Dalí, chef
Salvador Dalí posa ante el menú de una de sus míticas cenas Salvador Dalí. Fundació Gala-Salvador Dalí, Figueres, 2016

"La mandíbula es nuestra mejor herramienta para aferrarnos al conocimiento filosófico", escribe Salvador Dalí en una de las afiebradas reflexiones del recetario Les Dîners de Gala (Las cenas de Gala), un libro de cocina que el artista español publicó en 1973 para compartir con el público su visión desaforada de la gastronomía y la importancia de la sexualidad y el erotismo en el acto de satisfacerse oralmente ingiriendo, masticando, salivando y tragando platos de composición delirante.

La obra, editada originalmente en Francia y hoy casi inencontable —la impresión fue muy limitada y se tiene conocimiento de que existen apenas unas 400 copias—, es republicada ahora en un formato que respeta el inicial. Con 136 recetas agrupadas en 12 capítulos, uno de ellos dedicado a platos afrodisíacos, el volumen, ilustrado con collages, pinturas y dibujos del artista, es anunciado por la editorial Taschen. Con tapa dura, edición en inglés y 320 páginas, tendrá un PVP aproximado de 60 dólares.

Sexo y langostas

La comida y el surrealismo son amantes perfectos: sexo y langostas, sueños y canibalismo, el encuentro de un cisne y un cepillo de dientes en una pastelería... La idea del recetario surgió de las cenas opulentas y estrafalarias que organizaban Dalí (1904-1989) y Gala (1894-1982), su mujer y musa, encuentros legendarios dominados por el exotismo y el capricho [vídeo de un noticierio de cine de 1941 de una de las cenas]. El recetario desvela los "ingredientes sensuales, imaginativos y exóticos" que servían en aquellas noches de pantagruelismo, dicen los editores.

Todos los platos pueden prepararse en casa, aunque en algunos casos se requiere "buena mano en la cocina y una despensa bien surtida". Son recetas de la vieja escuela, con especialidades de chefs franceses de restaurantes de París condecorados con estrellas Michelin —Lasserre, La Tour d'Argent, Maxim's y Le Train Bleu—, pero modificados o extraviados por la imaginación enardecida de Dalí, quien opinaba que el buen gusto debe conducir al disfrute de la voluptuosidad.

Contra el comer como 'forma de castigo'

"Si usted es un contador de calorías que  ha convertido los placeres de comer en una forma de castigo, cierre este libro: es demasiado vivo, demasiado agresivo y demasiado impertinente para usted", advierte la publicación, "dedicada únicamente a los placeres del gusto". También prontuario ideológico, la obra, algunas de cuyas sugerencias son intencionadamente vulgares, contraviene todas las convenciones y normas dietéticas correctas.

Caso omiso de esas tablas en las que la química ocupa el lugar de la gastronomía Las ideas de "comer limpio y sano" o alimentarse de manera "magra" son condenadas al ostracismo por el excesivo Dalí, para quien tragar es un camino para disfrutar "de la gloria de la gula y el lujo suntuosos" en la mesa. "No busque fórmulas dietéticas aquí", añade el texto, que advierte: "Tenemos la intención de hacer caso omiso de esos gráficos y tablas en los que la química ocupa el lugar de la gastronomía".

Montajes diseñados por Dalí de los platos

Fotografías con montajes diseñados por Dalí de presentación de los platos, collages y algunos dibujos y pinturas del artista ilustran las recetas, entre las que aparecen sugerencias como "Chuletas de ternera rellenas de caracoles", "Pasteles de rana", "Delicias de pequeños mártires" y la directamente sexual "Yo como a Gala".

Los entrantes son una 'incomodidad liliputiense' Los capítulos, divididos según el componente principal de los platos, tienen títulos de descriptiva perversión: "Canibalismos" (platos exóticos), "La incomodidad liliputiense suprema" (entrantes), "Sodomías" (carnes), "Gusanos pulidos" (caracoles y ranas), "Penachos multicolores" (pescado y mariscos), "Sillas monárquicas" (aves), "Relojes blandos" (cerdo), "Atavismo desoxirribonucleico" (verduras)...