Melendi la lía en un avión y acaba en comisaría
Melendi.

El cantante asturiano Melendi fue detenido por la Guardia Civil en la madrugada de ayer tras provocar que un avión de Iberia con destino a México tuviera que regresar a Madrid. Su actitud «agresiva y violenta» provocó que el comandante tomara esta decisión «ante la imposibilidad de garantizar su seguridad».

Según informó la agencia Efe, el cantante ovetense y un grupo de personas subieron al avión con «botellas propias y desde el principio se pusieron a beber» en clase preferente, pero manteniendo una «actitud agresiva y ofensiva» con el pasaje. Cuando, según Iberia, pidieron más bebida y se les negó, la actitud fue «todavía más agresiva», por lo que la tripulación avisó al comandante y éste decidió regresar a la capital dos horas después del despegue.

La promotora de Melendi asegura que éste sufrió un ataque de ansiedad por su miedo a volar, lo que le condujo a un estado de nerviosismo inusual en él. Desmienten, además, que hubiera intento de agresión o alcohol de por medio. El cantante, que viajaba a México DF para participar en un concierto el día 17, se encuentra en su domicilio y, de momento, libre de cargos.

Cuando era Guardiola

Aún hay quien lo recuerda con camisa de Ralph Lauren y pelo engominado. Aún hay quien lo llama Guardiola, por su parecido con el guapo jugador del Barça, y sueña con dos besos suyos a las puertas del Locar, en el Street o junto a la Andolina, en Oviedo. Dicen incluso que sus primeras rastas eran de pega, que lo de la rumba fue por casualidad y que lo escogieron por ser un diamante en bruto. El que fue compañero de pupitre de Fernando Alonso en el instituto ha sabido subir a lo más alto sin perder de vista los primeros escalones. No se despeina en salir como cualquiera y montarla como el que más, aunque para ello tenga que calzarse una capucha e ir de incógnito al bar de un colega donde, ya en la barra, no le falta una cerveza y algún que otro peta porque él siempre tiene «noticias de Holanda». Asturias es su casa y El Nano o Pablo Moro, sus colegas. Aún hay quien recuerda aquellas fiestas de tres días por todo el antiguo, las broncas de su madre, tardes y noches en La Maniega, San Mateos non stop, timbas sin freno en Madrid y alguna que otra identificación policial… Aún hay quien le sigue llamando Guardiola.