Barcelona y Londres
Palau Sant Jordi (Barcelona) y Earls Court (Londres). JOSÉ MARÍA MARTÍN

Contemplar la obra de Pink Floyd encarnada en el monumental espectáculo que ofrece Roger Waters es una suerte de la que pocos pueden gozar.

Disfrutar de un viaje por la música de uno de los grupos más grandes de la historia de la mano de uno de sus creadores -el cerebro, en este caso- es una oportunidad tal vez única.

Roger Waters a 177. Roger Waters a 177. Roger Waters a 177.

Pero, ¿es así en todas las ciudades que visita? ¿la magia está presente en cada concierto? La respuesta es sencilla: .

Todo tiene una razón de ser, un porqué. Es, sencillamente, la magia improvisada de lo convenientemente previsto

Sólo hay que indagar un poco en los comentarios de las distintas partes del mundo en las que ha actuado Waters desde 2006 para entender lo que se ha podido vivir en cada directo, las sensaciones que experimenta un público que sólo tiene palabras de agradecimiento por haber pagadopara disfrutar de semejante espectáculo.

Podrían juntarse perfectamente todas las apreciaciones como si de un único concierto se tratara porque, ofreciendo el máximo en cada directo, el genio Waters así lo tiene pensado.

Y es que son muchos años de trayectoria -unos 40- los que le permiten a Roger enganchar a los que van a verle simplemente con una música que jamás será caduca y un recital cargado de emociones en el que no escatima recursos para ensalzarlo más aún durante las casi tres horas que dura el directo.

'Escupir canciones', una tras otra, es el concepto habitual de lo que se entiende por un concierto. Pocas veces se le da importancia a algo 'tan banal' como los minutos que preceden a la obra que se va a presenciar, por ejemplo.

El espectáculo de Waters, sin embargo, comienza en el mismo instante en el que accedes al recinto. Como en sus discos, te das cuenta de que cualquier cosa puede pasar desde ese mismo instante porque para la banda de Cambridge los detalles siempre han sido vitales, una de sus señas de identidad.

Pink Floyd a 540.

El sonido, la iluminación, la interpretación, las letras, el factor sorpresa, los diseños de sus portadas… todo, en su conjunto, es lo que resume en definitiva el sello inequívoco y único de Pink Floyd.

Así, en la gira The Dark Side of The Moon de Roger Waters todo juega un papel fundamental. Desde la introducción, su elegante entrada en el escenario o, incluso, el descanso que hace entre la primera y la segunda parte del repertorio hasta la puesta en escena de los grandes clásicos, todo tiene una razón de ser, un porqué. Es, sencillamente, la magia improvisada de lo convenientemente previsto.

El repertorio: primera parte

El 'titiritero' Waters más floydiano conduce así perfectamente al público, al que sube y baja de las nubes a su antojo dejando muy claro que su música es una ciencia empírica a la que poco hay que objetar, a la que sólo hay que darle tiempo para quedar atrapado en ella.

La música de Waters es una ciencia empírica a la que poco hay que objetar; sólo hay que darle tiempo para quedar atrapado en ella

Como cualquiera de los grandes grupos de la historia, la valía de su música radica en que parte desde lo más profundo del alma, con una historia que contar en la que la letra no lo es todo.

Las melodías de Pink Floyd, de hecho, pueden ser perfectamente interpretadas -a gusto del consumidor- más allá del idioma porque, lo importante, al fin y al cabo, son las sensaciones que pueden transmitir, de hecho lo hacen, en cada nota.

Todo lo contrario a un proyecto musical de marketing pasajero, formato tan abundante hoy día, determinó el nacimiento de un grupo que huyó siempre de ese cliché, que 'se asustó' cuando empezó a sentirse un fenómeno de masas y compuso una obra que retrataba perfectamente las falsas metas a las que puede llevar el éxito (The Dark Side of The Moon, 1973), que intentó aislarse detrás de un muro para establecer una barrera con un público cada vez más numeroso (The Wall, 1979).

Una gira compensada

Si los detalles son tan importantes en la trayectoria de Pink Floyd y, por tanto, del propio Waters, ¿cómo no iba entonces a cuidar cada gesto allí donde actúa? Si interpreta con suma escrupulosidad la obra que da nombre a la gira, The Dark Side of The Moon, ¿cómo no lo iba a hacer al dedillo cada noche sin importar la ciudad en la que estuviera?... resulta obvio.

El directo de Waters sólo se ha visto modificado para introducir algunas novedades

Así, el directo de Waters sólo se ha visto modificado para introducir algunas novedades, como sucede en todas las grandes giras, debido a las ideas van surgiendo a medida que las actuaciones se suceden.

También, lógicamente, por cuestiones puramente técnicas como lo son tocar en recintos de unas determinadas características. Y es que no es lo mismo preparar un directo en un pabellón, que al aire libre.

En cualquier caso, y complementos aparte, la música que ofrece Waters no deja a nadie indiferente en el estadio abierto de River Plate (Argentina) o en el pabellón más ínfimo en el que haya tocado.

El repertorio: segunda parte

Roger Waters, Speak to Me a 150.

De Barcelona a Londres

El público sabe apreciar y valorar un derroche de medios cuyo fin es que la palabra 'inolvidable' cobre un sentido literal

Tras contemplar el fantástico directo cargado de pura energía que el genio Waters ofreció en Barcelona, el 21 de abril, 20minutos.es quiso repetir en Londres, el 12 de mayo, para observar al gran músico en su hábitat, en su casa.

Esperando quizás algo aún mayor -tarea casi imposible-, Waters demostró un respeto fuera de lo común por todos sus seguidores y ofreció un concierto casi calcado ante un público que ha gozado más veces de su presencia y que también supo apreciar cada detalle.

Y es que, salvando las distancias sobre la predisposición cultural del respetable -en Earls Court todos están sentados, también en la pista-, el directo de Waters es una 'bomba' que estalla cada noche - en Chicago o en Morumbi- bajo la música de unos profesionales entregados al cien por cien en cada recital, con un público que sabe disfrutar y valorar el buen hacer y el despliegue de medios que derrocha el artista con el fin de que la palabra 'inolvidable' cobre un sentido literal.

El repertorio: los bises

Roger Waters.Roger WatersRoger Waters.Roger Waters.Roger Waters.

'Hambre' en España

Por supuesto que hay ligeras diferencias, si bien éstas son apreciables casi siempre en los propios asistentes. En España, por ejemplo, era evidente el 'hambre' de un espectáculo de estas características.

Y es que la obra cumbre de Pink Floyd The Dark Side of The Moon ha sido interpretada por el grupo y por el propio Waters en numerosas giras. Sin embargo, nunca antes ninguna de esas citas había aterrizado en tierras españolas. Ésto, sumado al hecho de un único concierto en Barcelona, propiciaba que la entrega del público fuera total, y lo fue.

Sólo la compañía, el respeto de los que te rodean -algo que por desgracia no siempre se logra- y la perspectiva que ofrece la posición en el recinto pueden darle unos puntos de más o de menos a un concierto realmente sin parangón.

El factor sorpresa en Inglaterra

Roger Waters y Nick Mason a 171. Sí, estuvo él. La gran diferencia de asistir a un lugar como Londres es que, al jugar en casa, es más fácil que hechos de este tipo se produzcan. Nick Mason apareció antes de comenzar 'The Dark Side of The Moon' y se quedó hasta el mismísimo final, tras los bises. Earls Court se caía al contemplar a los dos miembros de Pink Floyd sobre el escenario.

Si algo saben, tanto Waters y Mason, como Gilmour y Wright- han girado juntos con el tour On an Island -, es que el respetable desea fervientemente que "se acaben las excusas" para poder disfrutar de nuevo de esta histórica imagen:

Pink Floyd -Gilmour, Waters, Mason y Wright- a 500.

No se pudieron resistir al brazo que les tendió Bob Geldof -líder en otro tiempo de los grandes Boomtown Rats y actor en la película The Wall - en el Live 8 de 2005.

Sin embargo, a pesar de que por ahora parece casi imposible su reunión, el público no se resigna a contemplar la plenitud de cuatro genios para los que el tiempo juega en contra.

De lo que no cabe duda es que sería un hecho que escribiría otra fascinante página en la historia de un grupo que jamás ha dejado de sorprender a sus seguidores.

La Banda:

Roger Waters - bajo, guitarras, voces
Andy Fairweather-Low - guitarras y bajo, solo de apertura de 'Leaving Beirut'.
Snowy White - guitarras
Dave Kilminster - guitarra, voces, primera voz en 'Money', 'Breathe' segunda voz en 'Time' y 'Comfortably Numb'
Graham Broad - bateria y percusión
Ian Ritchie - saxo y bajo
Harry Waters (hijo de Roger) - teclados
Jon Carin - teclados, guitarras, programaciones y lap steel, voces, primera voz en 'Us & Them'.
Katie Kisson - voces, segunda voz en 'Mother'
P.P. Arnold - voces, primera voz en 'Perfect sense I y II'.
Carol Kenyon - voces, primera voz en 'The Great Gig in the Sky'.