Tres años, cuatro continentes, 31 países y 33.000 kilómetros a pie. España, Francia, Eslovenia, Turquía, India, Nepal, Irán, Australia, Chile, Bolivia, Nicaragua... un paciente paso tras otro hasta completar la vuelta al mundo. Esa es la hazaña que un malagueño de 35 años llamado Nacho Dean ha culminado: poner el mundo a sus pies.

"Era un sueño que yo tenía, el sueño de dar la vuelta al mundo a pie", relata pletórico junto al cartel que indica que ya ha llegado a la Comunidad de Madrid y que supone el comienzo de la última etapa de su viaje para documentar el cambio climático. Este domingo ha llegado al kilómetro cero de la Puerta del Sol —punto en el comenzó su aventura  el 20 de marzo de 2013— para echarse a los brazos de sus amigos y familiares, que han estado allí esperándole.

Nacho Dean comenzó este proyecto impulsado por sus ganas de recorrer el globo como un alma libre y por la "necesidad de lanzar un mensaje medioambiental, un mensaje de cuidado de la naturaleza y el planeta tierra". A su modo de ver, sus piernas eran el medio de transporte que mejor encajaba con el mensaje que quería transmitir: caminar es una forma de moverse lenta, silenciosa y económica que deja expuesto al que la ejerce. "La aventura más salvaje es intentarlo a pie", relata.

Por ello, dejó el trabajo de socorrista que tenía en Madrid y se echó a andar llevando consigo solo un carro de trekking que con el trascurso de los kilómetros pasó de ser un objeto inerte a convertirse en un compañero con alma y personalidad propias.

Tanto es así, que en una jornada en Australia en la que "le pegó mucho el Sol", Nacho Dean bautizó al carro que le ha ayudado a transportar su material de camping y algún que otro objeto básico de supervivencia con el nombre de 'Jimmy águila libre'.

"La mayoría de la humanidad es buena"

El paso por tierras tan diversas con seres muy dispares le ha servido a Nacho Dean para extraer la enseñanza más importante de su odisea: la gente es fundamentalmente buena. "A veces tenemos una imagen distorsionada y creemos que todo son guerras y asesinatos, pero la mayoría de la humanidad es buena".

En México tuve que salir corriendo mientras tres tíos con machetes me perseguían por la carretera, en Perú no corrí porque me pillaron

Allá donde iba, este aventurero siempre encontraba alguien que le ofrecía un plato de comida y un techo en el que refugiarse. Su experiencia personal le lleva a decir que "el consumismo es uno de los males actuales del planeta" y que en la posibilidad dejarlo atrás "nos va la felicidad y la salud".

"La gente es el mayor tesoro de mi viaje", asegura convencido de que si el ser humano no fuese generoso por naturaleza, no podría haber completado su viaje. "Hay gente que con casi nada es feliz y, encima, es capaz de compartir lo poco que posee".

Sin embargo, opina que "hay un 5% de gente que es mala, pero es la que más ruido hace y por eso parece que son más". En su camino, Nacho Dean también ha presenciado la cara sombría del alma humana. Le tocó vivir de cerca un atentado en Daca (Bangladesh) y, además, fue asaltado en tres ocasiones.

Entre las luces y sombras del ser humano

"Me intentaron asaltar miembros de las maras en El Salvador, y en México tuve que salir corriendo mientras tres tíos con machetes me perseguían por la carretera. En Perú no corrí porque me pillaron, me rajaron los pantalones y me robaron". "En la especie humana cabe un Hitler y cabe un Gandhi", concluye.

Otro de los momentos duros del viaje fue cuando, haciéndose un selfie en la frontera entre Irán y Armenia para documentar su paso, fue retenido por los militares, que en un primer momento creyeron que se trataba de un espía.

He puesto la vida en riesgo en varias ocasiones y he pasado penurias

Pero de todos, el enemigo que más difícil le puso completar su aventura fue la fiebre chikungunya. Nacho Dean la contrajo en Chiapas (México) y pasó seis días sufriendo dolor de articulaciones y una fiebre de 41 grados. "He puesto la vida en riesgo en varias ocasiones y he pasado penurias, pero nunca me he planteé dejar el viaje a medias", cuenta orgulloso.

Uno de sus otros potenciales rivales, la soledad, fue vencida durante el trayecto a base de imaginación y un punto de locura que le permitió no aburrise en las largas marchas sin contacto con otro ser humano."Hablo conmigo mismo o canto. Incluso he llegado a inventarme papeles en películas, a improvisar que soy un espadachín, un pirata, un mafioso o que me persigue un dinosaurio. El que me viese pensaría que estoy de loco para arriba", cuenta entre risas.

En otras ocasiones sus métodos de distracción fueron más ortodoxos y se limitó a disfrutar del paisaje, meditar, hacer fotografías o planear los siguientes pasos de su aventura.

"El cambio climático es real"

Con diferencia, el aspecto más negativo de la expedición de Nacho Dean es haber podido constatar cual es el estado del medioambiente en el mundo. "Pasas por zonas donde no llueve en épocas de monzones o donde se quema la selva para hacer cultivos".

Pero los problemas medioambientales no se limitan solo al medio rural, Dean asegura haber visto ciudades en México que se inundaban en cuanto llovía porque la basura del alcantarillado no permitía el drenaje e incluso gente viviendo en auténticos vertederos en lndia. "En este viaje he constatado el penoso estado en el que está el planeta y que nos lo estamos cargando: el cambio climático es real", concluye.

A pesar de todas sus tribulaciones, que serán recopiladas en un libro que él mismo escribirá, Nacho Dean dice estar "completamente satisfecho" y no dedica un solo segundo a lamentarse, ni siquiera de las cosas que no ha podido ver.

"En India por ejemplo no vi el Taj Majal. En Perú no vi el Machu Picchu. He visto todo menos el lugar turístico. He visto cómo vive la gente. He comido en los puestos callejeros, he dormido en templos budistas, la gente me ha abierto sus casas... esa es la manera real de conocer un país", sentencia antes de volver a emprender el camino y encarar sus últimos días de libertad en la carretera junto a 'Jimmy águila libre'.