Baron Wolman - Sin título, desde el escenario
Foto de Baron Wolman del público de Woodstock visto desde el escenario © Baron Wolman - Courtesy Reel Art Press / Mad Cool

Cuando llegamos a Woodstock, / Éramos medio millón de personas fuertes / Y todo fue canto y fiesta / Somos polvo de estrellas / Somos de oro / Y tenemos que regresar al Paraíso. La canadiense Joni Mitchell, una de las más versátiles y poéticas cantautoras de los años sesenta, editó en 1970 el tema al que pertenecen los versos y el estribillo iniciales: Woodstock, una alegoría sobre el festival del mismo nombre, el momento de coronación masiva de la generación hippie. El mismo tema fue interpretado con un arreglo más roquista por Crosby, Stills, Nash & Young e insertado en el inicio del documental que llevó al mundo la buena nueva de los "tres días de paz, amor y música" celebrados en agosto de 1969.

Las "vibraciones" de Woodstock —el único evento musical que ha bautizado a una generación— rebrotan en Madrid a la sombra de Mad Cool, el festival de música y cultura que se celebra en la Caja Mágica de la ciudad entre los días 16 y 18 de junio, ambos inclusive. Los organizadores presentan una exposición de fotografías seleccionadas del libro sobre el festival [Reel Art Press, 192 páginas, 29,95 euros] de Baron Wolman, uno de los reporteros con trayectoria más amplia retratando a estrellas del rock, que viajará a Madrid para la ocasión. La muestra se puede ver en el recinto de Mad Cool y, desde el 19 al 3 de julio, en el Hotel Eurobuilding (Padre Damián, 23).

'De milagro'

"Llegué de milagro. Nunca creí que lo pudiese conseguir", explica por teléfono Wolman, que está en Madrid para la inauguración de la exposición. Editor de fotografía de la revista Rolling Stone, órgano oficioso de la contracultura y una de las maternidades del nuevo periodismo, el fotógrafo se quedó atrapado por el fenomenal atasco de la carretera que figuraba como el principal y más fácil acceso a los terrenos donde se anunciaba el anunciado como An Aquarian Exposition: 3 Days of Peace & Music, en la granja de Max Yasgur, en la pequeña localidad de Bethel, a 69 kilómetros del verdadero Woodstock, una población-refugio de artistas y bohemios ubicada en las suaves colinas del estado de Nueva York.

El promotor musical Michael Lang, que tenía entonces 24 años y también ha viajado a Madrid, fue el productor ejecutivo de Woodstock gracias a las aportaciones de tres socios capitalistas —Artie Kornfeld, John P. Roberts y Joel Rosenman—. Si se le pide una sola palabra para definir al festival, el gran seísmo de la contracultura, elige "comunidad", porque "eso fue aquello, una inmensa comunidad basada en la paz, el amor y la música.

Una ruta alternativa

Wolman, que al final logró acceder al recinto por una carretera secundaria —"saqué un mapa, lo desplegué sobre el capó del automóvil y encontré una ruta alternativa que conducía a la granja y que nadie utilizaría porque era más larga y estaba en peor estado... Tomé ese camino y llegué rápidamente, tuve mucha suerte"— opta por un término más admirativo: "increíble".

Amor, paz y música, tal como imaginábamos en nuestros mejores sueñoEl veterano reportero. nacido en 1937, confiesa: "Viví el verano del amor y todo aquello. Para muchos de nosotros, en nuestro fuero interno, todo iba a salir mal, pero Woodstock nos demostró que podía salir bien. Es difícil de creer que un evento como aquel no registrara ni un solo caso de violencia. En cualquier concierto hoy en día hay siempre algún momento tenso y difícil, pero Woodstock fue amor, paz y música, tal como imaginábamos en nuestros mejores sueños".

Decían que irían 50.000 para no asustar

Las entre 300 y 500.000 personas que poblaron el área —"los organizadores esperaban 150.000, pero en público lo rebajaban a 50.000 para no asustar a los vecinos", dice Wolman— tuvieron que hacer frente a los problemas logísticos derivados del desbordamiento de todas las expectativas. Para pasmo de cualquiera, todo se solventó con una mezcla de buena voluntad, imaginación y ayudas inesperadas, como los helicópteros militares que arrojaron agua y alimentos sobre la multitud tras ser declarado el estado de emergencia por el gobernador del estado.

Prefiero mantener la calma en el huracán "Estuve los tres días sin dormir y creo que llegué a sumar ochenta horas seguidas de trabajo", recuerda Lang, a quien se puede ver en la película sobre el festival —cuyo éxito de público le convirtió en millonario— sobre una moto y con una casi eterna sonrisa. "Hubo momentos difíciles, claro, pero mi temperamento no es caliente, prefiero mantener la calma en el huracán", dice.

Barajando opciones para el 50º aniversario

"Quizá uno de los episodios más duros fue el comienzo, porque las carreteras estaban colapsadas, los grupos no habían podido trasladar los equipos de sonido y era complicado encontrar a alguien para abrir el festival... Estuve varias horas negociando hasta que al final Richie Havens aceptó ser el primero en salir a cantar", añade el productor, que ahora está embarcado en el lanzamiento de la comunidad virtual woodstock.com para "retomar el espíritu de lo que fuimos capaces de construir" y la organización, en 2019, del 50º aniversario del festival original, del que no quiere dar pistas: "Es demasiado pronto. Estamos barajando opciones, lugares y formatos".

Incluso hoy, al ver esa foto, sigo pensando: 'no puedo creerlo' A Wolman, que hizo unas 2.000 fotos durante los tres días —"menos de las que debiera, pero era difícil no dejarse llevar por la alegría y disfrutar, ser uno más entre tus iguales"—, no se le olvida una panorámica de la multitud que tomó desde el centro del escenario con un gran angular. "Me di cuenta de que no podía abarcar a tanta gente... Incluso hoy, al ver esa foto, sigo pensando: 'no puedo creerlo'... Cuando la expongo, en una copia muy ampliada, sigue habiendo gente que se encuentra en ella, se reconoce entre el público. 'Ahí estoy', dicen".

Santana, colocado de mescalina

El gran momento musical para Wolman fue la actuación de Santana, banda que acababa de editar su primer disco —"la actuación en Woodstock cambió radicalmente la vida del grupo y de Carlos Santana: antes nadie los conocía y después estaban en boca de todos"— pese a que el guitarrista latino salió a escena con un gran colocón. "Antes de salir a tocar, en el backstage, Carlos y Jerry García [Grateful Dead] consumieron bastante mescalina, estaban muy colocados. 'Me quedan horas para tocar, vamos a ponernos', dijo García. En el momento en que les subió vinieron a avisar a Santana: 'Vamos, Carlos, tienes que salir a tocar, ahora o nunca'. Estaba muy volado".

Varios 'momentos mágicos'

Para Lang quien supo "conectar mejor con el público y transmitir energía" fue Sly & The Family Stone, el grupo multirracial que, sobre una base de funk sincopado, tejía un sonido con referencias de rock, pop, psicodelia, rhythm & blues y soul. Para el organizador hubo "varios momentos mágicos" añadidos, entre ellos la versión del himno de los EE UU en la que Jimi Hendrix introdujo una marea de feedback y acoples como agresivas referencias a la guerra de Vietnam.

Invitamos a Lennon pero no le concedieron visa de entrada ¿Se quedó fuera del cartel algún músico mítico? "Claro. Lo intentamos con Bob Dylan, que vivía cerca, y con Led Zeppelin, pero ninguno aceptó. A John Lennon lo invitamos para que acudiese como huésped de honor, pero no le concedieron visa de entrada en el país. De todos modos el elenco fue correcto: yo no quería que hubiese grandes nombres que oscureciesen el evento y lo convirtieran en un concierto suyo. Aquello no podía ser una actuación de los Rolling Stones, aquello era Woodstock", señala Lang, para quien la única espina clavada es no haber podido convencer al cantante cowboy Roy Rogers —"con quien creció toda mi generación"— para que cerrara el festival cantando  la melancólica canción de buenos deseos Happy Trails.

Unos días después, los crímenes de la Familia Manson

Unos días después del gran momento del flower power, al menos en lo musical y la ejemplar convivencia —se registraron dos muertes, una por atropello y otra por una sobredosis de heroína—, se registraron en Los Ángeles los asesinatos perpetrados por la Familia, la secta de Charles Manson integrada por dos docenas de chicos y chicas que captó de entre los hippies que vagaban por la Costa Oeste. En diciembre, en el concierto de Altamont, un festival gratuito organizado por los Rolling Stones para competir contra Woodstock, la guardia pretoriana de Ángeles del Infierno, encargada de la seguridad por el grupo inglés, mató a cuchilladas a un asistente.

Todo lo que podía ir mal fue mal en Altamont ¿Fue el final del sueño? Lang y Wolman no lo creen. "Mi opinión, que no es la de otros, es que fueron incidente aislados. Sé lo qué pasó en Altamont porque estuve allí. Aquello no tuvo nada que ver con Woodstock, ni con un cambio a peor. Todo lo que podía ir mal fue mal en Altamont, pero no se puede extender esa idea a toda la generación de la contracultura", dice el fotógrafo.

"Creo que Altamont fue un festival mal planificado, sobre todo en materia de seguridad. No puedes considerar a los Ángeles del Infierno como encargados de velar por el orden... Además, había mucha rabia en el ambiente por la escalada de la guerra en Vietnam", añade Lang.