Estado Islámico sigue con su ola de destrucción arqueológica: el Arco de Palmira, Nimrud, Hatra...

  • Desde que el grupo terrorista se hizo con el control de Palmira ha centrado sus ataques contra el patrimonio histórico en dicha ciudad monumental.
  • Antes ya había aniquilado tesoros de miles de años de antigüedad en Irak.
  • "Atentados contra el patrimonio ha habido siempre, pero lo novedoso ahora es que forman parte de la estrategia de guerra", apunta el catedrático Miquel Molist.
  • "Palmira es un buen documento histórico de la época romana que tiene que perdurar", implora este arqueólogo, que ha trabajado durante 35 años en Siria.
El Arco del Triunfo de Palmira (Siria) en una foto de archivo.
El Arco del Triunfo de Palmira (Siria) en una foto de archivo.
Youssef Badaw / EFE / EPA

La destrucción del Arco del Triunfo de Palmira es el último episodio en la ola de aniquilación del patrimonio histórico que Estado Islámico se ha propuesto, principalmente en Irak y Siria. Desde que el grupo terrorista se hizo con el control de la ciudad monumental en mayo de este año, los ataques se han centrado sobre ella. "Nadie se plantea que los manuscritos de Cervantes puedan ser destruidos. Son un documento histórico que se seguira consultando dentro de cien años. Palmira es un buen documento histórico de la época romana que tiene que perdurar", implora Miquel Molist, catedrático de Prehistoria de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Este arqueólogo, que ha trabajado durante más de 35 años en Siria, siente una enorme tristeza al ver cómo los yihadistas destrozan valiosísimos monumentos con miles de años de antigüedad. Con martillos y palas, con excavadoras y maquinaria pesada o con explosivos. Esa pena se agudizó cuando supo que Jaled al Asad, antiguo responsable de la Dirección General de Antigüedades y Museos en Palmira, había sido decapitado. "Tuve la suerte de iniciar mi carrera de arqueólogo como estudiante en la ciudad y él fue mi valedor", recuerda.

Las ruinas de esta localidad son uno de los seis sitios sirios incluidos en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, y que también están en su lista de Lugares en Peligro. Situada en un oasis, Palmira fue en los siglos I y II d.C. uno de los centros culturales más importantes del mundo antiguo y punto de encuentro de las caravanas en la Ruta de la Seda que atravesaban el árido desierto del centro de Siria. Antes del inicio de la contienda en el país, en marzo de 2011, sus ruinas eran una de las principales atracciones turísticas del Estado árabe y de la región.

"Estrategia de guerra"

Molist señala que atentados contra el patrimonio ha habido siempre a lo largo de la historia, pero lo novedoso en esta ocasión es que forman parte de la "estrategia de guerra". Ocurren además en pleno siglo XXI, cuando se debería de tener asumido que "la cultura es un bien de toda la humanidad".

Preguntado por qué Estado Islámico comete estas acciones, el experto responde que se unen dos circunstancias. Por un lado se encuentra la ideológica, de acuerdo con la lectura que hace de sus principios religiosos y que le lleva a prohibir la representación de personas o dioses. "Por otra parte este grupo se caracteriza por la visualización del terror como propaganda", continúa.

A la destrucción de edificios, los yihadistas unen el saqueo. El catedrático explica que desde el inicio de la guerra están llevando a cabo excavaciones clandestinas en yacimientos arqueológicos y extrayendo objetos para su venta ilegal. "Es una de las bases del sustento económico de este grupo armado", apunta.

"Se trata de restos arqueológicos y monumentos preislámicos en tierras en las que ha habido diversos imperios islámicos durante más de catorce siglos. Todos han respetado y mantenido ese patrimonio y está siendo en el siglo XXI cuando un grupo extremista está destruyendo ese patrimonio con fines propagandísticos y saqueándolo para obtener beneficios económicos", coincide Haizam Amirah Fernández, investigador principal del Mediterráneo y el Mundo Árabe del Real Instituto Elcano.

Molist pide a Gobiernos e instituciones culturales internacionales que actúen para frenar esta "barbarie". A los Estados les exige que eviten que el patrimonio sea "objeto de lucha" y a organizaciones como la Unesco que trabajen como mediadores. Ya a largo plazo considera que es un problema de educación: "No avanzaremos hasta que no haya una educación global".

Estos son los principales tesoros arqueológicos destruidos por Estado Islámico.

  • Museo de Mosul: el 26 de febrero de este año, los yihadistas difundieron un vídeo por Internet que mostraba cómo destruían decenas de figuras del Museo de la Civilización de Mosul, en Irak. Entre ellas se encontraba alguna de la época asiria (siglo VIII y VII a.C.) y algunas de las antigüedades más importantes del país, como el toro alado, considerado una pieza única.

  • Nimrud: esta ciudad arqueológica asiria de Irak, de 3.000 años de antigüedad, fue arrasada, según un comunicado del Ministerio de Turismo y Antigüedades de principios de marzo. Pocos días después el grupo terrorista destruía las pocas estatuas y estelas que podían quedar en este sitio arqueológico ubicado en el norte del país y conocido en la Biblia como Kalaj. Nimrud fue una de las capitales del Imperio Asirio y está situada junto al río Tigris, a unos 30 kilómetros al sureste de Mosul, capital de la provincia de Nínive.

  • Hatra: el ataque a esta ciudad ancestral situada al sur de Mosul, que data del 200 antes de Cristo y que fue capital del antiguo Imperio Parto, también se conoció en marzo. "Es un lugar histórico desde el que han gobernado muchos reyes conocidos", explicó entonces Saeed Mamuzini, responsable del Partido Democrático del Kurdistán para Mosul. Mamuzini agregó que "la ciudad de Hatra es muy grande y albergaba multitud de antigüedades en su interior". "Estado Islámico se ha llevado ya las monedas antiguas de oro y plata", lamentó. Hatra se encuentra en pleno desierto y aunque fue fundada por los selúcidas, fue conquistada por los partos y floreció como capital de un imperio que controlaba gran parte del territorio de los actuales Irak e Irán. Fue el principal rival del Imperio Romano por su hegemonía en Oriente Próximo en los primeros años de nuestra era.

  • Destrucción de un toro alado por parte de Estado Islámico en el Museo de Mosul (Irak)Dur Sharrukin: a los pocos días, Estado Islámico saqueaba y destruía la actual ciudad de Jorsabad, en el norte de Irak, capital de Asiria durante parte del reinado de Sargón II (722 - 705 a.C.). Entre los vestigios destruidos más importantes destacaba el palacio del rey asirio Senaquerib, hijo de Sargón II, según informó Balqis Taha, presidenta de la Comisión de Turismo y Antigüedades de la gobernación de Nínive. Además del palacio fueron derribados otros edificios cercanos y varios templos. Jorsabad está ubicada 15 kilómetros al noreste de Mosul.

  • Museo de Palmira: cerca de tres meses después, los yihadistas irrumpían en el museo de esta ciudad monumental del centro de Siria, aunque su contenido más valioso había sido sacado por las autoridades antes de que llegaran. El director general de Antigüedades y Museos del país, Maamún Abdelkarim, dijo que lo único que los radicales destrozaron fueron algunas réplicas de estatuas hechas de escayola.

  • Mausoleos de Palmira: en junio, los dos sitios hechos pedazos fueron los mausoleos islámicos de Mohamed bin Ali y Abu Baha Edin, ubicados fuera de las ruinas grecorromanas por las que la ciudad es famosa. El primer santuario se encontraba en lo alto de un monte al noroeste de la localidad, mientras el segundo estaba en una zona denominada como los huertos de Guta, en mitad de un palmeral.

  • El templo de Baal: situado en las ruinas de Palmira, era un monumento de 2.000 años de antigüedad, a decenas de metros del teatro romano. Fue dinamitado en el mes de agosto.

  • Templo de Bel: también en agosto, los miembros de Estado Islámico destruyeron diferentes partes del mayor edificio de Palmira, dedicado a la deidad suprema babilonia y cuyo techo, ya desaparecido, estaba originalmente recubierto de oro.

  • Torres funerarias: tres de las torres más importantes de la ciudad arqueológica saltaban por los aires en septiembre. Una de estos monumentos funerarios era la tumba de Ketut, construida en el año 44 d.C. La segunda, levantada en el año 83, acogía los restos de Gemlik y se encontraba en "muy buenas condiciones de conservación", según el director general de Antigüedades y Museos, Mamum Abdelkarim. La tercera, la tumba del Dios Bel y del año 103 d.C., contaba con cuatro plantas, todas ellas en un "excelente estado de conservación".
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