Alberto Garzón (Logroño, 1985) lidera IU en el momento más decisivo de la historia de la coalición. Rotas las relaciones con Podemos para armar una candidatura de unidad popular, el político y economista reivindica el programa y la catarsis realizada por su partido frente a la "soberbia" de sus rivales.

En esta entrevista con 20minutos, el candidato a la Presidencia del Gobierno desgrana su nuevo libro, 'A pie de escaño' (Ediciones Península), y advierte de que es la hora de una alternativa "rupturista, ecologista y feminista". Por el camino, lanza un dardo a Pablo Iglesias: "¿Cómo puede un partido de izquierdas proponer que se subvencionen los trabajos basura que dan algunos empresarios? No lo entiendo".

¿La verdad oculta de la democracia representativa -subtítulo del libro- es que un gobernante o diputado no puede hacer lo que promete?
En España mandan quienes no se presentan a las elecciones. Hay un poder privado, salvaje, que tiene capacidad de chantajear al poder público. Ocurre con los grupos de presión (lobbies) o las grandes empresas, que promueven un neoliberalismo de socialización de las pérdidas y privatización de las ganancias.

¿Qué propone IU para que el Estado se libre de esta tenaza? El caso de Alexis Tsipras y Syriza en Grecia ha demostrado que el margen de maniobra es escaso.
Nuestra propuesta es muy clara: la democracia económicaHay muchos elementos que influyen. El primero es la correlación de fuerzas: la capacidad para negociar depende de tu fortaleza. Grecia tiene, aproximadamente, el PIB de la Comunidad de Madrid. Por lo tanto, es un David contra Goliat donde el chico pierde frente a Alemania. Si democratizamos la economía y convertimos en públicos espacios estratégicos como la energía o el agua, tendremos mayor soberanía real. Nuestra propuesta es muy clara: la democracia económica. ¿Significa eso nacionalizar sectores estratégicos? Efectivamente.

¿Por qué se adelantó Podemos en ser el partido bandera del 15-M?
No creo que se nos adelantasen. Yo participé del 15-M con mucha gente de Izquierda Unida. Fue la manifestación de la frustración de la gente. Era una crisis económica tan profunda en el tiempo que se había convertido en crisis institucional y política. Esos códigos de democracia participativa y republicanismo son los que están en la tradición de IU. Podemos, que se define como 'maquinaria de guerra electoral' y no como organización política, nace e intenta coger elementos de ese 15-M para formar un producto electoral, pero se les olvida por el camino. En las plazas hablábamos de democratizar todo el espacio político, pero ahora quieren excluirnos del debate a cuatro con PP, PSOE y Ciudadanos.

Pero fueron más efectivos que IU en patrimonializar la indignación.
Es que hay un relato mitificado según el cual Podemos lo que hace es ocupar el espacio de IU. En las elecciones europeas (2014) Podemos obtuvo un 8% de los votos (1.245.948 sufragios y 5 escaños), un resultado excepcional para un partido que acaba de nacer; pero IU consiguió un 10% (1.562.567 votos y 6 escaños, cuatro más que en 2009). Lo que ocurre es que en ese momento, en una sociedad ‘espectacularizada’ donde lo nuevo, lo llamativo, lo superficial es la noticia Podemos ocupó toda la atención y eso hizo que subiese de forma vertiginosa. Ahora estamos volviendo a una normalidad que significa que hay que tener un programa político solvente.

¿Y cómo va a convencer a los votantes de que IU ya exigía sanidad y educación públicas, lucha contra el fraude, referendos vinculantes o el fin de las puertas giratorias?
Hay que hacer mucha pedagogía. Éramos los únicos que luchábamos contra la burbuja inmobiliaria o la especulación financiera en una época en la que el 90% de la gente votaba a PP o PSOE. El 15-M puso de relieve esos temas en un proceso de repolitización o de politización por primera vez para muchos. No era lo mismo tener estas propuestas en 2003 y 2004, durante el crecimiento económico, que en 2014, cuando había una sociedad en ebullición que necesitaba un salto. Es verdad que el tiempo histórico fue más rápido que el tiempo de Izquierda Unida, pero cuando algunos dicen que no hemos hecho nada en 30 años deberían repensar dónde estaban ellos mismos.

Alberto GarzónPodemos ya ha reivindicado que ellos son el voto útil de la izquierda. ¿Se parecen ambos programas?
Hay muchas diferencias. Podemos partió de un programa muy parecido al nuestro en las europeas, pero ha hecho un camino al centro que desemboca en propuestas como la renta para los trabajadores con sueldos menores de 900 euros. Esa propuesta de complemento salarial, originariamente, es una idea de Ciudadanos y el propio Pablo Iglesias se la echó en cara a Albert Rivera durante su último debate. ¿Cómo puede un partido de izquierdas proponer que se subvenciones los trabajos basura que dan algunos empresarios? No lo entiendo.

Pablo Iglesias admitió a 20minutos que han madurado y se han hecho más prudentes, que no podrían aplicar la renta básica universal o elevar el salario mínimo por encima de 800 euros nada más llegar.
Podemos no se ha caído del guindo, porque saben perfectamente el mundo en el que viven. A nosotros nos achacaba que la diferencia con IU es que ellos sabían cómo ganar. Ahora parece que eso no está tan claro y que de lo que hay que hablar es del programa.

¿Necesita IU un golpe de efecto, una refundación o algo similar, para que deje de ser percibido como un partido viejo?
Ya hemos hecho un proceso de renovación bastante radical por el que yo soy el candidato a la Presidencia del Gobierno. De todas formas, el eje viejo-nuevo no sirve para describir absolutamente nada, salvo para proyectar la ilusión de un futuro mejor para los que están frustrados. Lo nuevo no es necesariamente mejor. Albert Rivera y Ciudadanos representan la misma política que Mariano Rajoy, Pedro Sánchez o Alfredo Pérez Rubalcaba, pero con un envoltorio distinto.

La renovación de IU ha incluido romper con Izquierda Unida Comunidad de Madrid. ¿Quién asumirá su deuda de casi 2 millones de euros?
Nos hemos desvinculado políticamente, pero IUCM ya era una entidad independiente a nivel jurídico. Entiendo que deberían gestionarlo desde su autonomía, que también ejercían a nivel político, pero litigio está en los tribunales y serán los jueces los que lo decidan.

Soraya Sáenz de Santamaría sale en televisión bailando, Pedro Sánchez hace escalada, Pablo Iglesias recibe a Ana Rosa Quintana en su casa. ¿Te han ofrecido entrar en esa rueda?
Me parece sospechoso que algunos políticos se quieran humanizar ahoraMe han hecho ofertas de participar en programas como ese en el que un grupo de mujeres se sientan a tu alrededor y te hacen preguntas no del todo profesionales. Uno entra en el 'circo' mediático porque quiere y yo no lo voy a hacer porque creo que es denigrar la política. Me parece sospechoso que algunos políticos se quieran humanizar ahora. Yo no lo necesito ni tengo que sobreactuar. El discurso se ha comido al programa y los personajes se han comido a las personas. Hay que adaptarse, voy a todas las tertulias, pero no da tiempo a explicar un programa en diez segundos. Si estás en paro, no te sirve de nada que un político cante o baile, sino que haga política.

¿Subirá el tono en campaña?
Yo puedo decirle al ministro Luis de Guindos que es una especie de saqueador al servicio de las grandes empresas sin necesidad de insultarle. Eso es igual que tirarle un zapato, pero no voy a entrar en el espectáculo del 'y tú, más'.

¿Están infravalorando a IU?
Sí. Cuando yo me presenté a las primarias las encuestas nos situaban fuera del Parlamento, era como presentarse para no salir. Ahora ya dicen que entraríamos con un 6% (inferior al 6,9% alcanzado en las generales de 2011), que no es el resultado que deseamos, pero estamos creciendo. Lo que palpo en el ambiente es que la gente tiene ganas de votar una candidatura de izquierdas, rupturista, ecologista, feminista y de unas formas determinadas, con rigor, respeto, reconocimiento y dignidad. El intento de excluir a IU y a la candidatura unitaria Ahora en Común de los debates electorales es arrogancia y soberbia por una parte y miedo a que se conozcan nuestras propuestas por la otra.

¿Teme que el enfrentamiento en la izquierda no solo divida, sino que, además, desmovilice a vuestro electorado?
Absolutamente. Cuando Podemos da el portazo a la unidad popular, frustra a la gente. Proyectos como Ahora Madrid, con concejales de IU, Equo o Podemos, no podrán ir a las elecciones generales. Dividir el voto impide sacar toda la artillería para apoyar el cambio. Esa ha sido la decisión de Podemos -a mi juicio, un error-, pero lo que hay que hacer es convertir esa frustración en movilización.

¿Es renunciable la III República?
Es renunciable como modelo de Estado si la gente así lo vota. Lo primero que queremos es un referéndum. Si la mayoría elige monarquía, habrá que aceptarlo, pero seguiré defendiendo que ninguna familia está por encima de los demás y que el ciudadano Felipe de Borbón no tiene legitimidad como referente institucional.

Alberto Garzón

Proponen un sistema estatal de "trabajo garantizado". ¿Cómo se financiaría?
Es una propuesta realista y técnicamente posible. Parte de la concepción de que el Estado sea el empleador de último recurso. Se financia con 9.400 millones de euros netos que se obtienen de la lucha sostenida contra el fraude fiscal, de acabar con los agujeros y paraísos fiscales, de una reforma de los impuestos para gravar más las rentas del capital y del endeudamiento mediante una banca pública y los préstamos del Banco Central Europeo. Solo en gasto militar se invierte mucho más.

El trabajo garantizado es una propuesta realista y técnicamente sostenibleEse dinero permitiría crear en un año un millón de puestos de trabajo en áreas como la rehabilitación o los servicios a dependientes que se remunerarían con salarios de entre 900 y 1.200 euros en función del nivel de cualificación. No funcionaría como el Plan E de Zapatero, sino que serían programas vinculados a las necesidades de cada territorio. No es lo mismo el País Vasco, muy industrializado y con una tasa de paro del 15%, que Málaga, con un 30% de desempleo y centrada en el sector turístico.

Si tienes a 1.000 trabajadores de una localidad en este programa, son 1.000 personas que ganan un sueldo y lo gastan la tienda del barrio, que contratará a alguien para atender el aumento de la demanda. Es un estímulo keynesiano de la economía que funciona muy bien en las épocas de recesión económica y que permite mitigar la desigualdad.

Por ejemplo, trabajadores de la construcción de más de 45 años que no pudiesen reciclarse en otro sector por su edad se ocuparían de la rehabilitación del centro histórico de las ciudades para seguir cotizando y alcanzar la edad de jubilación con una pensión digna. Además, los sueldos de entre 900 y 1.200 euros harían que las empresas privadas no pudiesen ofertar puestos por menos de ese dinero, lo que incrementaría de facto el salario mínimo interprofesional.

¿Que España avance depende más de que un partido imponga su programa o de llegar a grandes acuerdos de país?
El lema que usamos en Ahora en Común es "Queremos un nuevo país". Yo procedo de la tradición política del marxismo, que enseña a pensar la sociedad desde el ciclo económico y no desde el ciclo electoral, que son solo cuatro años en el mejor de los casos. Si uno no piensa en términos de generaciones o de país está condenado a ir siempre con las luces cortas. Eso hace que el sistema sanitario, el medio ambiente o las burbujas inmobiliarias y financieras solo se traten a corto plazo, lo que nos rompe como país.

Es una cuestión de cambio de enfoque. ¿Hacia dónde? Hacia un plan de ciencia e industrialización para que dentro de diez años no seamos fuente de mano de obra barata y sí pioneros en la biotecnología o la bioquímica, por ejemplo. Eso requiere dialogar, pero desde unos principios, porque no es lo mismo la familia Botín que uno de los 700.000 parados cuyas familias no tienen ningún tipo de ingreso.

¿Qué países toman como modelo?
No hay uno, tenemos el nuestro propio. Nos gusta -dentro de esas condiciones- el sistema de Sanidad de Cuba; de EE UU, la democracia parlamentaria, la tradición republicana, las comisiones de investigación, la posibilidad de votar a los jueces; de Dinamarca, el Estado del Bienestar... No queremos trasladar, sino aprender. Exportar modelos como el de Unión Soviética a Angola o el del liberalismo norteamericano a Haití son experiencias fallidas, necesitamos uno propio.

Es difícil cambiar un país en cuatro años, aunque IU fuese una fuerza decisiva. ¿Qué te gustaría cambiar de aquí a tres legislaturas?
Querría tener una energía y agua públicas; una estructura productiva donde el I+D+i, la tecnología, la ciencia o la aeronáutica tuvieron un peso mucho mayor en el PIB, porque eso significaría trabajos de alta cualificación, salarios más altos y mayor protección laboral; una educación pública humanista, vinculada no solo a generar mano de obra, sino a formar ciudadanos pensantes y críticos para recuperar la política; y un sistema democrático que acabe con el mandato imperativo de los partidos sobre los diputados y que introduzca los revocatorios para echar a un representante público mientras dure su mandato.

Intenta aunar a la izquierda en la plataforma Ahora en Común, pero la lista que ha presentado -en la que está el ex militante socialista Alberto Sotillos- no ha sido aprobada por ningún órgano de IU. ¿No contradice eso los estatutos o el espíritu participativo del partido?
El 90% de los miembros de nuestros órganos votaron a favor de participar en el espacio de confluencia. Como candidato a la Presidencia por IU, también fui elegido por los órganos, que es en la única parte donde aparece estatutariamente como obligación. Vamos a hacer una consulta para que las bases ratifiquen la confluencia una vez que se hayan celebrado las primarias de Ahora en Común, pero antes de registrar la candidatura legalmente en el Ministerio del Interior (6 de noviembre), de tal forma que la militancia va a ser siempre la que ratifique el proceso.