GRAFFITI EN SALAMANCA
El parque de Würzburg rejuvenece su aspecto gracias a los graffiteros. ICAL

Las pintadas sin control, realizadas de forma rápida y furtiva desde hace años en el salmantino parque de Würzburg acabaron con la imagen desoladora y abandonada de una de las zonas de recreo más importantes de la ciudad. Como contrapartida, un centenar de jóvenes demuestra que el graffiti puede ser un arte y ellos tienen corazón de artistas.

El II Festival de Graffiti permitió recuperar 2.000 metros de muros para que los graffiteros hicieran sus trabajos

Gracias al II Festival de Graffiti de Salamanca, celebrado hace un par de meses, se recuperaron y limpiaron más de 2.000 metros de muros para que sobre ellos puedan dar rienda suelta los seguidores de esta corriente del siglo XX que utiliza como lienzos las calles de las ciudades actuales.

Los participantes aseguran que no es lo mismo el tipo de pintadas que había antes, normalmente firmas rápidas que no respetaban graffitis anteriores, y como prueba muestran orgullosos sus dibujos de grandes dimensiones y que en ocasiones, desde lejos, parece que se salen de la pared a la realidad.

Trazos pensados, estudiados y perfectos van dando forma a los dibujos que semanas antes han creado en un papel. La dificultad, ahora, está en darle forma en una escala cientos de veces mayor.

Este parque ha sido históricamente el lugar elegido por los graffiteros para dibujar y parece que el resto de los usuarios se han acostumbrado. Es más, han aprendido a convivir con esta nueva forma artística y nada más entrar en la zona se puede apreciar cómo medio centenar de mayores juegan partidos de petanca a escasos metros de donde los jóvenes pintan e, incluso, en muchas ocasiones comentan a los autores que les gustan sus dibujos.

Muchos usuarios del parque se acercan hasta los graffiteros para interesarse por sus dibujos

Así lo explica uno de estos artistas, Pepo, quien asegura que muchos de ellos y otros que pasean por el parque se acercan, les preguntan y les llama la atención. Este joven salmantino reconoce que siempre venía a este parque de pequeño y le gustaba lo que veía en sus muros, por ese motivo empezó en este mundo, mientras dibuja la palabra Obús en la pared.

El encanto de un arte efímero

Es un arte efímero, está en la calle a expensas del tiempo y de cualquiera que lo quiera estropear, pero no les importa, porque, según afirman, tan sólo esperan que quede bien y puedan contemplarlo unos minutos, porque "está en la calle y es normal que se pueda dañar", añade el grafitero Daniel.

Lo que lamenta Daniel es que sólo se pueda pintar de forma puntual y en marcos como el del Festival, ya que a él le gustaría poder volver y arreglarlo cuando se deteriore.

Esta iniciativa organizada por el Ayuntamiento de Salamanca en colaboración con la Asociación Remolino de Arte, ha dado la oportunidad a 100 grafiteros de llevar a cabo sus proyectos, con una inversión de 7.672 euros.


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