Los casos diagnosticados de bulimia y anorexia se han duplicado  durante el mes de septiembre en los hospitales zaragozanos. Se llegan a registrar hasta cinco pacientes por semana, cuando la media durante el resto del año es de dos casos semanales, y la horquilla de edad de los afectados es cada vez más amplia.

El director de la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria para Adolescentes del Hospital Clínico, Mariano Velilla, señala que el verdadero problema comenzó a finales de los años noventa, cuando el canon de belleza clásico se sustituyó por la extrema delgadez.

En otoño (tras las vacaciones de verano y la operación bikini) y primavera (después de los excesos navideños) es cuando más número de enfermos con trastornos alimentarios se registran.

La mayoría comienza con una dieta para perder peso, que degenera. Al cabo de varios meses la enfermedad se hace visible.

«Al principio se les ve con buen aspecto y nadie sospecha. Con el verano, al ir más ligeros de ropa y, luego, al permanecer más tiempo en casa, es cuando saltan las alarmas», explica Edurne Larrarte, presidenta de la Asociación Aragonesa de Familiares de Enfermos con Trastornos de la Conducta Alimentaria.

Un problema sin edad

Aunque alrededor del 70% de los casos de anorexia y bulimia se inician en la adolescencia, Larrarte asegura que cada vez se detectan más casos en pacientes que no superan los 12 años (alrededor del 7%), debido a que imitan los regímenes que hacen sus padres para perder peso.

Los trastornos alimentarios afectan igualmente a los adultos (el 20% de estas enfermedades comienzan a partir de los 35 o 40 años) y, con frecuencia, aparecen como resultado de una vida cargada de frustraciones.

De 5 a 7 años para el alta definitiva

En Aragón hay alrededor de 5.000 personas que padecen anorexia o bulimia, según datos de la Consejería de Salud. Este tipo de trastornos afecta más a las mujeres que a los hombres, debido a que tienen una mayor tendencia a las dietas y a las restricciones alimentarias. Las dolencias más agudas requieren ingreso hospitalario, que suele ser dilatado. Además, en la mayor parte de los casos hace falta de 5 a 7 años de tratamiento para conseguir el alta definitiva. Con un seguimiento de entre 10 y 20 años, el 30% de los afectados no llega a curarse y un 35% suele sufrir recaídas. La detección precoz de la enfermedad es esencial para su curación.