La actriz Carrie Fisher, que interpretara a la princesa Leia en la saga cinematográfica de Star Wars, ha muerto este martes, según hizo público su representante.

La intérprete, de 60 años de edad, había sido internada el viernes pasado en Los Ángeles, tras sufrir un ataque cardíaco en pleno vuelo, cuando su avión estaba aterrizando procedente de Los Ángeles. Su madre, Debbie Reynolds, aseguró el lunes pasado que la actriz permanecía estable.

El portavoz de la familia Simon Halls publicó una declaración en nombre de la hija de Fisher, Billie Lourd: "Con una tristeza muy profunda, Billie Lourd confirma que su amada madre Carrie Fisher falleció a las 8:55 de esta mañana", dice la declaración. "Ella era amada por el mundo y ella se extrañará profundamente. Nuestra familia entera le agradece por sus pensamientos y oraciones", añade la nota según People.

Durante todo el fin de semana, internet se volcó en mensajes de ánimo para Fisher, ídola de masas mundial por su papel como Leia Organa en la saga galáctica Star Wars; "que la Fuerza te acompañe" pasó de lema a petición por parte de los fans.

"Que la Fuerza te acompañe" pasó de lema a petición A pesar de su carácter mítico, su carrera estaba lejos de terminar. De hecho, según The Independent, ya había terminado de rodar sus escenas en el octavo episodio de la franquicia, que se estrena en diciembre del año que viene.

Se encontraba rodando la tercera temporada de la serie Catastrophe días antes de su ataque al corazón. Presentaba además su nuevo libro, The Princess Diarist, lanzado en inglés hace algo más de un mes y cargado de confesiones de primera mano.

Una vida marcada por las polémicas

Carrie nunca paró, a pesar de sus también confesos problemas con el alcohol y las drogas, que llegaron a su punto álgido en 1979, en pleno rodaje de El Imprerio contraataca, quinto episodio de la popular ficción y segundo en orden de estreno en cines. Se desahogó años después en una serie de novelas presididas por Postales desde el filo y, con la nueva era, en un blog sin pelos en la lengua en el que aseguraba que seguía viva porque "la cocaína no es tan fácil de adquirir como el alcohol".

En medio del torbellino mediático, siguió sumando papeles –en su mayoría secundarios- sin interrupción hasta mediados de los 2000, años durante los que trabajó con figuras de la talla de Woody Allen o Steven Spielberg.

No dio la espalda a la industria del cine, pero siempre fue crítica con Hollywood; en su última polémica, hace cerca de dos años, denunció las exigencias de Disney por las que se veía obligada a perder 15 kilos de cara al rodaje de El despertar de la Fuerza.

Se levantó también, como tantas otras veces, contra el carácter hipersexualizado de las mujeres en el mundillo, incluyendo la percepción del personaje con el que se alzó a la fama.

Su voz crítica suena de nuevo con fuerza en el esperado Diarios de una princesa, donde repasa en primera persona su vida durante los rodajes de La Guerra de Las Galaxias y su romance con su compañero de reparto Harrison Ford cuando tenía tan solo 19 años. Su publicación llegará a España de forma póstuma, casi como una carta de despedida.