La malagueña Vanesa Martín (1980) publica Munay (Warner), su quinto álbum. Un trabajo en el que la artista reconoce haberse desnudado más que nunca, y de manera intencionada, porque quería y necesitaba hacerlo.

¿Cómo ha sido este viaje?
Me entró vértigo porque quería superarme, y tenía que evolucionar. Pero ¿qué es evolucionar y superarte?

Me entró vértigo porque quería superarme, y tenía que evolucionar, pero ¿qué es evolucionar y superarte?¿Y qué es?
No lo sé, para mí es relajarme. Superarme ha sido relajarme. Y para eso he desaparecido tres meses de la escena. Con mi libro de poesía, Mujer océano, aprendí un hábito importante, porque soy un animal muy compulsivo.

¿Se ha vuelto disciplinada?
Sí, pero poco, yo mucho raciocinio no puedo meter, y he aprendido que no puedo luchar contra mí misma.

¿Siente que todo eso está en el disco?
Sí, y la calma, la necesidad de silencio. Estuve días sin escuchar música.

La canción Complicidad, ¿el resumen perfecto de su evolución?
Sí, de cómo resolvemos algo que es maravilloso, pero que necesitas rescatarlo con ganas.

Y romper la cadena...
Sí, a veces estás atada y necesitas quitarte la cadena. Soltar es la manera más fácil de atraer. A veces te cogen de la mano y dices: que muy bien y me quieres mucho pero no me circula la sangre.

¿Tenía que romper?
Necesitaba recargarme, soy muy sensible.

El drama de la sensibilidad es que es más fácil tocarle, ¿ha aprendido a cubrirse?
Te vas protegiendo, y yo lo he hecho yéndome tres meses y alejándome del rímel.

Soltar es la manera más fácil de atraer Cuando se ve en la portada, ¿se acuerda de esa niña de seis años que fue usted y que ya iba con la guitarra?
Me acuerdo, yo no sé no mirar atrás. Y de hecho aquella niña sigue viviendo en mí y se ve en la portada. Sigo ilusionándome como la primera vez y me pongo más nerviosa. El día que no sienta nervios me retiraré. Es como cuando en una relación ya no te apetece dar un besito de buenas noches.

¿No lucharía más?
No, hay momentos que ya está el despertador en la mesa, y lo puedes demorar lo que quieras, pero el fin es el mismo.

¿Cree que nos han educado para aguantar?
Sí, para quedarnos en la zona de confort. Mi madre ya con el sefundo disco me decía que me preparara la oposición para estar tranquilita.

Y lo que le tranquiliza a usted es escribir, ¿no?
Sí, me sana. Y me ahorro mucho en terapia.

¿Alguna tan personal que le costó mucho?
Sí, hubo una que me costó, casi ni podía terminar de grabarla. Pero pude.

¿Ha habido mucho desierto en su carrera?
No, lo hay ahora que tiendo a desnudarme cada vez más. Menos elementos, más voz. Necesitaba en este disco transmitir que cuando yo hago una canción no la hago pensando en 10.000 personas, la hago para ti, pensando en ti.

¿Qué recuerda de la chica que iba de sala en sala?
Estuve dos años de sala en sala. Y me decía: estoy en la capital tan feliz, y he salido un lunes.