“Untitled, Boston", 1971-1974
Foto tomada en Boston por Nan Goldin cuando era una adolescente y empezaba a definir su estilo © Nan Goldin - Courtesy Guido Costa Projects

"La gente olvida a menudo lo radical que era mi trabajo cuando empecé", declaraba la fotógrafa estadounidense Nan Goldin (1953) en una entrevista reciente. No hay en la afirmación amargura —hablamos de una artista consagrada y admitida en los principales museos y colecciones del mundo—, pero sí cierto malestar por la creencia de que el tipo de imágenes de esta documentalista, instantáneas casuales, sin pretensiones y tomadas a modo de diario visual, siempre han existido.

En la cultura fotográfica actual hay mucho de la mirada directa de Goldin hacia su círculo de amistades y conocidos, con preferencia habitantes de la noche, criaturas que arrastran fuertes dependencias, drag queens, travestis, homosexuales, toxicómanos... Son retratos espontáneos, a menudo tomados con flash, que revelan el sustrato febril de las fiestas de drogas, música y sexo. Goldin, la "fotógrafa del grunge", como se la ha llamado con más ímpetu publicitaria que acierto, lleva construyendo su estilo, y esta circunstancia la convierte en notable, desde que tenía 17 años.

Polémica y aplaudida

La galería Guido Costa Projects, de Turín (Italia), expone hasta el 12 de septiembre, una colección inédita de cincuenta retratos de entre 1970 y 1974, cuando Goldin era una jovencilla que estudiaba fotografía en la prestigiosa Escuela del Museo de Bellas Artes de Boston, donde coincidió, por cierto, con otro gran renovador de la imagen del sexo, Phillip Lorca diCorcia. La exposición es como un prólogo a las series que convertirían a Goldin, unos años después, en una polémica y aplaudida autora con The Ballad of Sexual Dependency (La balada de la dependencia sexual, 1985).

Bill Clinton definió a Goldin como la precursora del 'heroin chic' de los noventa Si esta serie era una descripción de la especie de familia disfuncional que acogió a Goldin en Nueva York —yonquis, travestis, drag queens y otros personajes de vidas sedientas, adicciones contumaces y alegría vital, al menos en apariencia— y fue definida nada menos que por el presidente de los EE UU Bill Clinton como la obra precursora del heroin chic que llevó a las pasarelas el glamour de la anorexia, las ojeras y la palidez, para la fotógrafa se trataba de algo mucho más natural. Tomó las fotos —diapositivas— para proyectarlas en una multipantalla a sus tribu mientras sonaba música adecuada: desde la Velvet Underground hasta James Brown.

'Estar siempre colocada'

Lo único que deseaba en aquellos años atribulados, recuerda, era "estar siempre colocada" y mostrar su pequeño mundo. "Tenía una idea totalmente romántica e idealizada de lo que significa ser yonqui y yo quería ser una", ha declarado. Habría que añadir una circunstancia pertinente, Goldin también necesitaba ser una toxicómana de la recolección de todos los instantes que sucedieran ante su mirada.

La urgencia de confeccionar un fichero de los habituales del ambiente nocturno La colección que se muestra en Turín apunta los valores y el lenguaje que Goldin desarrollaría en La balada de la dependencia sexual. Son retratos de fácil ejecución —sin artificios artísticos y ni siquiera un acabado de excelencia— pero rara y poderosa carga emotiva. La fotógrafa parece poseída por la urgencia de confeccionar un fichero de los habituales del ambiente nocturno bostoniano. Hacía fotos desde los 15 años, era una chica tímida de clase alta y sentía una fascinación tóxica por mostrar la diferencia, la singularidad, descubrir el lado obscuro que permanecía velado socialmente.

La 'brillante recién llegada'

La galería ha optado por presentar solamente las piezas que tienen un "lugar especial" en el desarrollo de la obra de la artista: desde las primeras experiencias con película a color, hasta los tanteos con el uso del azar como motor narrativo, pasando por los indicios de que a Goldin le interesan los distintos, los sexualmente divergentes. "En definitiva, quisimos elegir lo mejor de Nan Goldin, la brillante recién llegada, mucho antes de sus años en Nueva York y su aparición deslumbrante en las galerías y museos más importantes del mundo", dicen los responsables de la muestra.

Los niños son de otro planeta. Ven y saben cosas que no podemos entender Tras ser definida como "representante de lo diabólico" por firmar imágenes de explícito contenido sexual  y soportar la censura de algunas exposiciones, el último trabajo de Goldin es Eden and After, el primero tras un silencio editorial de más de una década. Se trata de 300 fotos de niños, desde el nacimiento hasta la pubescencia, que ha tomado durante los últimos 25 años. "Los niños son de otro planeta. Ven y saben cosas que los adultos no podemos entender", asegura.