Lluvias torrenciales en el Sahara Occidental
Inundaciones en los campamentos saharauis de Argelia. Ahmed y Luahara Mahmud y Farra Maroto

Tras varios días de lluvias, dos de ellos torrenciales, los campamentos de refugiados saharauis en Argelia han lanzado una llamada de auxilio internacional.

La mayoría de las familias se han refugiado en zonas altas de arena y piedra, de las que no quieren bajar por miedo

Todos los campamentos situados en la zona, en especial las zonas de Auserd y Dajla, han sufrido graves inundaciones. En total, se calcula que más de 1.000 vivendas entre jaimas y casas de adobe han sufrido daños a causa de las grandes cantidades de agua y fuertes rachas de viento que vienen sufriendo desde el pasado 17 de octubre.

Las construcciones de adobe, fabricado a base de arena y agua secada al sol, se han deshecho provocando los techos de uralita, previamente sujetos con piedras contra los vientos, con el consiguiente peligro para sus habitantes.

"Los saharauis no solo han perdido sus hogares, en muchos casos las inundaciones han afectado a sus despensas, perdiendo los alimentos que tenían almacenados" afirma la cooperante Isabel Martil de Red madrileña de ayuda a la mujer saharaui (REDMAMSA) y a la Asociación de Madrid.

La mayoría de los campamentos, que normalmente dependen del agua que Argelia les lleva en camiones y de la escasa electricidad que llega, han quedado aislados por unas tormentas que no remitirán hasta al menos el martes 27 de octubre.

"Muchas de las jaimas ya estaban en un estado lamentable, y con estas lluvias han quedado inutilizadas", afirma Isabel que hace un llamamiento para la ayuda internacional. "La solidaridad es la ternura de los pueblos", afirma.

La solidaridad es la ternura de los pueblos

La Coordinadora Estatal de Asociaciones Solidarias con el Sáhara (CEAS) ha puesto en marcha una Comisión de Urgencia para evaluar los daños y coordinar la ayuda.

La mayoría de las familias se han refugiado en la zona alta de la hamada, de las que el miedo a las inundaciones les impide bajar.

"Muchas familias españolas están preocupadas por sus niños, a los que traen en verano para evitarles los rigores del desierto", recuerda Martil.