Concha Velasco se reconcilia consigo misma en la obra Reina Juana, un texto de Ernesto Caballero sobre las últimas horas de Juana la Loca, dirigida por Gerardo Vera (del 7 al 10 de abril en el Lope de Vega de Sevilla y del 28 de abril al 5 de junio en el Teatro de la Abadía de Madrid).

¿Qué ha aprendido de Juana la loca?
No estoy aprendiendo de ella, la estoy viviendo. Me está aportando hacer un personaje que siempre he admirado, he visto todos los trabajos que se han hecho sobre ella. Y desde que me llegó el texto de Ernesto Caballero el director Gerardo Vera me hizo leer libros y libros para conocerla en profundidad, y ahora la vivo. Estoy tan imbuida en el personaje, tan dentro de él, que me cuesta hablar.

O sea, que documentarse ayuda a entrar en el personaje.
No es que ayude, es que es absolutamente necesario. Cualquier personaje que llega a mis manos yo no me limito a leer el texto, yo tengo que investigar y si no es un personaje histórico, yo me escribo a mano antecedentes, su familia... soy incapaz de decir un texto sin saber a dónde voy o de dónde vengo. Muchas veces cuando no sé el significado de una palabra, porque no la conozco porque yo soy una mujer autodidacta, pues la busco y la aprendo.

Es inusual que se trate a Juana la Loca en su edad adulta...
Es la primera vez que se cuenta la última noche de Juana. Su nieto, Felipe II le pedía confesión y ella nunca quiso confesarse hasta que pide que lo haga Francisco de Borgia. Contamos la noche del 11 al 12 de abril de 1555 y ella muere a las seis de la mañana del 12 de abril con 76 años.

Es la edad de usted...
Sí. Una de las cosas que más le agradezco a Gerardo Vera es que no me haya pedido una caracterización. Yo tengo arrugas, tengo 76 años y el pelo blanco y la cara lavada, como pensamos que estaría Juana. Ella no quería entonces ningún artificio. Ha sido dado un paso que me faltaba dar como actriz.

¿Y eso complica el quitarse de encima el personaje?
Yo soy de las que llega al teatro dos horas antes, esto me ha perjudicado en lo personal enormemente y quiero ver el espacio, si todo está en su sitio. Desde que entro no me importa nada de lo que pasa alrededor, prohíbo que se me hable de otra cosa y cuando termino la representación no soy de las que cuelga el traje y se va corriendo. Necesito un tiempo para volver a la vida real.

¿Cómo se interpreta a alguien que sabe que va a morir?
Id a ver la función para averiguarlo... no te puedo contar más cosas.

No le hubiera pasado lo mismo si hubiera sido un hombre. Eso es lo que contamos¿Le preocupa a usted el tema de la muerte?
Claro. Pero cada vez me preocupa menos porque estoy más cerca. Cuando era pequeña tenía tales angustias pensando que me tenía que morir que cogía la guía de teléfono y me aprendía de memoria números y nombres, para no pensar en la angustia de la muerte. Ahora me preocupa menos porque sé que está ahí y que llegará.

¿Aprender textos le ayuda a mantenerse en forma?
Claro que sí, yo tengo una memoria privilegiada, soy capaz de aprenderme una obra en tres días. Ahora me cuesta más por lo mucho que me documento. Gerardo Vera en los primeros ensayos me preguntaba por cosas y yo le engañaba -yo engaño muy bien, soy una buenísima actriz (risas)- pero al día siguiente iba a casa y me lo miraba. Ahora me sé la historia de España desde antes de los Reyes Católicos que puedo presentarme a un concurso.

¿El maltrato a Juana la Loca fue un caso de machismo?
No le hubiera pasado lo mismo si hubiera sido un hombre. Eso es lo que contamos. A los hombres no os pasa lo mismo que a las mujeres. Un hombre pone los cuernos y se piensa "ay, qué bien, qué bien se le da", una mujer que engaña a su marido, es una puta. Eso sigue siendo así. En el caso de Juana, pues es una loca y nos la quitamos de encima.

¿Hemos cambiado desde tiempos de Juana?
Los sentimientos permanecen, eso es lo que hace que la obra sea moderna y actual. El odio, la envidia, los celos, el amor, la traición, el rencor, el poder... eso no cambia ni lo ha hecho desde los tiempos del teatro Griego.

Se estrenó recientemente un documental sobre usted, ¿le halagan los homenajes?
No sé decir lo mucho que me ha gustado. Es una producción de TVE. Ya me habían llamado de otras cadenas privadas y no me había apetecido, pero me llamaron de TVE y dije que sí. Sobre todo porque vi el de Nuria Espert y me entró un ataque de vanidad y de envidia, ¡Qué bonito! (Risas). La admiraba mucho. Es la persona a la que yo quiero seguir, sin ser lo mismo, pero ella es la actriz más importante que tenemos en España y si le hacen un 'Imprescindibles' a ella yo quiero que me lo hagan a mí.

¿Qué ha descubierto haciendo repaso de su carrera?
Que soy una actriz muy versátil, que tengo una carrera estupenda y que me quiere mucha la gente. Se me ha perdonado en la tradición española de destrozar el ídolo propio.

Hay actores que se quejan de la fama...
No saben... El día que no me pidan un autógrafo, el día que no me hagan un regalo, no vayan a verme a otra ciudad... ese día empezaré a pensar que lo he hecho mal. A mí no me agobia, lo único que me agobia es tener que pagar a Hacienda.

¿Qué cosas le vuelven loca del día a día?
Mi nieto, Samuel. Lo mejor que me ha pasado en la vida es tener hijos. Hace años me preguntaban qué quieres ser de mayor y yo decía, abuela y ya lo he conseguido.

Y ahora, ¿qué quiere ser de mayor?
Fantasma, para seguir viviendo como El diablo Cojuelo y seguir viendo a mis hijos envejecer y a mi nieto crecer. Ojalá exista la vida eterna.

¿Recuerda la primera frase que dijo como actriz?
La primera que dije en cine fue: "descuide". Fue en una película de Rafael Gil, en un papel de florista en una tienda, con 14 años.

BIO: Nació en Valladolid, en 1939. Estudió ballet, danza española y solfeo y más tarde arte dramático. Es premio Nacional de Teatro, Medalla de las Bellas Artes, Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo y Goya de Honor. Ha hecho centenares de trabajos en cine, televisión y teatro.