Leopoldo María Panero. León, 2011
El poeta Leopoldo María Panero, retratado en 2011 por José Ramón Vega © José Ramón Vega - del libro 'La mirada cercana'

No resulta del todo necesario conocer el significado de gaviero, una de esas palabras acaso en desuso o cercenadas por un tiempo demasiado plástico, para saber por qué el fotógrafo José Ramón Vega (León, 1962) la utiliza como tótem, salvoconducto, prueba de vida... "Marinero a cuyo cuidado está la gavia —la vela del mastelero mayor de una nave— y el registrar cuanto se pueda ver desde ella", dice el diccionario.

El novelista colombiano Álvaro Mutis (1923-2013) consagró una saga de alcance universal (siete novelas, una cosmogonía de salitre, puertos y vida) al gaviero Maqroll, que aparece por primera vez en un poema con forma de oración: "¡Oh Señor! recibe las preces de este avizor suplicante y concédele la gracia de morir envuelto en el polvo de las ciudades, recostado en las graderías de una casa infame e iluminado por todas las estrellas del firmamento".

'Así éramos, así somos'

La gavia de Vega llega manchada de caminos al libro antológico La mirada cercana, recién publicado por EOLAS Ediciones [144 páginas y un precio de 23,75 euros], un confieso que he vivido fotográfico o, como dice uno de los prologuistas de la obra, Aníbal Vega Núñez, un "así éramos, así somos" generacional, desde el "alumbramiento sin igual" de la primera juventud hasta la constancia de que "andábamos sobre la cuerda floja, rampantes y desafiantes, sin miedo y sin dejar de sonreír a la cámara".

Nada ha cambiado: seguimos siendo los mismos pese al viscoso grano del tiempo Fotógrafo desde las noches de carbón con disimulados diamantes de mediados de los ochenta —había empezado con la cámara mucho antes, en Sobredo, el pueblo familiar de la comarca del Bierzo— y cultivador de la mirada cómplice y sin artificio de los retratos que sólo valen cuando retratado y fotógrafo coinciden en la vigilancia de la deriva, Vega traza un diario de cabotaje conmovedor sobre su círculo cercano, familiares y amigos, y otros actores de estos años en los que el mundo parece haber cambiado tanto como para considerarlo marciano. Quizá el gran mérito de La mirada cercana es, precisamente, convencernos del error: nada ha cambiado, seguimos siendo los mismos pese al viscoso grano del tiempo.

'Un viaje sin sextante ni brújula por tres décadas'

Blanco y negro, por supuesto. Intimidad, desde luego. Connivencia, ¿qué otra opción es posible cuando amas a quien retratas?... Las fotos de Vega, como apunta el segundo prologuista, el músico, escritor y también fotógrafo José Pajares Iglesias, son "un viaje sin sextante ni brújula" por tres décadas. El camino —una de esas palabras que siguen estando entre las más bellas e inviolables del idioma— ha sido el tema constante. Lo puntean —"tiempo y luz, así vamos robando almas", precisa Pajares— los retratos insobornables de 130 seres humanos.

Leopoldo María Panero alzando el puño como un soviet, sujetando el pitillo como un vicioso Eso importa, que sean mostrados con la misma mansedumbre —o brutalidad, complemento necesario para demostrar ciudadanía— los héroes locales de León (Los Cardiacos, Los Flechazos, Miguel Escanciano, Alberto García Alix, Carmelo Gómez...) y del resto del mundo, que, como sospechamos, no es otra cosa sino una continuidad de leones (Juan Gelman, John Banville, Alicia Alonso, Carmen Linares, Ana Curra...).

Entre ellos, colocado también en la cubierta del libro porque lo merece la desdentada acracia de su demencia, Leopoldo María Panero, en la foto más radiográfica que le hicieron nunca: alzando el puño cerrado, como un soviet, y sosteniendo el pitillo, como un vicioso, entre los dedos casi agarrotados. La imagen, tomada en 2011, fue una de las difundidas —e impunemente pirateada sin cita de autoría siquiera— en la muerte del poeta tres años más tarde.

Cronología desde lo predigital

“Después de darle varias vueltas, decidí presentar los retratos de una manera cronológica, con lo cual muchos proceden de antes de la era digital. He dedicado muchas horas a escanear y trabajar negativos antiguos, una labor pesada como pocas; tenía mucho respeto a ese paso, a pasar de lo químico a lo digital, pero creo que al final ha quedado un trabajo bastante presentable”, declara el fotógrafo en Tam-Tam Press tras la presentación del libro en el Museo de León.

Me tienes que decir que es eso de 'statement', no sé que significa El mismo recato —una constatación de grandeza: sólo los arrogantes tienen las ideas claras y sufren de espanto ante la duda— demuestra Vega al ser abordado por 20minutos.es. Cuando el periodista le pide —por chat, esa miseria hemos consentido: no mirarnos para hablar— un statement sobre su obra, el fotógrafo responde: "Me tienes que decir que es eso de stament, no sé qué significa".

Esa frase, digna de gaviero, de testigo de mareas y olas imprevistas y no de pendejadas, reduce a ceniza cualquier otra consideración. Estamos ante fotografías que no necesitan altisonancia ni stament alguno. Son enormes porque son leves: apuntes de una tripulación que merece la dignidad de un retrato, como diría Mutis, de un "avizor suplicante". Nada menos.