decidió alquilar una casa para pasar allí todos los veranos. "Tenemos a dos artistas unidos por una profunda amistad, cuyo arte, a priori, no se percibe como relacionado y quienes, sin embargo, guardan una fuerte conexión", añade Jeffett.

La muestra, que podrá verse hasta el 3 de enero de 2018, ha sido organizada por la Royal Academy y el museo Dalí de Florida (donde viajará posteriormente) con la colaboración de la Fundación Dalí de Figueres. Incluye alrededor de 80 obras de más de 25 colecciones distintas, entre ellas, algunas que raramente salen de su lugar habitual de exposición como El gran cristal de Duchamp (en este caso una versión de Richard Hamilton realizada con la aprobación del artista y cuyo original no se puede mover del Museo de Arte Filadelfia) o los cuadros monumentales de Dalí Cristo de San Juan de la Cruz y Aparición de una cara y un frutero sobre una playa.

También se pueden encontrar piezas menos relevantes pero de un gran interés como fotografías de Dalí, pinturas de Duchamp así como correspondencia y colaboraciones entre los dos artistas. La Fundación Dalí aporta ocho obras y 13 documentos entre los cuales se incluyen postales, fotos, manuscritos y un Je mange Gala (Las cenas de Gala) poco conocido y publicado hasta la fecha solo en catalán y castellano.

Dividida en varias secciones, destacan entre otras, The Body and the Object (El cuerpo y el objeto), donde queda patente la fascinación de los dos amigos por lo erótico; y Experimenting with Reality (Experimentando con la realidad), que muestra su visión artística sobre las nuevas ideas que circularon en su época sobre nociones como el tiempo, el espacio, la energía o la gravedad.